Editorial (enero 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2020.

Adelantados, por adopción

No es raro escuchar voces que intentan enterrar la Iglesia en el pasado, en un conservadurismo necio y sin sentido o atada a reglas vanas, arcaicas y vacías, carentes de actualidad e inútiles para el ser humano del siglo XXI (o del siglo XX, porque estas voces no son de ayer).


Sin embargo, los hechos desmienten rotundamente estas afirmaciones. Miles de acontecimientos demuestran, con creces, que la Iglesia va siempre por delante. No debería sorprendernos esta confirmación ya que, aunque formada por santos y pecadores, está animada por el mismísimo Dios, en la persona del Espíritu Santo, y guiada por una mano providente y amorosa, cual es el corazón del Padre, que, además de darnos la fuerza, nos ha dejado un modelo en Cristo, el Hijo encarnado.

Como afirmaba san Pablo «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5). Es ese mismo amor quien ha movido, por ejemplo, a tantos hombres y mujeres no solo a entregar su vida por los más necesitados de todos los tiempos, sino a embarcar en esta gran aventura a decenas de miles de personas. Nos referimos, fundamentalmente, a tantos fundadores de congregaciones y órdenes religiosas que en el transcurrir de los siglos han ofrecido un techo a los más desfavorecidos, pan a los hambrientos, educación a niños y adultos, paz a los desesperados… La lista sería interminable, llegando incluso a dar una sepultura digna a los más abandonados, como es el caso de santa Teresa de Calcuta. ¡Hasta después de muerto, el ser humano tiene una dignidad ineludible cuando se cree en Dios y en su amor por cada uno de nosotros!

La globalización y el creciente auge de las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito de la comunicación no hacen sino afirmar, una y mil veces, esta realidad. ¡Cuántas asociaciones, grupos de religiosos y seglares, siguen siendo hoy la avanzadilla del Reino de Dios en este mundo! Millones de personas se ven obligadas a huir de sus países por la guerra: Caritas se convierte en el mayor (y, en algunos sitios el único) organismo capaz de ofrecer ropa, alimentos y, fundamentalmente, cariño y dignidad a quienes llegan mendigando asilo a los países europeos. Cientos de personas son rescatadas en el mar: una congregación de Valencia, cuyas religiosas ya no pueden atender, en razón de sus años, a los náufragos, desaloja una comunidad y ofrece su casa para que los jóvenes entre 12 y 18 años tengan un sitio donde vivir (reubicándose ellas en otras ciudades). El cambio climático amenaza con destruir el planeta entero: el papa, desde hace años anima a todos los seres humanos, pero sobre todo a quienes guía con cariño de padre, a alabar a Dios por el don de la creación y a ser no consumidores sino cuidadores de esta casa común con su encíclica Laudato si’ (24 de mayo de 2015).

Dios quiere hacer de cada uno de nosotros, hijos suyos en virtud de la adopción del Bautismo, un auténtico constructor de la civilización del amor, de un mundo nuevo, donde reine la justicia y la paz. Es una tarea imposible para cualquier ser humano y, simultáneamente, es el día a día de cada cristiano que se sabe hijo en el Hijo, que recibe la fuerza en los sacramentos, que se acerca a Dios en la oración, en el Sagrario y en los hermanos.

Dios nos regala un nuevo año: ¡Qué buena ocasión para contemplar con gratitud la acción salvadora de Dios en nuestras vidas personales, familiares y sociales! ¡Qué maravilloso poder expresar, no como deseo sino como comprobación, «feliz año nuevo»! «

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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