La FER en el mundo: Ayuda ante la pandemia

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2020.

Con ojos humedecidos de gratitud

Marzo de 2020 será un mes difícil de olvidar. No solo por las muertes y contagios de covid-19, que han sido, con mucho, la cara más trágica de esta pandemia que no parece querer abandonarnos tan pronto. Además del aspecto sanitario, el mundo entero comenzó a vivir tiempos de incertidumbre jamás vividos, sin saber qué podía ocurrir al día, a la hora, al minuto siguiente. Pero, curiosamente, desde marzo estamos viviendo situaciones jamás vistas en cuanto a solidaridad, entrega, ayuda y servicio. Manos tendidas surgiendo de los lugares más insospechados, mostrando caridad cristiana y solidaridad humana en cada rincón del mundo.

Contrariamente a lo que suele ocurrir, estas situaciones cargadas de amor y fraternidad (muchas veces gracias a la fe más o menos explícita de quienes se llaman creyentes o no creyentes) han llegado a las portadas de los periódicos. Los aplausos a las 8 de la tarde para agradecer el trabajo de los sanitarios o los esfuerzos para salvar la vida a una inmigrante trasladándola varios cientos de km en una ambulancia altamente medicalizada, son solo algunos ejemplos de noticias buenas y veraces que nos dejó el coronavirus a su paso por nuestro mundo de este siglo XXI.

Buenas noticias
Estas palabras, sin embargo, no pretenden repetir ni investigar lo rescatable de periódicos o redes sociales respecto a las buenas actitudes vividas en este tiempo. Su objetivo, más bien, es contar, en primera persona, algunas de esas noticias que no llegaron a la prensa ni a las redes, pero que son conmovedoras en su sencillez. Noticias que merecen un lugar destacado en El Granito de Arena, porque el Evangelio es Buena Noticia y porque la Eucaristía es acción de gracias. Ojalá estas palabras sirvan para que miremos a nuestro alrededor con ojos agradecidos y escrutadores del bien, capaces de encontrar la mirada amorosa de Dios en cuanto nos rodea. Como miembros de la Familia Eucarística Reparadora, si hemos contemplado tantas veces el rostro del Resucitado en el Sagrario, en el Pan, no debería sernos difícil descubrir la acción de su amor infinito en una mano tendida, en una lágrima que acompaña, en un guiño escondido tras una mascarilla. Estos pequeños gestos son los que queremos contar.

Eucaristía viva y en acción
Es sabido que el confinamiento decretado en la mayoría de los países donde residen los lectores de El Granito fue una ayuda eficaz par detener los contagios pero, simultáneamente, destruyó empleo y dejó a miles de familias en situaciones críticas. A las Misioneras Eucarísticas de varios países, que en situaciones normales ayudamos con alimentos (por ejemplo del Banco de Alimentos) a algunas familias más desfavorecidas, se nos pidió ayuda desde las instancias gubernamentales. A la comunidad de Nazarenas de Madrid (donde tiene su sede El Granito de Arena), por ejemplo, se le solicitó colaborar para repartir alimentos a algunas familias. Dado que se encuentra en una zona céntrica, se nos dijo que no serían demasiadas familias. Durante dos semanas se nos fueron enviando listas de familias para ayudar… superando las 100 al terminar el mes de abril. Se llegó a repartir alimentos a más de 500 personas. Afortunadamente (es también una buena noticia) en el reparto de junio algunas familias ya nos indican que han recuperado el trabajo y no necesitan esta ayuda, que se la demos a quienes están aún pasando por momentos más críticos.

El Banco de Alimentos contaba con decenas de colaboradores teletrabajando y organizando la distribución de alimentos. Una vez al mes nos traen alrededor de 700 kg de alimentos (por cierto, voluntarios que dedican horas de su trabajo para esta labor, sobre todo trabajadores de Amazon) y también vamos una vez a la semana a la sede del Banco a recoger alrededor de 600 kg de frutas y hortalizas para unir al reparto.

Mucho más
La velocidad y eficacia con que se organizó este despliegue es, de por sí, motivo de gratitud a Dios y a tantas personas que dan su tiempo y su dinero, pero es solo el principio. ¡Cuántas buenas noticias nos faltaban por ver aún! ¡Cuánta mano de Dios extendida desde los lugares más recónditos e inesperados!

A los pocos días de empezar a repartir esta ayuda excepcional, una hermana de la comunidad recibe una llamada en su móvil personal (aún no estamos seguras cómo fue la conexión) de una señora que le decía que con sus vecinas habían organizado un grupo para ayudar a quienes lo necesiten en el barrio… y que le pidiéramos lo que más se necesitara. La respuesta fue rápida como urgente la necesidad: ¡Leche! Al día siguiente recibimos más de 100 litros de leche para repartir entre las familias.

Aún así, las estanterías se vaciaban más rápido de lo que se podía reponer y, desde la comunidad, se decidió comprar los alimentos faltantes. Pero cuando Dios está empeñado en otra cosa, lo mejor es dejarlo actuar. Al regresar de la primera compra de leche, pasta y legumbres, una hermana de otra comunidad se había enterado, por un estado de WhatsApp, de la situación de tantas familias en Madrid. Primer ticket de la compra cubierto… y con creces. Al regresar de la segunda compra, nuevo donativo, esta vez de la familia de una hermana. Y tras la tercera compra, ¡un señor que llama por teléfono tras buscar nuestros datos en internet!

