Inolvidable peregrinación a Palencia

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2020.

Emotivo encuentro con san Manuel González

Sábado 7 de marzo. Radiante día de sol en la estación ferroviaria de Chamartín, en Madrid. Desde las 8.30 los pasajeros del tren que saldría rumbo a Palencia una hora más tarde fueron apareciendo en la estación. Serían 200 o 300. Algunos, sin embargo, lucían una sonrisa expectante que los diferenciaba del resto. Eran los casi 60 «amigos de san Manuel» que iniciaban su camino hasta la catedral donde reposan sus restos. ¡Tenían tanto que pedir, que conocer, que agradecer! Una aventura fantástica que ni la irrupción del coronavirus en la capital de España, pocas horas después, pudo borrar de sus mentes y sus corazones

La idea, que se materializó el primer sábado de marzo de 2020, en realidad había sido sembrada tímidamente muchos meses antes. En noviembre de 2018 un grupo de personas que tenían en común el sentirse «amigos de san Manuel» comenzaron a reunirse en el Nazaret de Madrid (en calle Tutor). En el primer encuentro fueron una docena aproximadamente. La mayoría habían asistido a la canonización de D. Manuel y tenían un especial cariño hacia el obispo del Sagrario abandonado. Entre ellos, Ramón y Marta, promotores de la iniciativa junto a la Hna. Mª del Valle, delegada general de la UNER. Ramón es hijo de Maricarmen Varela, quien fue curada milagrosamente por intercesión de san Manuel.

Con el paso del tiempo y sucesión de las reuniones, mes a mes, el grupo fue creciendo en cuanto a número de integrantes pero, sobre todo, respecto a la ilusión por conocer más a san Manuel, por acercarse más a Jesús Eucaristía y por vivir la compañía reparadora tal como él vivió y animó a vivir a tantas personas, miembros o no, de la gran Familia Eucarística.

¡Pasajeros al tren!
Los preparativos para esta peregrinación no fueron sencillos pero sí llenos de emoción y entusiasmo, como el estar varias horas comprando ofertas de billetes de tren para las personas interesadas en participar. Eran tantos que en casi todos los vagones del tren había algún grupo representativo de los «amigos de san Manuel». Además de los residentes en Madrid, en Palencia se unirían más personas. El buen tiempo ayudó a la puntualidad tanto en la salida desde Madrid como en la llegada a Palencia.

La primera actividad, nada más arribar, fue llegarse hasta la catedral, donde ya los estaba esperando la Hna. Ana Mª Palacios, m.e.n. Allí, tras un breve momento de oración ante la tumba de san Manuel, tuvo lugar la celebración eucarística, presidida por D. Javier Mairata, vicario general de la diócesis de Getafe.

Celebrar junto al «modelo de fe eucarística»
La Misa, siguiendo las indicaciones de la Conferencia Episcopal de días antes, tuvo ciertas peculiaridades, como la omisión del saludo de paz, en la intención de prevenir contagios de covid-19. La unión con Cristo y entre los hermanos fue, en cambio, de una especial intensidad.

¡Qué alegría poder celebrar, juntos, ante los restos de san Manuel, el misterio eucarístico que él enseña a valorar y vivir cada día con mayor entrega y profundidad! La alegría que desde un inicio se palpaba en los peregrinos se hizo voz atronadora, por ejemplo, en los cantos o en las respuestas.

D. Javier animó a todos, en la homilía, a caer en la cuenta de la importancia de ser depositarios de una Palabra de esperanza en nuestro mundo de hoy, tan proclive a llenarnos de palabras de miedo. Porque «amar al Señor es una elección personal» en la que es necesario profundizar cada día más. «Hoy hemos venido a que san Manuel nos lo enseñe, que nos ayude a entender más profundamente cómo vivir con Jesús, cómo estar con Él», añadió, para concluir: «Es curioso, yo no conozco a nadie que se haya convertido a la fe ante un Sagrario por lo bonito que era, pero conozco a muchos que sí lo han hecho ante un Sagrario abandonado, como san Manuel».

Tras concluir la celebración eucarística se rezó comunitariamente la novena a san Manuel, la misma que diariamente une a todos, incluso a la distancia, y hubo ocasión de sacar fotografías, cientos de ellas, en este lugar tan importante para cada uno de los participantes.

Compartir gracias
A continuación, el grupo se dirigió rápidamente a la casa de las Misioneras Eucarísticas de calle Santo Domingo, a pocos metros de la catedral, ya que allí los estaba esperando Mons. Manuel Herrero, obispo de Palencia. En un ambiente realmente fraternal, algunos de los presentes presentaron sus testimonios respecto a san Manuel, como el de Álvaro, que tras un accidente doméstico gravísimo con quemaduras en todo el cuerpo y que en un tiempo largo pero mucho más corto de lo que esperaban los médicos, pudo recuperarse y quería agradecer a san Manuel, personalmente, no solo su curación sino también su cercanía, que le había hecho redescubrir a Jesús y encontrar un nuevo sentido a su vida. También Ana, quien hace unos meses fue entrevistada por El Granito, contó de primera mano las múltiples casualidades y peripecias que le permitieron poner nombre a aquel «gordito feliz» que la venía acompañando desde hacía décadas. También la Hna. Ana Mª Palacios animó, con palabras cargadas de entusiasmo, a acercarse siempre a san Manuel, en los dolores y en las alegrías, ya que él sabe dar una palabra de sabiduría por su cercanía a Jesús Eucaristía. Finalmente D. Manuel agradeció a todos la presencia e hizo una invitación especial a profundizar en esta amistad con san Manuel que tanto bien hace y tanto necesita la Iglesia y el mundo entero.

