Semana de oración por la unidad de los cristianos

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2020.

«Nos trataron con una solicitud poco común» (Hch 28,2)

En el hemisferio norte la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo, que tienen un hondo significado. En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otras fechas para celebrarla, por ejemplo, en torno a Pentecostés.

Los materiales para la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2020 han sido preparados por las Iglesias cristianas de Malta y de Gozo (Cristianos Unidos en Malta). El 10 de febrero muchos cristianos en Malta celebran la Fiesta del Naufragio de San Pablo, señalando y dando gracias por la llegada de la fe cristiana a estas islas. La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles que se utiliza en esta fiesta es la que se ha elegido para la Semana de Oración de este año.

La narración comienza con Pablo siendo llevado a Roma como prisionero (Hch 27,1ss.). Pablo está encadenado, pero aun en la que se volverá una travesía peligrosa, la misión de Dios continua a través de él.

Este relato es un drama clásico de la humanidad confrontada con el poder terrorífico de los elementos. Los pasajeros en la nave están a la merced de las fuerzas de los mares debajo de ellos y de la potente tempestad que arrecia encima de ellos. Estas fuerzas los llevan a un terreno desconocido en el que están perdidos y sin esperanza. Las 276 personas de la nave están divididas en grupos bien diferenciados. El centurión y sus soldados tienen el poder y la autoridad, pero dependen de la habilidad y de la experiencia de los marineros. Si bien todos tienen miedo y son vulnerables, los prisioneros encadenados son los más vulnerables de todos. Se puede disponer de sus vidas y corren el riesgo de una ejecución sumaria (22, 42). Mientras la historia se va desenvolviendo, vemos como aumenta la división entre los distintos grupos por la desconfianza y la sospecha.

Instrumento de paz
Sin embargo, de modo sorprendente, Pablo destaca como elemento de paz en el alboroto. Él sabe que su vida no está gobernada por fuerzas que son indiferentes a su destino, sino que, al contrario, su vida está en las manos de Dios, al que pertenece y a quien da culto (cfr. 27,23). Gracias a esta fe, Pablo tiene la confianza de que comparecerá ante el emperador en Roma y, sacando fuerzas de ella, puede ponerse en pie ante sus compañeros de viaje y dar gracias a Dios. Todos son reconfortados. Siguiendo su ejemplo, comparten juntos el pan, unidos en una nueva esperanza y confiados en sus palabras.

Auxilio de la providencia
Esto pone de relieve un tema principal de este pasaje: la divina providencia. Fue decisión del centurión zarpar con mal tiempo y durante la tempestad los marineros tomaron decisiones sobre el modo de manejar el buque. Sin embargo, al final, sus planes se frustran y solamente estando juntos y dejando que el buque se hunda logran salvar sus vidas gracias a la divina providencia. El buque y toda su valiosa carga se perderá, pero sus vidas se salvarán, ya que «ni un cabello de vuestra cabeza se perderá» (27,34; cf. Lc 21,18). En nuestra búsqueda de la unidad de los cristianos, abandonarnos a la providencia divina requiere que soltemos muchas cosas a las que estamos muy atados. Para Dios lo importante es la salvación de todos.

Este grupo de personas tan diverso y desunido va «a parar a alguna isla» (27, 26). Habiendo sido puestos juntos en un mismo buque, llegan al mismo destino, en el que se pone de manifiesto su unidad humana a través de la hospitalidad de los isleños. Al reunirse alrededor de la hoguera, rodeados de personas que no los conocen ni los entienden, las diferencias de poder y de estatus se desvanecen. Los 276 ya no están a merced de fuerzas indiferentes, sino que son abrazados por la providencia amorosa de Dios que se hace presente a través de personas que les tratan con «una solicitud poco común» (28,2). Mojados y con frío, se pueden calentar y secar al lado de la hoguera. Hambrientos, se les da comida. Se les da cobijo hasta que puedan volver a emprender su viaje con seguridad.

Hoy en día muchas personas se enfrentan a los mismos miedos en los mismos mares. Los mismos sitios que se nombran en la lectura (27,21; 28,1), aparecen también en las historias de los migrantes de hoy. En otros lugares del mundo muchos otros emprenden viajes igualmente peligrosos por tierra y por mar para escapar de catástrofes naturales, de guerras y de la pobreza. También sus vidas están a la merced de inmensas fuerzas, frías e indiferentes, no solo pertenecientes a la naturaleza, sino también políticas, económicas y humanas. Esta indiferencia del ser humano asume varias formas: la indiferencia de aquellos que venden plazas a personas desesperadas en buques que no son aptos para navegar; la indiferencia de los que deciden no mandar naves de rescate; y la indiferencia de los que alejan de sus costas a pateras con migrantes. Estos son solo algunos ejemplos. Como cristianos unidos que enfrentan la crisis migratoria, esta historia nos reta: ¿nos unimos a las frías fuerzas de la indiferencia o mostramos «una solicitud poco común», haciéndonos testigos de la providencia amorosa de Dios para todas las personas?

