La liturgia, encuentro con Cristo (junio 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2020.

Gaudí, el amigo de la liturgia sacra

Gaudí nació y murió en un mes de junio (1852–1926). Su familia y la naturaleza fueron las primeras escuelas de este catalán universal; ambas, darían grandes frutos en su obra arquitectónica: siete de sus obras han sido declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad. San Manuel González lo conoció, admiró profundamente y dijo de él: «hizo de su arte genial el más fiel y devoto servidor de la liturgia» (OO.CC., III, 5175).

Todo fue fruto de un encuentro que el santo obispo nunca olvidaría por eso presentará la obra artística de Gaudí –con su dimensión espiritual– en su ensayo Arte y Liturgia (cf. OO.CC. III, nn. 5176-5188). Cuando el insigne arquitecto aceptó el encargo de dirigir la construcción del gran templo expiatorio, dice san Manuel: «no sabía absolutamente nada de liturgia, desgracia común en aquellos tiempos de 1883, en los que las más de las veces cada cual celebraba los cultos con el esplendor que le sugería la fantasía, olvidada la liturgia que aquí y en casi todas partes no era ni enseñada. Sintió Gaudí en seguida el peso de su responsabilidad en la dirección. No fió únicamente de su gusto y conocimientos técnicos, sino que sintió dentro de sí que una iglesia no es sólo una obra de arte. Pidió consejo, y lo obtuvo feliz. “Lea usted el Año Cristiano y allí encontrará el ciclo del año eclesiástico”. Este fue el primer paso. Y lo dio seguro, porque, además, miró atentamente las viejas basílicas y sus ojos y su mente se fijaron en el proceso evolutivo del Altar.

En la rápida construcción de la cripta, especialmente la habilitación de la capilla de san José, a fin de poderse celebrar en ella el santo Sacrificio de la Misa, se nota ya la primera influencia y la directriz para tiempos posteriores […]. Algunas de las cristaleras de los ventanales evocan los ángeles del Paraíso y entonan el Sanctus, Sanctus, Sanctus. Por fin, el hermosísimo dibujo del mosaico romano del pavimento es una alegoría de la Eucaristía. Con haber símbolos e indicaciones, no hay profusión de unos ni otras» (OO.CC. III, n. 5176).

Hombre de frontera…
Antoni Gaudí i Cornet nació el 25 de junio de 1852 en el Camp de Tarragona; fue bautizado en Reus. Aprendió de su familia de caldereros el trabajo en los espacios en tres dimensiones. En los tiempos de la Revolución Gloriosa de 1868 se traslada a Barcelona donde, con el tiempo, ingresaría en la Escuela Provincial de Arquitectura. La amistad con el industrial Eusebi Güell i Bacigalupi (1878) marcaría su vida. Gaudí fue un inconformista en los años de la Reinaxença pero, en la última década del siglo XIX, cuando completó el Palacio Güell, tenía ya un gran renombre en la Ciudad Condal. Con esta obra, el arquitecto cerraba su etapa de los neos (gótico y mudéjar), en la que se incluyen edificios como la Casa Vicens, El Capricho de Comillas (Cantabria), los pabellones de la Finca Güell, la cripta de la Sagrada Familia, el Colegio de las Teresianas o el Palacio Episcopal de Astorga.

San Manuel dibuja en trazos diestros cómo los diversos encuentros marcan la vida del arquitecto: «Pocos años después de la muerte del Obispo de Astorga, otro insigne Obispo, el de Mallorca, doctor Campins, le llama a su palacio y allí le retiene mientras Gaudí restaura febrilmente la obra magnífica que es la catedral de Palma. Gaudí se encuentra a pleno gusto en su elemento. […] Dios le hace en el ilustrísimo Campins el don precioso de un enamorado de la liturgia y cumplidor estricto de sus preceptos» (OO.CC. III, n. 5178).

… y de fe eclesial
A partir de 1890, época de madurez, Gaudí muestra un dominio del espacio –con el paraboloide hiperbólico– hasta convertir su obra en algo único y personal; lo muestra en la Torre Bellesguard (Bella Vista), el parque Güell, la restauración de la catedral de Mallorca, la iglesia de la Colonia Güell, la Casa Batlló, La Pedrera (Casa Milá) y la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia. Ese momento de esplendor coincide con un profundo cambio de vida manifestado en la vuelta a Dios: vida interior, lectura de la Palabra de Dios, participación diaria en la Eucaristía, ayuno y pobreza.

Participa en un curso sobre canto gregoriano con el P. Suñol (1916) y sigue atentamente el Movimiento Litúrgico alentado por el papa Pío X. La lectura en francés de la obra litúrgica del benedictino dom Guéranger hace mella en él: «Gaudí está en su camino: se le han señalado los apoyos seguros: las rúbricas del “Misal romano” y las rúbricas del “Ceremonial de Obispos”. Con su lectura ha venido la lectura reiterada de los Evangelios y del salterio, las Misas de todo el año, las prescripciones de la Santa Sede, el estudio propio de las basílicas. Puede decirse que Gaudí se ha saturado de ciencia litúrgica bebida únicamente en las primeras fuentes, las que manan el agua de vida» (OO.CC. III, n. 5179).

El Templo expiatorio
En 1914 abandonó todas las obras para concentrarse en el proyecto de la Sagrada Familia, consciente de que no lo vería completado. «En aquellos años de Astorga y Mallorca, la mente de Gaudí concibe la fachada del nacimiento. Las aristas del ábside han desaparecido; los grandes muros del ábside han desaparecido también. La naturaleza alabando a su Creador que en el salterio canta himnos de júbilo y de gracias lo cubre y lo llena todo, dando acogida a mil símbolos, a mil personajes, a mil anagramas que permiten contemplar en aquellas puertas los misterios de la fe, de la esperanza y de la caridad, los misterios del Rosario, los pasos de los siete dolores y gozos, el proceso de la glorificación de María, la sangre divina extendiéndose por todo el mundo, este himno único en su concepción y en su desarrollo, que se alza en el azul de los cielos, anticipando ya en la tierra el canto del paraíso, el Sanctus, Sanctus, Sanctus, Hosanna in excelsis, que repite en las grandes torres de los campanarios coronados por la cruz y hace exclamar al Nuncio del Papa: “Sois el Dante de la arquitectura”; y la réplica inmediata de Gaudí: “¿Y quién no es poeta en compañía de la Iglesia?”» (OO.CC. III, n. 5180). En su «catedral de los pobres», una sinfonía de piedra, color y luz, toda la atención del corazón converge hacia el altar (cf. OO.CC. III, n. 5187). El templo expiatorio sería consagrado por el papa Benedicto XVI en noviembre de 2010.

Entrega a Dios
El arquitecto «de la curva catenaria» y el obispo «del Sagrario abandonado» se habían encontrado en Barcelona. Allí D. Manuel constata que los enemigos de Gaudí son los suyos: la comodidad pastoral, la falta de formación y el desprecio por la liturgia (cf. OO.CC. III, n, 5186). Contra ellos estará en guardia todos los días de su entregada vida. En el mes de junio de 1926, el genio creador fue atropellado por un tranvía en el centro de Barcelona cuando acudía a rezar a San Felipe Neri. Indocumentado es trasladado a un hospital de pobres; encontraron en el bolsillo de su chaqueta un ejemplar de los Evangelios. El 10 de junio, con 74 años, moría al compás de las letanías por los agonizantes (cf. OO.CC. III, n. 5188). Tras un multitudinario funeral su cuerpo fue sepultado en la cripta de la inconclusa basílica.

Menospreciado por los que reclamaban la vuelta a los cánones clásicos fue conmemorado por el obispo de Palencia. Su ensayo divulgativo de espiritualidad y pastoral Arte y Liturgia (1938) reivindicará la figura de aquel inconformista de frontera.

Manuel G. López-Corps, Pbro.
Publicado en El Granito de Arena, La liturgia.

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