Cordialmente, una carta para ti (abril 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abrilde 2020.

Semana Santa y Simón de Cirene

Apreciado lector: En la carta de hoy te contaré algo que observé hace unos días. Entré por la mañana en una céntrica cafetería; elegí una mesa situada junto a un amplio ventanal, que daba a una calle por la que circulaba bastante gente. Cuando se acercó el camarero le pedí un café con leche y unas tostadas de pan con aceite de oliva, mi desayuno habitual. Mientras me lo servía me dediqué a observar el ir y venir de las personas que deambulaban por la calle.


Apreciado lector: Nunca te dije que cuando llega Semana Santa suele acudir a mi memoria el recuerdo de Simón, aquel campesino oriundo de la antigua ciudad de Cirene, situada en África, en la actual Libia, y que se había trasladado a Jerusalén. Regresaba de trabajar la tierra cuando se encontró con la comitiva que conducía a Jesús de Nazaret hacia el Calvario… ¿Encuentro casual o designios del Altísimo?

Jesús acababa de ser azotado, escupido y escarnecido por los soldados. Le acababan de torturar cruelmente y ahora tenía que cargar con la cruz en la que iba a ser crucificado… Estaba agotado, caído en tierra, sin fuerzas para continuar. Ante esta situación, los soldados romanos echaron mano del primero que pasaba por allí. Era Simón de Cirene, el Cireneo, un humilde agricultor que regresaba del campo con sus hijos.

De esta manera Simón se convirtió en una figura importante en la Pasión de Cristo, al cargar con la cruz que Él llevaba. Cierto que no lo hizo voluntariamente, sino que fue obligado por los soldados. Pero, aun así, la verdad es que desempeñó un papel destacado en la Pasión del Señor al ayudarle, al reemplazarle de algún modo y hacer posible que llegase con vida al Calvario. Podía alegar que venía cansado de trabajar, que no tenía fuerzas para cargar con aquel pesado madero; sin embargo, se resignó y aceptó el duro trabajo que los soldados le imponían… Sí, hubo resignación y también compasión en el Cireneo.

Pese a lo anterior, llama la atención el hecho de que en los Evangelios o no se menciona para nada a Simón de Cirene, como es el caso de san Juan, o se menciona muy de pasada, como hacen los otros tres evangelistas. Así, san Mateo únicamente dice: «Al salir encontraron a un hombre de Cirene, de nombre Simón, al cual requirieron para que llevase la cruz» (27,32). Es todo lo que dice sobre aquel episodio que tuvo lugar cuando Jesús, sin fuerzas, caído en tierra y extenuado fue ayudado por Simón.

Por su parte, san Marcos, después de haber narrado la agonía de Jesús en Getsemaní, su apresamiento y comparecencias ante el Sanedrín y ante Pilato, añade lo siguiente: «Le sacaron para crucificarle, y requisaron a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, para que tomara la cruz» (15,20-21). Por lo que respecta al Evangelio de san Lucas, dice casi lo mismo que el de san Marcos, aunque omitiendo que Simón tenía dos hijos: «Cuando le llevaban echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús» (23,26-27). Por último, estimado lector, san Juan narra la Pasión de Jesús, pero nada dice sobre aquel episodio. Ciertamente, el Cireneo pasó por los Evangelios como una estrella fugaz, pero dejando una luminosa estela de humanidad.

Maestro de caridad
Simón de Cirene nos dio a todos una gran lección. Fue una lección de caridad, de amor, de ayuda al necesitado. A pesar de que fue obligado, ¡con qué ojos de agradecimiento le miraría Jesús, caído en tierra y sin fuerzas para continuar!… El Cireneo carga con la cruz; Jesús, ensangrentado y agotado, camina delante de él… ¡Qué imagen tan cruel, pero al mismo tiempo tan llena de caridad, de ternura y de aceptación!… El Salvador sabe que no habrá perdón, que lo crucificarán en cuanto llegue al Calvario. Pero también sabe que, gracias a Simón, podrá llegar con vida para consumar desde el árbol de la cruz la redención del género humano. El Cireneo cumplió, pues, una misión muy importante en los planes del Altísimo… Nada fue por casualidad.

Sería deseable, amigo lector, que cada Semana Santa recordásemos a Simón de Cirene. Sería deseable que siguiésemos su ejemplo y que echásemos una mano a quien no puede con su cruz. Sería maravilloso que le ayudásemos a seguir caminando. No importa que no le conozcamos, que no sepamos su nombre; no importa su ideología, ni tampoco importa el color de su piel… Es muy probable que Simón tampoco conociera a Jesús.

El ejemplo del Cireneo no debe ser olvidado por nadie, y menos por un cristiano. Pero así como él ayudó al Nazareno porque le obligaron los soldados, nosotros debemos hacerlo por propia voluntad, sin que nadie nos obligue. Ayudaríamos a otro a que pueda seguir caminando, simplemente, porque queremos ayudarle. Lo haríamos por amor a Dios y por amor al prójimo en un mundo en el que otros siembran odio. Nuestra buena obra, amigo lector, será tenida en cuenta. No lo dudes. Como bien dice Eugenio D’Ors: «Todo pasa. Una sola cosa te será contada: tu obra bien hecha».

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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