Dedicación del templo san Manuel González (Madrid)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2020.

San Manuel, en San Sebastián de los Reyes

El 15 de diciembre de 2019 más de 1.000 personas se dieron cita en Paseo Gregorio Marañón, 9 (San Sebastián de los Reyes, Madrid) para participar, con gozo incontenible, en la dedicación de la iglesia San Manuel González. En la Misa, presidida por Mons. Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, estuvieron presentes, además, numerosos representantes del ayuntamiento y religiosos de varias congregaciones.

La parroquia San Manuel González fuer erigida el 23 de diciembre de 2010, siendo arzobispo de Madrid Mons. Antonio Mª Rouco Varela. También fue nombrado párroco D. José Mª Marín, quien, a lo largo de todos estos años, ha trabajado día a día, con renovado entusiasmo, para hacer que la parroquia crezca a todos los niveles. Los fieles comenzaron a acercarse a un solar en el que todos los domingos se celebró la Eucaristía y durante los cuales nunca llovió durante la Misa. Con el tiempo, se instaló un barracón prefabricado donde se continuó alabando a Dios en el Santo Sacrificio, además de contar con salones y espacios para reuniones. El Granito de Arena, feliz por cada nuevo paso dado, en numerosas ocasiones se hizo eco de las fechas más memorables: bendición del papa Francisco a la primera piedra, los días previos a la canonización de D. Manuel, en octubre de 2016; inicio de las obras, en diciembre de 2017; construcción del retablo; etc.

Lluvia de gracias
Este domingo 15 de diciembre, al contrario de lo que había ocurrido durante todos estos años, el cielo amaneció plomizo y, desde un par de horas antes de iniciar la celebración, una lluvia constante y fina caía sobre el nuevo templo y sus alrededores. Una lluvia que sorprendía y agradaba a quienes habían visto al Señor venir en el pan y el vino tantos domingos, al aire libre. Este domingo era especial. Un techo, elevado más de 20 metros sobre las cabezas de los asistentes, impedía que el agua los mojara y, a la vez, de manera imponente ayudaba a elevar la mente, el espíritu y el corazón rebosante de gratitud a Dios, que en todo momento fue Padre providente.

La celebración comenzó con la intervención del alcalde de San Sebastián de los Reyes y un miembro del consejo de obras de la parroquia. A continuación, más de 30 sacerdotes acompañaron a D. Carlos en la procesión de entrada. El templo estaba únicamente iluminado por la luz del día que entraba por las inmensas cristaleras superiores. Y la celebración, cargada de símbolos, continuó con la aspersión del agua bendita sobre los fieles y también rociando las paredes del templo.

Unos momentos después, para comenzar la Liturgia de la Palabra, el Sr. cardenal entregó solemnemente el Leccionario a los tres fieles que inauguraron el ambón con la proclamación de las dos lecturas y el salmo responsorial. Un diácono proclamó el Evangelio y, a continuación, Mons. Osoro pronunció la homilía en la que destacó, primeramente, la figura de san Manuel, patrono de esta parroquia. También quiso mostrar su gratitud a todos los feligreses, porque el templo fue construido gracias a la colaboración de miles de personas que, aún hoy, continúan dando su tiempo, su cariño y su dinero para construir, terminar y cubrir el préstamo con el que se ha realizado esta obra.

El siguiente momento estuvo dedicado a la colocación de las reliquias en el altar: las de san Manuel junto a otros 15 santos y beatos. El receptáculo fue sellado por dos obreros que trabajaron en todo momento en la construcción del templo.

Crismación e iluminación
La dedicación del templo llegó a su punto culminante con la crismación, momento compuesto por tres partes: la oración consecratoria, pronunciada por D. Carlos con los brazos extendidos y la unción del altar con sagrado crisma (aceite mezclado con perfume, que simboliza la salud y el buen olor que irradia en el alma la presencia de Cristo), así como los cuatro extremos del templo.