Ir al supermercado se transformaba en continua oración de acción de gracias ante el asombro por tanta gente deseosa de ayudar. ¡Si hasta una vecina, viendo la cantidad de leche que estaba comprando la hermana se dio cuenta que eso no era para nosotras sino para darla y se esperó, al terminar su compra, a ver a cuánto ascendía el ticket y, así, cubrir el importe de los 40 litros de leche que faltaban para el reparto del 10 de junio!

Y ni siquiera hizo falta seguir yendo de compras, porque al retomarse libremente las clases, el Colegio fray Luis de León (que está frente a este Nazaret) organizó recogida de alimentos que entregan a varias entidades de la zona. Conclusión: cada dos o tres días llegan entre 50 y 100 kg de alimentos (¡y ahora hasta elementos de higiene y limpieza!, que son especialmente agradecidos).

La guinda del postre
Podría hacerse un número especial de El Granito citando en detalle tanta acción de Dios en favor nuestro. Dejamos, sin embargo, una para el final que ha sido cronológicamente la última. No versa sobre grandes cantidades de dinero sino sobre corazones que saben descubrir ocasiones de hacer el bien a partir de las propios talentos, como aquellas industrias que comenzaron a fabricar mascarillas o respiradores cuando se vio detenida su producción normal.

Hace algunas semanas, en el Nazaret de Madrid necesitábamos repuestos de escurridores de fregonas. No habiéndolos encontrado en el supermercado, lo hallamos en internet, pero sin precio ni opción a compra on-line. Escribimos un mail consultando el precio y diez días después recibimos una amable respuesta donde se nos indicaba que era un mayorista y que solo realizaban envíos a partir de 1000€. Sin embargo, antes de la despedida nos consultaba («por el mail desde el que escribe») si éramos una entidad de beneficencia. Contestamos brevemente el mail diciendo que éramos una congregación que, temporalmente, a causa de la covid-19 estábamos ayudando a algunas familias pero que el pedido era para uso privado, no para entregar en los repartos. Al día siguiente, un mail tan escueto como amable (muy al estilo silencioso que tanto disfruta Dios) nos decía textualmente: «Buenos días Mónica. Si me facilita su dirección le enviamos las piezas sin coste alguno. Si hubiera algunos artículos que también le interese, dígamelo y los incluiremos en el mismo envío. Gracias, un saludo».

Si la gratitud había hecho asomar alguna lágrima de emoción y agradecimiento en el supermercado, también un mail, ¡y un cubo y una fregona!, pueden ser en estos tiempos de tanta presencia de Dios, ocasión de dar gracias, de orar y de interceder.

El coronavirus, en realidad, nos ha demostrado que el corazón del ser humano es, de por sí, sitio donde Dios puede habitar; más aún, sitio donde mora habitualmente. Posiblemente, por cada persona que infringía alguna norma, poniendo en riesgo la salud y la vida de otras, se contaban por decenas o cientos las que daban lo mejor de sí mismas, lo que tenían a mano, ¡aunque sea un cubo y una fregona! ¡Cuántos ejemplos de talentos puestos al servicio de los demás!

Y, es justo reconocerlo, los cristianos en primera línea. No es de extrañar. Quien se relaciona con Dios habitualmente, por la Comunión, la oración, la adoración o la vida cristiana coherente, se sentirá impulsado, de forma irresistible, a la caridad, a la ayuda, a la solidaridad. Sea exponiendo su vida de una forma casi martirial (como los médicos y enfermeros, aunque no solo ellos), sea poniendo al servicio los talentos de los que se saben depositarios (como los cientos de voluntarios, ya jubilados de sus trabajos, que hicieron posible por el teletrabajo la organización del Banco de Alimentos).

Deberes para el verano
Hemos vivido días muy particulares, atípicos, a veces agobiantes y de desconcierto. En muchos sitios no hemos podido asistir a Misa ni siquiera los domingos y esta prohibición perdura aún. Esta situación, incluso en su aspecto más dramático no nos ha alejado de Dios, sino que nos ha permitido buscarlo, encontrarlo y descubrirlo tan cercano como siempre, de maneras nuevas y, muchas veces, insospechadas.

¡Qué buen ejercicio para este verano sería ejercitarnos en abrir los ojos de la fe para descubrir la acción amorosa de Dios a nuestro lado! Sería exactamente lo que san Ignacio denominó su quinta semana de Ejercicios: descubrir en nuestro día a día, en nuestra cotidianeidad, al Dios que se nos regala en la Eucaristía, el Dios que nos oye y nos habla, el Dios de toda la eternidad.

¡Cuánto bien nos hará y cuánto bien podremos hacer si seguimos buscando incesantemente a este Dios que se esconde en el Pan y en el hermano, en las alegrías y en las penas! Que nuestra vivencia gozosa de la certeza de su presencia se transforme en consuelo de quien más lo necesita, en fortaleza para quien se siente vencido por el dolor y la injusticia.

Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *