Cordialmente, una carta para ti (julio-agosto 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2020.

Triste adiós a los abuelos

Estimado lector: Es mi sincero deseo que, a causa del coronavirus, no hayas tenido que lamentar la pérdida de algún abuelo o abuela de tu familia. Si no has sufrido tal pérdida, considérate afortunado porque han sido miles y miles (se tardará mucho en conocer el número exacto) de abuelos y abuelas que han perdido la vida por culpa de la pandemia que aún padecemos en el momento en que te escribo. Parece como si el coronavirus se hubiese querido ensañar con los ancianos, aunque quizá haya sido porque eran los más débiles, los más vulnerables, los más indefensos.

En cualquier caso, es lo cierto que no lo merecían. Fue una generación sufrida y abnegada al haberle tocado vivir la II Guerra Mundial y también nuestra Guerra Civil, si pensamos en los abuelos españoles. Como consecuencia, fue una generación (yo pertenezco a ella) que pasó muchas privaciones y calamidades. En España, ante las serias dificultades económicas que causó la guerra y la larga postguerra, los padres de familia tenían que desempeñar varios trabajos en distintos lugares, porque los salarios eran muy bajos y muchas las necesidades. Los abuelos y abuelas que ahora se fueron para siempre encontraron de todo en la vida, excepto facilidades y comodidades.

Algo ha fallado
Muchos de los abuelos fallecidos se encontraban en residencias para la tercera edad. Algo ha fallado en estas residencias cuando se registraron tantas muertes. Y lo más triste fue que, para evitar contagios, se les dejó morir solos, sin la compañía de sus seres queridos, sin un beso ni un abrazo de despedida, sin un adiós cercano… Murieron en la más absoluta soledad.

Pero, con ser esto muy triste, no fue lo peor. Mucho más triste es que haya familias que en estos momentos aún no saben dónde fueron enterrados sus abuelos, ni tampoco saben cuándo les entregarán las cenizas de los que fueron incinerados… A la tristeza de la muerte se ha unido la angustia de la incertidumbre… ¿Cabe mayor desesperación?

Benedicto XVI y Francisco
En muchos casos, apreciado lector, la pandemia del coronavirus puso fin a la soledad o al «aparcamiento» de miles de abuelos. Todos sabemos que en el mundo de hoy son muchos los ancianos que sufren en sus domicilios la amargura de la soledad o que están «aparcados» en las residencias para la tercera edad. Benedicto XVI en su célebre discurso Los abuelos, testigos de unidad, pronunciado el día 5 de abril de 2008, ya se había referido a esta triste realidad. Dijo en aquella ocasión: «Hoy, la evolución económica y social ha producido profundos cambios en la vida de las familias. Los ancianos, entre los cuales figuran muchos abuelos, se han encontrado en una especie de zona de aparcamiento. Algunos se sienten como una carga en la familia y prefieren vivir solos o en residencias para ancianos»… Amargas palabras para una más amarga realidad. Por su parte, el papa Francisco también hizo referencia a este hecho. Fue el día 28 de septiembre de 2014, ante los numerosos abuelos que llenaban la Plaza de San Pedro, cuando afirmó: «Pero existe también la realidad del abandono de los ancianos: ¡cuántas veces se descartan los ancianos con actitudes de abandono que son una auténtica eutanasia a escondidas! Es el efecto de esa cultura del descarte que hace mucho mal a nuestro mundo». Una cultura, estimado lector, que abandona a quienes lo dieron todo por sus hijos y nietos… Una cultura que olvida a los más necesitados de ayuda y de cariño… ¡Cuánta injusticia se viene cometiendo con los ancianos!

Acompañar con la oración
¡Cómo se echarán en falta todos esos abuelos y abuelas que se fueron para siempre! ¡Cuántos hijos y nietos sentirán la amargura de haberse quedado huérfanos! ¡Cuántos inútiles arrepentimientos por no haberles dado las atenciones y el cariño que esperaban y que merecían! ¡Cuántos remordimientos de conciencia se podían haber evitado, solamente con haber sido más cercanos, más humanos, más cristianos! Dios quiera que lo sucedido con esta pandemia sirva de lección para que no haya más ancianos abandonados, ni más abuelos víctimas de la cruel cultura del descarte.

Te pido, amigo lector, que cuando hayas terminado de leer esta carta reces una oración por el eterno descanso de todos los abuelos y abuelas que fallecieron víctimas del coronavirus. Puedes estar seguro de que tu oración no caerá en el olvido.

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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