Exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2020.

Un sueño social, cultural, ecológico y eclesial

Durante el mes de octubre de 2019 se celebró en Roma la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica. Los participantes vivieron jornadas intensas de escucha, diálogo y elaboración de propuestas, que entregaron al santo padre.

El pasado 12 de febrero, el papa Francisco hizo pública la exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia, fruto de dicha asamblea. Durante la presentación de este documento pontificio, en la Sala de prensa de la Santa Sede, entre otras cosas, se destacó lo siguiente:

El Card. Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, afirmó que «no faltaron durante la fase de celebración del Sínodo varias intervenciones del papa Francisco, que ofreció reflexiones significativas para el debate sinodal […]. En su discurso de clausura, retomó los contenidos que surgieron de la Asamblea colocándolos en cuatro diagnósticos: el cultural, que incluye la inculturación y la interculturalidad de los pueblos amazónicos; el ecológico, según una perspectiva integral que responde a la denuncia de la destrucción de la creación, de la cual la Amazonia es uno de los puntos más importantes; el social, que implica no solo la explotación de la creación sino también de los pueblos junto con la destrucción de la identidad cultural; y finalmente el pastoral, el principal, ya que el anuncio del Evangelio es urgente, pero lo importante es que sea escuchado, asimilado y comprendido por las diferentes culturas en el suelo amazónico».

Aplicar el trabajo sinodal
A continuación el Card. Michael Czerny, s.j., del Dicasterio para el Servicio del desarrollo humano integral dijo que «la exhortación comienza con “Querida Amazonia”, como una carta, una carta de amor. En su corazón está el amor del papa Francisco por la Amazonia y sus diferentes pueblos, su amor por el mundo y toda su gente. Y al leerla se percibe esta verdad: “Solo lo que es amado puede ser salvado. Solo lo que se abraza puede ser transformado” (Discurso en la Vigilia con los jóvenes, 26/01/2019) […] El papa insta a la Iglesia a un compromiso misionero renovado e innovador para acompañar al pueblo de la Amazonia en todos los desafíos significativos que enfrentan. Pide a toda la Iglesia en la Amazonia que «se esfuerce por aplicar» el trabajo sinodal».

Luz en el camino
También estaba presente Mons. David Martínez de Aguirre, o.p., obispo del Vicariato apostólico de Puerto Maldonado: «Hoy el papa Francisco, fruto de todo el proceso sinodal, nos regala esta exhortación: Querida Amazonia. El título ya es un reflejo del corazón del papa, que muestra un profundo amor por este territorio tan particular y por sus pueblos. La exhortación es un poema de amor proclamado a toda la Iglesia universal y a todas las personas de buena voluntad. Un poema que llora por los crímenes e injusticias, y que se maravilla contemplando la hermosura de estas selvas y sus habitantes.

El papa, una vez más, no nos ofrece una meta. Quiere ser luz en un camino que continúa. La exhortación, que se complementa con el Documento final, genera procesos. Anima a trascender las tensiones y a seguir buscando nuevos caminos de consenso para encontrarnos con Cristo, que nos hace soñar con su Reino presente en lo social, en las culturas, en la ecología y en la Iglesia.

Gracias, papa Francisco, por el ánimo y el impulso que nos da. Su exhortación Querida Amazonia, nos hace sentir más de cerca el amor de Cristo y de la Iglesia, y nos impulsa a asumir el gran reto que tenemos de estar cerca de los más vulnerables y con ellos cuidar de nuestro planeta».

Tender puentes
Este documento pontificio no es un texto más del papa. Es expresión de la Iglesia–madre siempre en camino junto a sus hijos. Y como madre, continuamente busca el modo más adecuado para depositar el Evangelio de Jesucristo en el corazón de cada persona en su contexto particular.

El espacio no permite detenernos aquí en cada uno de sus capítulos, evocados en el título de este artículo. Recojo algunos párrafos que nos permiten asomarnos a su contenido: «Cristo redimió al ser humano entero y quiere recomponer en cada uno su capacidad de relación con los otros. El Evangelio propone la caridad divina que brota del Corazón de Cristo y que genera una búsqueda de justicia que es inseparablemente un canto de fraternidad y de solidaridad, un estímulo para la cultura del encuentro» (n. 22).

«Desde nuestras raíces nos sentamos a la mesa común, lugar de conversación y de esperanzas compartidas. De ese modo la diferencia, que puede ser una bandera o una frontera, se transforma en un puente. La identidad y el diálogo no son enemigos. La propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor» (n. 37).

«Una ecología integral no se conforma con ajustar cuestiones técnicas o con decisiones políticas, jurídicas y sociales. La gran ecología siempre incorpora un aspecto educativo que provoca el desarrollo de nuevos hábitos en las personas y en los grupos humanos […] No habrá una ecología sana y sustentable, capaz de transformar algo, si no cambian las personas, si no se las estimula a optar por otro estilo de vida, menos voraz, más sereno, más respetuoso, menos ansioso, más fraterno» (n. 58).

«Frente a tantas necesidades y angustias que claman desde el corazón de la Amazonia, podemos responder a partir de organizaciones sociales, recursos técnicos, espacios de debate, programas políticos, y todo eso puede ser parte de la solución.

Pero los cristianos no renunciamos a la propuesta de fe que recibimos del Evangelio. Si bien queremos luchar con todos, codo a codo, no nos avergonzamos de Jesucristo. Para quienes se han encontrado con Él, viven en su amistad y se identifican con su mensaje, es inevitable hablar de Él y acercar a los demás su propuesta de vida nueva: “¡Ay de mí si no evangelizo!” (1Co 9,16)» (n. 62).

«En la Eucaristía, Dios “en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia […] [Ella] une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado” (LS 236). Por esa razón puede ser “motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado” (ib.). Así “no escapamos del mundo ni negamos la naturaleza cuando queremos encontrarnos con Dios” (ib., 235).

Esto nos permite recoger en la liturgia muchos elementos propios de la experiencia de los indígenas en su íntimo contacto con la naturaleza y estimular expresiones autóctonas en cantos, danzas, ritos, gestos y símbolos. Ya el Concilio Vaticano II había pedido este esfuerzo de inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas (cf. SC 37-40, 65, 77, 81)» (n. 82).

«La Eucaristía es el gran sacramento que significa y realiza la unidad de la Iglesia (cf. LG 3), y se celebra “para que de extraños, dispersos e indiferentes unos a otros, lleguemos a ser unidos, iguales y amigos” (S. Pablo VI, Homilía, 17/06/1965). Quien preside la Eucaristía debe cuidar la comunión, que no es una unidad empobrecida, sino que acoge la múltiple riqueza de dones y carismas que el Espíritu derrama en la comunidad.

Por lo tanto, la Eucaristía, como fuente y culmen, reclama el desarrollo de esa multiforme riqueza. Se necesitan sacerdotes, pero esto no excluye que ordinariamente los diáconos permanentes, las religiosas y los mismos laicos asuman responsabilidades importantes para el crecimiento de las comunidades y que maduren en el ejercicio de esas funciones gracias a un acompañamiento adecuado» (nn. 91-92).

Ana Mª Fernández, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Iglesia hoy.

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