Historias de familia (septiembre 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2020.

Un sueño del año 12 y una realidad centenaria en el presente

Hace muy poco se abría el Año Jubilar en conmemoración del centenario de la fundación de las Marías Nazarenas, la actual congregación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Creo que es buen momento para recordar cómo y dónde fueron los primeros vislumbres de esta congregación fundada por san Manuel González con la misión y el carisma de evangelizar eucarísticamente el mundo.

Aunque una fundación siempre tiene una fecha de creación, porque la persona jurídica, de modo análogo a la persona física, debe tenerla igual que esta tiene siempre la de nacimiento, las fundaciones nunca se configuran en un día; y es que, siguiendo con la analogía, también las personas jurídicas, en este caso una congregación religiosa, tienen una fase de gestación, que será tan larga como Dios haya querido.

El celo por la Eucaristía que guio la vida de san Manuel González desde su experiencia en Palomares del Río tuvo un primer fruto en Huelva, en 1910, con la creación de las Marías de los Sagrarios, seguramente la más popular de las varias obras eucarísticas que puso en marcha. En la estadística sobre esta Obra, elaborada y publicada en 1936 (El Granito de Arena, 20/6/1936, n. 687, pp. 364-371), se señalaban que eran 109.382 las Marías contabilizadas entonces, y eso solo en España, pues los datos de los centros en el extranjero no habían llegado a tiempo de ser editados. Pues bien, cuando habían transcurrido poco más de dos años desde que las Marías empezaran su tarea, alentadas por el Arcipreste de Huelva, se produjo una curiosa reunión que dio lugar a que se publicase en El Granito de Arena, un artículo que contiene una pre–visión de lo que años, bastantes años, después, sería otra de las instituciones que fundó: la de la congregación primero denominada de las Marías Nazarenas, después –y ahora– las Misioneras Eucarísticas de Nazaret.

Me refiero al artículo titulado «Un sueño y una interviú» que, dividido en dos partes y con la firma «Una María de un pueblo», fue publicado en los números 123 y 124 de El Granito de Arena, los de fecha 5 y 20 de diciembre de 1912.

Lo primero que llama la atención es la explicación que antecede al propio texto del artículo, que dice así: «Ausente nuestro Arcipreste por encontrarse en la Ciudad Eterna, acompañando a nuestro amadísimo Prelado que va a recibir el capelo cardenalicio dando a conocer al Santo Padre la Obra de las Tres Marías y pidiéndole algunas gracias para la misma, aprovechamos su ausencia para publicar esta interesante interviú celebrada con él por la María que nos la remite». No deja de ser curiosa esta justificación, que parece dar a entender que lo que se publica es probable que no hubiera contado con el visto bueno del propio entrevistado, D. Manuel González.

En ausencia del entrevistado
Por otra parte, el contenido de este prefacio nos coloca en la tesitura de buscar un responsable de que esto se publicara, que bien podría ser D. Fernando Díaz de Gelo, que desde octubre de 1910 era coadjutor de la parroquia mayor de San Pedro de Huelva y el encargado en ausencia del arcipreste de toda la acción social que desde allí se desarrollaba.

Sin embargo, es fácil imaginar que D. Fernando se viera presionado por la propia autora a publicar aquel artículo, pues bajo aquel pseudónimo «Una María de un pueblo» se escondía una mujer de gran carácter y también fina inteligencia, caritativa y muy devota del Sagrado Corazón: Reposo de Sardi Mora. Había nacido en Valverde del Camino, un pueblo de la provincia de Huelva, en 1878 y en esa misma localidad murió en 1958.

Aficionada a la literatura, contaba con una importante biblioteca y tras enviudar, todavía joven, su hermana Caridad, hizo frecuentes viajes con ella. Todo esto le proporcionó un importante bagaje cultural que, unido a cierta gracia y facilidad para escribir, la convirtió en colaboradora de El correo de Andalucía, El Mensajero del Corazón de Jesús, y del propio Granito de Arena. En todos estos lugares publicaría firmando como María de Andalucía. Por la forma en la que manifiesta el interés por divulgar esa «exclusiva periodística» que había obtenido tras entrevistarse con el fundador de las Marías de los Sagrarios, no es de extrañar que fuera ella misma la que insistiera en su publicación, antes incluso que el Arcipreste pusiera algún reparo a su difusión.

Reposo nos introduce en el contexto en el que tiene lugar la entrevista, la «interviú» como ella decía, usando un término extranjero que entonces debía sonar muy moderno. De sus palabras entendemos que se encuentra en Valverde. Aquel lugar debió ser un poco la Betania de D. Manuel González. Allí la familia Mora o la de los Arrayas le abrirían sus puertas para que descansara y reflexionara, allí acudió varias veces cuando era arcipreste de Huelva y la última siendo ya obispo de Olimpo.

La familia Mora Moya
En la primavera de 1907, y con el fin de restablecerse de «un trancazo», D. Manuel pide permiso al arzobispo de Sevilla para pasar unos días con una buena familia de Valverde que le ofrecía hospitalidad. Se trataba de la familia de D. Rafael Cosme Mora Moya, que tenía una finca en el poblado de Candón. Primo de D. Rafael era el sacerdote D. Jesús de Mora, que había sido compañero de D. Manuel en el seminario y que compartió con él esas inquietudes de acción social del párroco. Nacido en Valverde en 1872 y ordenado en Sevilla en 1900, obtuvo en 1903 el doctorado en Teología; en 1905 fue destinado a Alájar (no creo que fuera casualidad que el segundo viaje de las Marías tuviera como destino esa localidad donde D. Jesús fue párroco), poco después se trasladaría a su pueblo natal, donde fue párroco hasta su muerte en 1948.

La familia de D. Rafael Mora, y por ende también la de D. Jesús, se hacía cargo de muchas de las necesidades materiales de la Iglesia de Valverde, muy especialmente de los cultos a la patrona, la Virgen del Reposo. Su hija, Josefa Mora Benítez, fallecida muy joven durante la epidemia de gripe de 1918, fue una entusiasta catequista y consta como María de los Sagrarios. Otra de sus hijas, Dolores, como después harían sus nietas, confeccionaron ropas litúrgicas, especialmente para reponer las incendiadas en 1936. Su hijo Ildefonso fue gran benefactor de las Hermanas de la Cruz.

Es muy probable que la «reunión familiar», en la que finalmente Reposo de Sardi pudo entrevistar a D. Manuel, tuviera lugar en el seno de esta familia. Cuenta Reposo que entre las personas que allí se encontraban había dos sacerdotes, seguramente D. Jesús y su hermano D. José Mª Mora, que también lo era. Más difícil sería localizar a las Marías asistentes, pero sabemos el nombre de varias mujeres de Valverde que lo eran ¿podrían haber sido ellas las testigos de aquella entrevista premonitoria?

Veamos. Hay que destacar en primer lugar, porque su recuerdo perdura en una calle que lleva su nombre en Valverde, el de Rosa Rite Ramos. Era María de los Sagrarios y colaboradora en las obras que puso en marcha D. Jesús. Debió ser una mujer con una especial capacidad para organizar actividades y también para darse a los demás. Puso en marcha desde grupos de teatro hasta una escuela nocturna para adultas, y siempre procurando extender la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Precisamente fue Rosa quien, con Dolores y Josefa Mora Benítez, y a solicitud del párroco D. Jesús Mora, tío además de estas dos últimas, formaría el grupo que empezó en 1910 a ir con regularidad hasta Alájar, donde crearon varios corros de niños para dar catequesis, como recordaba en 1981 a sus 86 años Reposo Navarro Arenas, una de aquellas niñas (cf. Francisco Arroyo Navarro, Historia de la Parroquia de Valverde del Camino, 1469-1950, p. 226).

Las Marías asistentes
Rosa Rite era en 1912 una mujer de 45 años y una de sus jóvenes colaboradoras en las obras benéficas de Valverde, con 23, era Rita Morián Domínguez. Era planchadora y dedicaba su tiempo libre a la catequesis de los niños y a trabajar en la escuela nocturna. Era una María activa y miembro de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Dios la llamó a su presencia el mayo de 1913, a los 24 años (cf. ibid., p. 345).

Por otra parte, igual que Rosa, su hermana Manuela Rite Ramos también tenía una especial devoción por el Sagrado Corazón, hasta el punto de que su padre le llamaba «mi Margarita Alacoque». Vicepresidenta de las Conferencias de san Vicente de Paúl en Valverde, y catequista, Manuela murió en febrero de 1916 (cf. ibid., p. 244).

¿Es posible que fueran estas las personas que conformaran el grupo, una docena, que interrogaron al Arcipreste en esa reunión en Valverde del Camino? Los dos sacerdotes bien podrían ser D. Jesús y D. José María. Sus sobrinas, las jóvenes Dolores y Josefa Mora Benítez, Rosa y Manuela Rite, quizás Rita Morián y, por supuesto, Reposo con su hermana Caridad, ¿podrían ser esas «cuatro Marías bisoñas… y dos o tres apenas iniciadas» a las que se alude?

Conocemos, por otra parte, el nombre de otras Marías de aquel pueblo, aunque en este caso el testimonio de sus nombres aparece en un documento de marzo de 1914, conservado en el Archivo Diocesano de Huelva, en el que Luisa del Villar, Reposo Arrayas y Bartolina Luque, solicitan, avaladas por los arciprestes de Huelva y de Valverde, ayuda para hacer una ermita en la aldea de «Montes de San Benito». Las firmantes –según aparece anotado en el documento– son tres señoras casadas y de buena posición económica. ¿Quizás alguna de ellas fuera una de esas «dos o tres madres de familia» asistentes que menciona la autora del artículo? Es curioso pues, a excepción de los sacerdotes, Reposo de Sardi, solo usa el masculino para referirse al resto de los presentes, a los que califica como «varios comparsas». Quizás con ello venga a denominar al propio D. Rafael, el padre de Josefa y Manuela, a su tío y padre de ambos sacerdotes, el juez Juan José Mora, que bien podría estar con Manuel, el más joven de sus doce hijos que siempre vivió con su hermano Jesús colaborando con él en sus obras de apostolado. En cualquier caso, aquellos hombres eran en aquel momento, al menos desde la óptica de la autora, personajes secundarios.

