Lema y recursos RIE-JER para el curso 2020-2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2020.

Embarcados en la misma aventura

En algunos países, los meses de septiembre y octubre son el tiempo de retomar el curso, después de los meses de verano. Y recomenzar nos abre siempre a la esperanza, que se despierta cada vez que emprendemos algo nuevo. Este año los miembros de la RIE y de la JER estamos invitados a profundizar en un aspecto concreto de nuestro carisma bajo el lema «¡Déjate sorprender!».


Para trabajar durante todo el próximo curso en torno a este lema se ofrecerán algunos materiales, adaptados a niños o jóvenes: una canción, carteles, campañas de Adviento y Cuaresma, materiales para la celebración del 4 de enero y 4 de marzo y campaña vocacional. Algunos de estos recursos ya se encuentran disponibles en la web de la RIE (rie.uner.org) o de la JER (jer.uner.org), otros se irán compartiendo a su debido tiempo.

El recorrido que se propone para este curso pastoral se abre a un proyecto más grande, que plantea la posibilidad de continuar a lo largo de los próximos años trabajando puntos claves de la espiritualidad eucarística reparadora. De esta forma, será posible profundizar en diferentes aspectos esenciales del carisma propio, centrándose cada curso en uno de ellos.

Maravillados y estupefactos
El Evangelio menciona con frecuencia el estupor que experimentaba la gente ante algunas acciones o palabras de Jesús. Así sucede por ejemplo después de la curación del paralítico que descienden desde el techo: «De modo que se pasmaron todos y dieron gloria a Dios, diciendo: “Jamás vimos cosa parecida”» (Mc 2,12); o también cuando, después de numerosas curaciones junto al lago, «la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel» (Mt 15,31). Los ejemplos podrían ser muy numerosos: «Y se maravillaban sobremanera» (Mc 7,37).

«Sus padres quedaron estupefactos» (Lc 8,56). «Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!» (Mc 1,27).

Además, muchas veces, después de la sorpresa asoma la pregunta ¿quién es este? :«¿Quién es este, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?» (Lc 8,25).

También nosotros queremos que, al mirar a Jesús, se despierte en cada uno ese asombro que nos lleve a preguntarnos: ¿quién es Él? ¿quién es Jesús para mí?

Del asombro a la fe y de la fe al asombro
¡Sí! También nosotros podemos realizar la experiencia de los contemporáneos de Jesús porque, como nos recuerda san Manuel González, el Evangelio tiene una perenne actualidad: «El Evangelio es el relato de una vida y de una doctrina, no solo de un Jesús que pasó, que hizo, que dijo…, sino de un Jesús que está viviendo en el cielo y en los Sagrarios de la tierra, en su Cuerpo místico, la Iglesia, y en el alma de los justos.» (OO.CC. I. n. 242).

Desde esta perspectiva, el encuentro con Jesús Eucaristía puede provocar en nosotros la misma experiencia de admiración que se narra en el Evangelio. Si lo pensamos despacio, la disposición a la sorpresa y el asombro pueden ayudarnos a renovar nuestra fe, y en particular, nuestra espiritualidad eucarística. Como afirma el papa Francisco:«Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina» (EG11).

El Magisterio de los últimos papas nos invita en muchas ocasiones a cultivar el asombro, en particular, ante el Misterio Eucarístico. Juan Pablo II nos recordaba: «Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal» (FR 4) y «este asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebración eucarística» (EdE 5).

Se nos invita constantemente a vivir y proclamar la fe eucarística desde la admiración y el agradecimiento. Nos dice Benedicto XVI: «¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro corazón el Misterio eucarístico!». Y esta actitud renueva al mismo tiempo el entusiasmo misionero: «Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos» (SC 1 y 6).

Por eso, el lema de este año, que nos llama a dejarnos sorprender, va estrechamente unido a la invitación a renovar nuestra fe eucarística y a vivir este tiempo, tan lleno de incertidumbre, como una oportunidad para abrirnos a todo aquello que el Señor nos tiene preparado, dispuestos a dejarnos sorprender.

Estímulo de gratitud
En efecto, cuando san Manuel medita acerca de la presencia eucarística de Jesús, y constata su desconocimiento y abandono, exclama con admiración: «¡Este amor no se parece a ningún otro amor!» (OO.CC. I, n. 17). Él no cesa de desafiarnos a romper la rutina y las dinámicas que nos llevan a acostumbrarnos a una verdad tan impresionante como la presencia viva de Jesús entre nosotros en la Eucaristía. Llama la atención la cantidad de veces que el asombro y la sorpresa asoman en su vocabulario. Nos hablan de un espíritu que se acercaba siempre al Evangelio y a la Eucaristía dispuesto a dejarse sorprender.

Nos invita una y otra vez a acercarnos con una mirada como la de los niños, abiertos a la novedad de Dios, dispuestos a adentrarnos en el «país de las divinas sorpresas» (OO.CC. I, n. 373).

Mª Cecilia Appendino Vanney, m.e.n. y Equipo internacional RIE-JER-PV
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo.

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