Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (septiembre de 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2020.

Fuerte en la debilidad, humano,
divinamente enamorado

«Este librito, con el atrevimiento que dan las preferencias y distinciones del Corazón de Jesús en favor de lo menudo y humilde, se ofrece de guía para ese viaje y aspira, si no a enseñar todo lo que de admirable tiene el interior de ese bello país, por lo menos a meter ganas y a encender deseos de entrar, recorrerlo, admirarlo y… quedarse allí» (OO.CC. I nº 373). Con estas palabras invitaba san Manuel a la lectura de su libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario allá por el año 1925. Davinia López Picazo, a quien entrevistamos en esta ocasión, muchos años después de que san Manuel expresara así su deseo, providencialmente acogió la invitación de sumarse al viaje al país de las divinas sorpresas, y no solo se quedó allí, sino que también descubrió a un santo amigo que lo sería para siempre, don Manuel. Davinia tiene 39 años y es laica consagrada del instituto secular Servi Trinitatis. Nacida en Cuenca, actualmente vive en Madrid, donde trabaja como profesora de Religión en el IES Ciudad de Jaén.


Querida Davinia, en tu adolescencia san Manuel González entró en tu vida con mucha fuerza y se convirtió para ti en compañero de camino, ¿te gustaría contarnos cómo se dio ese proceso y cómo te ha ayudado, a su vez, a crecer en amistad con Jesús Eucaristía?
Mi relación con san Manuel González comenzó a través de una de sus obras y mi amistad con él se fortaleció con otra. Cuando yo tenía aproximadamente 16 años, una amiga me regaló el libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario. Con ella descubrí un maravilloso mundo de íntima relación con mi Jesús del Sagrario. En esa edad, Jesús Eucaristía ya se había convertido en mi confidente, en mi mejor Amigo, pero a partir de la lectura de ese libro, descubrí un poquito el Corazón abierto de Cristo y pude conocer sus divinas palabras y su cercanía inigualable.

Además, a pesar de que mi pueblo (Villanueva de la Jara, Cuenca) goza de una tradición religiosa profunda por la visita de santa Teresa hace cinco siglos, la asistencia a la Misa diaria y la visita al Sagrario, en esos años no eran muy habituales. Por aquél entonces el párroco permitía que mi madre tuviera las llaves de la iglesia, a la que yo asistía sola o con mi catequista (apóstol de la Eucaristía también para mí). Tener llaves de la iglesia me permitió pasar muchos ratos, e incluso horas, a solas ante el Sagrario, a veces con mi guitarra, hablándole de tú a Tú, con libro en mano o lágrimas en los ojos. Las palabras de don Manuel ponían nombre a lo que yo quería decir a Jesús y con su libro, escuchaba también respuestas. Considero que mi amistad con Cristo creció mucho en esos años de la mano de «mi obispo» como le llamé después. ¡Nunca olvidaré esos momentos!

Sabemos que has leído tres veces la biografía de san Manuel, el libro El obispo del Sagrario abandonado, ¿qué ha sido lo que te ha cautivado tanto para leerlo una y otra vez?
Efectivamente, es un libro que devoré, las tres veces lo leí con entusiasmo, admiración y agradecimiento, yo quería conocer al autor del libro Qué hace y qué dice, por eso llegué a él. Su ejemplo de vida me impactó. Sus palabras y hechos me hacían reír y llorar, sentirme comprendida y comprender, avivaban mi fe, me atraían y me acercaban a Jesús. Sus frases y jaculatorias se me grababan a fuego y me hacían vivir el amor a Jesús Eucaristía de forma palpable y concreta. Todavía recuerdo algunas como «Yo tuyísimo y tú miísimo» o «Las hostias no se quejan», también «Que en punto amor, ni Tú ni yo digamos basta» y la que siempre me asombra, que dice: «El Corazón de Jesús en el Sagrario me mira, me mira siempre, me mira en todas partes, me mira como si no tuviera que mirar a nadie más que a mí». Los juegos de palabras de san Manuel, sus anécdotas con los chaveítas, las dificultades pasadas, el celo apostólico y su trato de amistad con Jesús me mostraban a un santo fuerte en la debilidad, humano, divinamente enamorado y firme en la alegría de la fe. Me encantaban y me ayudaban su sentido del humor, su alegría, su paciencia e ingenio, su celo por las almas, por España y su pasión por Cristo y su Madre Inmaculada.

He visitado su sepulcro en muchas ocasiones y no deja de asombrarme el acto de amor y humildad de elegir ser enterrado debajo de un Sagrario. He visitado también Palomares del Río, lugar donde recibió la llamada dentro de la llamada descubriendo así su misión sacerdotal. Sus gestos sencillos de caridad al prójimo y su sensibilidad para ver las necesidades de los demás son para mí prueba visible de Evangelio en el siglo XX.

¿Quién es san Manuel hoy para ti?
San Manuel González es para mí un hermano mayor que ha llegado a la meta y me ha mostrado un camino de confianza y fe en la presencia de Jesús en la Eucaristía y un camino de caridad en las obras. Pido muchas veces su intercesión y le siento muy cercano.

Considero que sus enseñanzas y su estilo de vivir la santidad me han influido enormemente. A modo de ejemplo puedo decir que cada vez que viajo y conozco un nuevo Sagrario recuerdo su lección de hacerse pequeño para entrar por la cerradura del Sagrario para hacerle compañía y repito esta oración desde hace mucho tiempo. Su manera de entender al Abandonado del Sagrario me ha ayudado a comprender la soledad de Jesús y por tanto, me ha ayudado también a salir de la mía para estar con Él. Por todo…¡Gracias san Manuel!

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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