Casi nadie había caído en la cuenta de que se había hecho la hora de comer y un par de autobuses llevó a todos los integrantes del grupo a la Casa de Espiritualidad Santa María de Nazaret (también de las Nazarenas) para comer y compartir un precioso momento de fraternidad. Allí los estaba esperando Oliva Díaz, presidenta de la UNER de Palencia.

San Manuel al vivo
Por la tarde aún quedaba una gran sorpresa: la visita al Museo de San Manuel. Nada más regresar de la comida (con unos diez o quince minutos de viaje-siesta que sentaron de lo mejor a todo el mundo) las Hnas. Ana Mª y Mónica Mª explicaron en detalle el Museo de San Manuel. Dadas las dimensiones del mismo y rozando el centenar de participantes, en primer lugar, con una serie de diapositivas se expuso todo aquello que, a continuación, pudieron visitar, contemplar y admirar en grupos más pequeños. ¡Qué emoción ver sus libros y hasta la sotana con la que tuvo que huir de Málaga! ¡Cuánto da que pensar contemplar su pluma, aquella que lo acompañó toda su vida y que tanto escribió! Al concluir la visita, que se pudo realizar sin prisas, se tuvo una emotiva oración final en la capilla de Nazaret, lugar que san Manuel conoció, pisó y agradeció, ya que, si bien con reformas, es la misma que él pudo contemplar al ser establecida como casa de las Nazarenas.

No faltó tiempo, además, tanto para dar algún presente a D. Javier (que pudo llevarse un centenar de folletos editados exclusivamente, con textos de san Manuel dedicados a los sacerdotes) y, también, para que los peregrinos pudieran recoger abundante material impreso (oraciones, folletos e incluso reliquias de tela).

Fue el broche de oro en el que las lágrimas de emoción fueron incontables: haberse encontrado con san Manuel, en familia y con tanta gente que comparte el mismo cariño hacia el obispo del Sagrario abandonado y concluir uniendo las voces y venerando su reliquia era una alegría más grande de la que muchos corazones suelen recibir.

A los pocos días, comenzaron las restricciones a la movilidad, la suspensión de clases y otras prohibiciones con el fin de detener el contagio de covid-19. Sin embargo, las emociones y las alegrías vividas aquel 7 de marzo (¡si hace ya más de tres meses!) aún perduran en los corazones de cada uno de estos felices peregrinos, cada día más «amigos de san Manuel». Más aún, es muy posible que los intensos momentos compartidos aquel primer sábado de marzo hayan sido los que, rumiados una y mil veces, los hayan ayudado a vivir con paz los duros momentos posteriores. ¡Gracias san Manuel por seguir acercando a todos al que es la fuente de la vida verdadera! San Manuel González, ruega por nosotros y por el mundo entero, sobre todo por quienes más están necesitados del amor de Aquel que da sentido a sus vidas.

Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.

Emoción e ilusión compartida
Palabras de bienvenida en la catedral de Palencia

Queridos peregrinos y amigos todos: ¡con qué alegría e ilusión estábamos esperando este día! Somos un grupo hetereogéneo y diverso. Muchos no nos conocíamos hasta hace un rato, y para algunos es tal vez una de las primeras aproximaciones a la figura de san Manuel González.

Los motivos personales para la peregrinación son diversos y la vivencia y espiritualidad de cada uno también, pero nos unen a todos unas grandes ganas de rezar ante la tumba de san Manuel; de conocer más su mensaje y figura y de conocer más a las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret, y al resto de su Obra carismática. También nos une un gran deseo de dar gracias, de hacer peticiones, de tener presentes a muchos ausentes, de preguntarnos: Señor, ¿qué quieres de mí?

Estoy convencido que será también un encuentro de gran espiritualidad y alegría fraterna. Muchas semillas se plantarán hoy. En otros germinará una semilla ya plantada, y para el resto, nos ha de servir para fortalecer el tronco.

La Hna. María del Valle nos lanzaba el otro día un gran reto: «el grupo de los amigos de san Manuel González debe ser, más bien, una antesala para algo más. Debemos avanzar, profundizar y asumir un mayor compromiso».

¿Cómo ha de ser este camino, esta evolución? ¿A dónde nos hemos de dirigir? No lo sabemos. Y seguro que para cada uno será de una forma distinta. Pero no han de importarnos estas dudas o incertidumbres. Ahí está el Espíritu Santo y san Manuel, que nos guiarán y nos ayudarán a encontrar el camino y nuestra misión, nuestro compromiso.

Pongámonos con toda nuestra entrega en sus manos, a su disposición. Seamos valientes. No nos preocupemos por el mañana. El hoy es lo importante. Y el hoy es que un numeroso grupo hemos venido aquí, juntos, ante su tumba, situada debajo de un Sagrario, a rezar, a pedir la intercesión de nuestro tan querido san Manuel, a llenarnos de él y de nuestro Señor Jesucristo, en la Eucaristía. Juntos todos, unidos vía Sagrario. ¿Qué más podemos pedir? Y a partir de ahí, confiemos en el Señor, ofrezcamos nuestros actos y obras y, sobre todo, dejémonos guiar por Él. Hemos de ser misioneros, misioneros eucarísticos, y hoy es una magnífica oportunidad para llenar nuestros corazones. Porque llenos, daremos todo.

Ramón Carballás Varela
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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