A continuación, un gran incensario fue colocado sobre el altar recién consagrado y allí mismo se quemó abundante incienso, simbolizando el perfume de nuestra propia oración, que se eleva al Cielo enriquecida por nuestra caridad y buenas obras. Dos sacerdotes, además, incensaron a todos los fieles y los extremos del templo, ya que desde cada uno brota el buen olor de Cristo que tanto complace a nuestro Padre Dios.

Se dio paso, a continuación, al ofertorio, en el que, primeramente, se revistió el altar, para colocar flores, velas y la cruz, que fue llevada por dos Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Para concluir este extenso y rico rito de consagración, se procedió a la iluminación del templo, encendiendo las velas del altar y las que se encontraban en los extremos de la iglesia, así como todas las luces. Sorpresa, alegría y emoción llenaron los corazones de los cientos y cientos de personas congregadas al comprobar que el templo cobraba nueva vida.

Sobre el altar recién consagrado se prosiguió con la liturgia eucarística, en la que Dios mismo quiso hacerse presente en el pan y el vino. Siete sacerdotes repartieron, en su momento, la Comunión y, finalmente, el Sagrario que se encontraba vacío y abierto recibió por vez primera a Jesús Sacramentado.

D. José Mª, el párroco, agradeció, antes de dar la bendición el Sr. cardenal, a tantas personas que habían hecho posible este «milagro» que significó tener ya el templo y, confiadamente, invitó a seguir pidiendo «vocaciones, confesiones y suscripciones», ya que durante los próximos 20 años se deberá seguir cubriendo el préstamo solicitado para las obras.

Al concluir la celebración, muchísimos fieles se acercaron a rezar a san Manuel, a hacerse fotos con el imponente retablo de fondo y a saludar y agradecer al D. José Mª, el emocionado párroco que seguramente se estaba encomendando a san Manuel, aquel joven sacerdote que se desvivió por cada uno de sus feligreses de Huelva, Málaga y Palencia.

San Manuel González, ¡ruega por nosotros e intercede, de una manera especial, por cada uno de los parroquianos de este nuevo templo madrileño!

Reliquias del altar del templo
Junto a la reliquia ósea de san Manuel González, patrono del nuevo templo, fueron colocadas, bajo el altar, las de otros 15 bienaventurados:

  • San Juan Manuel Perboire, mártir, y los beatos Benito Paradela, José María Fernández, José Santos, Saturnino Tobar, Cristóbal González, Eleuterio Castillo, Roque Guillén, Cesáreo Elexchegaray y Juan Núñez, mártires vicencianos que dieron su vida por la fe en la persecución religiosa en España de comienzos de siglo XX. Persecución de la que también fue objeto san Manuel González, cuyo palacio episcopal de Málaga fue quemado y asesinados algunos de los sacerdotes y seminaristas de su querida diócesis malagueña.
  • San Vicente de Paúl, santo francés fundador de las Hijas de la Caridad. En la capilla de las hermanas de esta orden religiosa se celebró por primera vez la Eucaristía en este territorio parroquial.
  • Beata María del Pilar Izquierdo, fundadora de la Obra de Jesús y María, quien, en su juventud, formó parte de las Marías de los Sagrarios, obra fundada por san Manuel para acompañar y reparar a Jesús Sacramentado, en la soledad de sus Sagrarios.
  • San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la Obra de Dios para promover la vocación a la santidad en la vida ordinaria. Fue amigo personal de san Manuel y admirador de su tierno amor a Jesús Sacramentado. Fueron muchas las ocasiones en que san Josemaría buscó consejo y consuelo en el regazo del obispo del Sagrario abandonado.
  • San Pío X, pontífice durante los años en que san Manuel ejerció su sacerdocio en Sevilla y Huelva. El futuro obispo de la Eucaristía sintonizó especialmente con el papa que promovió sobremanera la Comunión frecuente y acceso de los niños a la primera Comunión.
  • San Juan Pablo II, el papa que beatificó a san Manuel, en Roma, el 29 de abril de 2001, en cuya homilía lo propuso ante los cristianos de todo el mundo como un «modelo de fe eucarística».
Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, San Manuel González, San Manuel González García.