El punto de convergencia
Fueran o no estos los nombres de los reunidos, no es difícil imaginar la conversación distendida entre aquellas personas que, según palabras de quien la relatará, tenían «muy diferentes ocupaciones y preocupaciones» y que sin embargo convergían en un punto: tener amor a Dios Sacramentado hasta el punto de poder exclamar «aunque todos los demás te abandonen yo no te abandonaré» (El Granito de Arena, 5/12/1912, n. 123, p. 8).

Pero tras una pregunta llega un momento en el que el tono del interlocutor principal varía: «no nos contestó ya directamente, sino que con la cabeza echada atrás y la mirada en lejanías insondables». Sucedió al responder la que alguien le hizo acerca del papel de las Marías en un futuro. Ante la imprudente pregunta de qué sucedería con ellas cuando su fundador no estuviera animándolas, la contestación fue larga, pero comienza con una afirmación rotunda: «las Marías subsistirán porque han nacido en la ocasión precisa». A continuación, D. Manuel cita –sin mención expresa– a Jacinto Benavente, que en 1906 había estrenado la obra Más fuerte que el amor (que gira en torno a la compasión que una mujer siente por el hombre a quien cuida y que le reprocha que ame a otro) y lo hace porque quiere decirle a quienes le escuchan que «ha llegado la hora en la que el hombre se ha compadecido de Dios».

Esta seguridad en el fundamento de la obra que él como instrumento de Dios había puesto en marcha contrasta con la incerteza acerca de algunos aspectos que podrían ser importantes de ella y que en aquel momento D. Manuel manifestaba ignorar, sin que ello pareciera importarle demasiado; seguramente porque él ya conocía «los tiempos de Dios». «¿Dónde encontrar esas Marías? Él no lo sabe; pero cree firmemente que existen» escribe Reposo de Sardi quien, ante tanta duda, decide con gracia titular los parágrafos que siguen en su artículo con un misterioso «(…¿?…)».

Al final de la charla, en la que D. Manuel pormenorizó acerca del papel de esas Marías, que Cristo quería y necesitaba para su Iglesia, «el auditorio se había dividido». En efecto, al concluir su artículo, ya en el siguiente número de El Granito (20/12/1912, n. 124), la autora recoge las impresiones de los presentes tras escuchar al Arcipreste. No sabemos quiénes eran los que «movían negativamente la cabeza», o quiénes los que «querían proponer enmiendas y rectificaciones a aquel proyecto utópico». Sí sabemos que era una de las Marías la que permanecía «estática, con los ojos entornados, no se si para retener una visión o para ocultar sus lágrimas».

Transcurridos los años, alguien evoca en El Granito este artículo. Será en el número extraordinario de la revista editado con motivo del XXV aniversario de la fundación en Huelva de las Marías de los Sagrarios (5 y 20/3/1935, nn. 656- 657). El artículo titulado «Un sueño del año doce y una realidad del presente», comienza rememorando esta entrevista, continúa recordando cómo 18 años después en la Pascua de 1930 en Málaga se inaugura «Villa Nazaret» y acaba en 1935 identificando a aquellas Marías Nazarenas que vivían en la diócesis regida por el obispo Manuel González, con las que preveía en 1912 el Arcipreste de Huelva.

María [Thus] de Andalucía
En el texto del artículo en el número extraordinario se nos descubre el nombre de María de Andalucía como la autora de la interviú del año 1912, pero al mismo tiempo queda abierta una incógnita: la autoría del artículo de 1935. Aparece escrito por María Josefina Thus que no es una firma de las habituales en El Granito, donde es cierto que muchos de los colaboradores usaban pseudónimos, como era costumbre en la época. Mi teoría es que es la propia Reposo de Sardi quien se esconde tras este nombre, porque el estilo literario no difiere del de María de Andalucía y porque del contexto se desprende que se trata de una historia que ella empezó y que ahora quiere, y puede, acabar de contar. En cualquier caso, no es esta una cuestión importante, al contrario es muy secundaria, ante lo que resulta fundamental: que las palabras pronunciadas por san Manuel y recogidas en 1912, se hacen realidad, en 1921, en 1930, en 1935… y así sucesivamente hasta hoy, cuando con mucho gozo y esperanza, aun en medio de las dificultades generadas por la pandemia que vive el mundo en 2020, no solo sus hijas las religiosas Misioneras Eucarísticas de Nazaret sino toda la Familia Eucarística Reparadora celebran el centenario de su feliz existencia.

Aurora Mª López Medina
En memoria de D. Francisco Arroyo Navarro, Pbro.,
y agradecida a mi compañera Soledad Arroyo
y a sus tíos Pilar Arroyo Navarro y Georges Raillard,
que tuvieron la generosidad de regalarme un ejemplar
de su interesantísima Historia de Valverde del Camino
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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