Editorial (marzo 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2020.

El más elocuente de todos los silencios

No ocurre así todos los años, pero en este 2020, marzo aparece todo él vestido de Cuaresma ya que desde el 26 de febrero (miércoles de cenizas) hasta la tarde del sábado 11 de abril la Iglesia universal celebra este tiempo de gracia que Dios nos regala.

Como todos los años, el papa nos hace llegar sus palabras de aliento y de guía para vivir este tiempo con mayor provecho y cercanía a Jesús. En las páginas siguientes ofrecemos el texto completo de su Mensaje para la Cuaresma 2020.

Litúrgicamente el cambio es notorio. El martes 25 de febrero, además, coincidió con un nuevo aniversario del nacimiento de san Manuel González, fundador de la Familia Eucarística Reparadora y en muchas Misas se tuvo un recuerdo especial para él. El miércoles 26, en cambio, la sobriedad en adornos y cantos, junto con la imposición de las cenizas, fueron la marca distintiva de un nuevo tiempo dentro del ciclo litúrgico.

Los cristianos, sin embargo, con demasiada frecuencia somos tentados por el demonio de la rutina, ese que nos hace decir «otra vez la Cuaresma» o pensar «ya me lo sé de memoria» o, peor aún, ni pensar ni decir, pero tener íntima convicción de que es otra Cuaresma más y no ser ya capaces de poner en movimiento nuestro espíritu porque «¡si hasta las lecturas me las sé de memoria!»

El papa comienza su Mensaje con una paternal admonición a este respecto: «El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús». En efecto, una vez más celebraremos la Cuaresma, sin embargo, la piedra de toque, el elemento que hará que todo sea nuevo, es el corazón «renovado». ¿Quién podrá crear en nosotros un corazón nuevo sino Aquel que exclama «hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5)?

Quizás pensamos que la Cuaresma es un tiempo en el que nos sentimos movidos –u obligados, en el peor de los casos– a realizar una serie de acciones, prácticas, penitencias… ¿No será, quizás, que la Cuaresma es, sobre todo, el momento de Dios, el tiempo propicio para mostrar su rostro más hermoso y trágico: el del amor gratuito entregado sin reservas? ¿No es ese el misterio central de nuestra fe?: Dios que se entrega a sí mismo en una cruz para gritar con el mayor de los silencios, el de la muerte, que la vida es más fuerte, que el amor es capaz de vencer todos los miedos y todos los males.

Si algo caracteriza al tiempo de Cuaresma, si algo se nos pide, es tener el oído y el corazón abiertos para poder oír a este Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que han enloquecido de amor por cada una de sus criaturas. ¡Son tantas las palabras que escuchamos y leemos! ¡Son tantos los mensajes verdaderos y falsos, amables o desagradables que recibimos cada día! Sin embargo, la voz de Dios nunca calla, siempre está pronunciando su «eres valioso a mis ojos y yo te amo» (Is 43,4).

Que este tiempo de Cuaresma sea, sobre todo para cada uno de los miembros de la Familia Eucarística Reparadora, una ocasión propicia para abrir de par en par el corazón y así, totalmente renovado nuestro interior, gocemos y compartamos con quienes están cerca nuestro, el fundamento de nuestra fe, el motivo de nuestra alegría: la muerte y resurrección de Jesucristo. ¡Muy santa Cuaresma, que nos lleve al sereno gozo de la Pascua! «

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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