Es muy necesaria la virtud de la hospitalidad en nuestra búsqueda de la unidad de los cristianos. Es un hábito que nos invita a una mayor generosidad para con los que pasan necesidad. Las personas que trataron con una solicitud poco común a Pablo y a sus compañeros no conocían aún a Cristo y, sin embargo, fue a través de su trato poco común que un grupo dividido se fue uniendo. Nuestra propia unidad cristiana se manifestará no solamente mostrando hospitalidad unos con otros, por muy importante que esto sea, sino también a través de encuentros cordiales con aquellos que no comparten nuestra lengua, cultura o religión.

En estos viajes tempestuosos y encuentros casuales la voluntad de Dios para su Iglesia y para todas las personas llega a su plenitud. Como proclamará Pablo en Roma, esta salvación de Dios ha sido ofrecida a todos los pueblos (cfr. Hch 28, 28).

Cómo orar por la unidad
Todos los cristianos, tanto personal como comunitariamente, estamos llamados a unirnos en la oración por la unidad. Todo tiempo es propicio para elevar nuestras preces, pero mucho más la Semana de oración por la unidad, un tiempo en el que desde todo el mundo se eleva un clamor al Padre común para que nos indique el camino de la unidad. El texto destaca algunos modos de orar:

  • Para las Iglesias y las comunidades cristianas que celebran juntas la Semana de oración en un solo acto se ofrece un modelo de celebración ecuménica.
  • Las Iglesias y las comunidades cristianas pueden igualmente incorporar a sus propias celebraciones oraciones y textos de la Semana de oración. Las oraciones de la Celebración ecuménica y del Octavario y las reflexiones sobre los textos bíblicos pueden también utilizarse según se considere oportuno en cada situación.
  • Las Iglesias y comunidades cristianas que celebran la Semana de oración por la unidad de los cristianos cada día de la semana, pueden encontrar sugerencias en los textos propuestos para el Octavario.
  • A las personas que desean realizar estudios bíblicos sobre el tema de la Semana de oración, pueden servir de apoyo los textos y las reflexiones bíblicas propuestas para el Octavario. Las reflexiones que se tengan cada día pueden terminar con un momento final de oración de intercesión.
  • Para las personas que desean orar en privado, los textos de este folleto pueden ayudar a focalizar las intenciones por las que oran y a que se sientan en comunión con otros que en todo el mundo oran por una mayor unidad visible de la Iglesia de Cristo.

Los temas de oración

  • Día 1 Reconciliación: Tirar la carga por la borda
    Hch 27,18-19.21; Sal 85; Lc 18,9-14
  • Día 2 Iluminación: Buscar y mostrar la luz de Cristo
    Hch 27,20 ; Sal 119,105-110; Mc 4,35-41
  • Día 3 Esperanza: El mensaje de Pablo
    Hch 27,22.34; Sal 27; Mt 11,28-30
  • Día 4 Confianza: No temáis, creed
    Hch 27,23-26; Sal 56; Lc 12, 22-34
  • Día 5 Fortaleza: Partir el pan para el viaje
    Hch 27,33-36; Sal 77; Mc 6,30-44
  • Día 6 Hospitalidad: Mostrar una solicitud poco común
    Hch 28,1-2.7; Sal 46; Lc 14,12-24
  • Día 7 Conversión: Cambiar nuestros corazones y nuestras mentes
    Hch 28,3-6; Sal 119,137-144; Mt 18,1-6
  • Día 8 Generosidad: Recibir y dar
    Hch 28,8-10; Sal 103,1-5; Mt 10,7-8

Oración: Dios, dador de vida, te damos gracias por el don de tu amor compasivo que nos alivia y nos fortalece. Pedimos que nuestras Iglesias estén siempre abiertas para recibir tus dones de las demás. Concédenos un espíritu de generosidad hacia todos mientras caminamos juntos por la senda de la unidad de los cristianos. Pedimos esto en el nombre de tu Hijo, que reina contigo y el Espíritu Santo. Amén.

Extraído del material oficial
Publicado en El Granito de Arena, Iglesia hoy.

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