Encuentro de jóvenes en Zaragoza

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2019.

Disponibles, enviados, eucaristizados

Una metáfora: el viaje; la certeza de una presencia: Cristo Eucaristía; una luz de esperanza: María Inmaculada (cf. Spe salvi, n. 49). Estas palabras de Benedicto XVI han sido, de alguna manera,
el trasfondo de la convivencia de jóvenes que tuvo lugar en Zaragoza, del 6 al 8 de diciembre.

Tres claves que se constituyeron en hilo conductor de estos días de encuentro con Dios, con uno mismo y con los demás, en el marco de la fiesta de la Inmaculada, y muy cerca del Santuario del Pilar, desde donde Ella se nos manifiesta cercana y solícita, inspirando fortaleza y confianza.

Un grupo de jóvenes de diferentes procedencias, con el corazón inquieto, tocados por la Eucaristía y con deseos de profundizar y crecer en la fe, a través del carisma de san Manuel González, se atrevió a vivir esta experiencia y se puso en camino, abriéndose a la acción de Dios, que nunca se deja ganar en generosidad.

D. Sergio Pérez nos acompañó durante el sábado por la mañana, invitándonos a reflexionar en torno a tres grandes verdades sobre las que el papa Francisco llama la atención de los jóvenes en la reciente exhortación apostólica Christus Vivit: Dios te ama, Cristo te salva, Él vive en ti. Además, nos invitó a mirar nuestra vida a la luz de Cristo, para reconocernos como Él disponibles, enviados y eucaristizados.

La posibilidad de compartir experiencias vitales, de abrirnos al diálogo y a la escucha, la oportunidad de hacer silencio, de vivir momentos intensos de oración personal y comunitaria, de contemplar diferentes expresiones culturales de la misma fe que nos une como Iglesia, fue para todos una ocasión de enriquecimiento mutuo, de crecimiento y de esperanza. Porque, como dice el papa Francisco, al igual que en el milagro de Jesús, los panes y los peces de los jóvenes pueden multiplicarse (cf. Jn 6,4-13). Igual que en la parábola, las pequeñas semillas de los jóvenes se convierten en árbol y cosecha (cf. Mt 13,23.31-32). Todo ello desde la fuente viva de la Eucaristía, en la cual nuestro pan y nuestro vino se transfiguran para darnos vida eterna.

«Se les pide a los jóvenes una tarea inmensa y difícil. Con la fe en el Resucitado, podrán enfrentarla con creatividad y esperanza, ubicándose siempre en el lugar del servicio, como los sirvientes de aquella boda, sorprendidos colaboradores del primer signo de Jesús, que solo siguieron la consigna de su Madre: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5)» (Christus vivit, 173).

Mª Cecilia Appendino Vanney, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *