Historias de familia (enero 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2020.

Obispo de Málaga: en liquidación por incendio

En El Obispo del Sagrario abandonado, Campos Giles cuenta una anécdota que tuvo lugar en el momento en el que D. Manuel González abandonaba Gibraltar en diciembre de 1931 cuando, al ser interrogado por el aduanero sobre su profesión D. Manuel le contestó, hay que imaginar que con su habitual guasa: «obispo, en liquidación por incendio».

En efecto, había dejado todo a merced de las llamas que azotaron Málaga en la noche del 11 de mayo: «no me ha quedado más que la sotana que saqué puesta del Palacio», escribiría al nuncio. Sin embargo gracias a las atenciones del obispo católico de Gibraltar, y de muchos gibraltareños generosos, pudo permanecer cerca de su diócesis tras aquellos días sacrílegos.

Refugiados en Gibraltar
«El número de españoles refugiados en Gibraltar se ha incrementado en las últimas horas y todos los hoteles y casas de huéspedes están repletos, a la vista de esto muchos han buscado alojamiento en residencias particulares». Así comenzaba la sesión de noticias españolas del periódico Gibraltar Chronicle el 14 de mayo de 1931; a continuación se podía leer: «entre los recién llegados se encuentran su señoría el obispo de Málaga con su madre y su hermana». Sin duda era un error, pues era su hermana y su sobrina quienes, junto a su secretario, D. Fernando Díaz de Gelo, habían llegado en la mañana anterior al Peñón.

Los periódicos españoles no daban esta noticia. Ese mismo día en varios de ellos se puede leer que cuando los alborotadores se dirigieron en Málaga al Palacio episcopal solo estaba dentro el chofer, a quien obligaron a sacar el automóvil al que prendieron fuego. Sin embargo, en la prensa queda constancia de que, aunque en la mayor parte de las capitales españolas los atentados contra iglesias y conventos habían cesado el 12 de mayo, en las provincias de Cádiz y Málaga estos disturbios continuaron, y fueron muchos los clérigos y religiosas de esta zona que tuvieron que abandonar sus casas ante la situación de violencia. Por otra parte, la detención, durante aquellos días, de varios destacados monárquicos hizo que muchas personas que habían tenido relación estrecha con el Rey (que había abandonado España el 14 de abril) se vieran compelidas a buscar refugio en el cercano Peñón de Gibraltar donde se refugiarían, en la mayor parte de los casos con sus familias.

No debió ser fácil para unos y para otros llegar hasta allí, pues la situación era muy tensa. Podemos leer en el periódico gibraltareño del día 13 de mayo cómo dos coches con personas de Málaga que pretendían refugiarse en Gibraltar fueron detenidos por los revolucionarios que interceptaron con sogas la calzada, les robaron y después quemaron los automóviles. El periódico añade que también detuvieron, entre San Roque y Campamento, coches con gibraltareños, aunque en estos casos, tras interrogarles les permitieron seguir su marcha.

Podemos imaginar los sobresaltos y las angustias que D. Manuel y su familia vivirían en aquel camino pero no sabemos a ciencia cierta más que lo que ha quedado reflejado en la crónica de El Granito de Arena (5 de julio de 1931, n. 568) y es que, habiendo tenido que abandonar la finca en la que el Sr. Heredia le acogió, al anochecer del día 13, salieron de Málaga para llegar a la una de la madrugada siguiente a Gibraltar, donde le reciben «con noble hospitalidad».

At Gavino’s Asylum
Días después, D. Manuel y los suyos recibirían el permiso por el que estaban autorizados a residir allí por tres meses, esto es, desde el 25 de mayo al 25 de agosto de 1931; era el número 112. En el Archivo Nacional del Gobierno de Gibraltar figura el registro del «Rt. Rev. Bishop of Malaga, sister, niece& servant, from Malaga. Residing at Gavino’s Asylum, Prince Edward’s Rd. Bond signed by Mr. B. Varese».

Junto a ellos aparecen registradas en esos días la llegada y la solicitud de residencia temporal, de varias familias que tenían relación con D. Manuel en Málaga, como eran la del Dr. Gálvez o la familia Krauel. Aunque la mayoría de aquellos refugiados habían venido desde Málaga y Algeciras, también llegaron otros de pueblos de Sevilla, tal era el caso de la familia de D. Antonio Oriol que con su esposa María y sus hijos se habían trasladado de Osuna hasta Gibraltar. En este punto cabe recordar que una de sus hijas, Mª Patricia Oriol, sería con el tiempo María Nazarena y madre general de la congregación que fundara D. Manuel.

Instalado en el edificio del denominado Asilo Gavino, que todavía en la actualidad impresiona por sus dimensiones y sus laberínticos pasillos y patios, y donde las Madres de Desamparados y San José de la Montaña cuidaban de ancianos y niñas sin hogar, D. Manuel residía a pocos metros de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Uno de los nietos de la Sra. Teresa Russo de Ferrary recuerda cómo su abuela, que vivía en Willis´s Road, no olvidaba la estancia en Gibraltar de aquel obispo a quien solía enviar algunos guisos de los que preparaba para su familia.

A las hermanas Abrines, entonces unas niñas, dedicaría D. Manuel una fotografía en la que aparece junto al obispo de Gibraltar, sin duda en agradecimiento a aquella familia. A la vista de las circunstancias D. Manuel aprovecharía para escribir. Cuenta Campos Giles que en aquellos meses preparó Nuestro barro, El rosario sacerdotal y La gracia en la educación, pero también en aquellos días desde «Egipto» (qué así llamaba en broma al lugar de su particular exilio) escribiría una hermosísima admonición pastoral a los sacerdotes de su diócesis, el 3 de julio, (cf. El Granito de Arena, 20 de julio de 1931, n. 569, pp. 386-388) sin olvidar sus colaboraciones en El Granito que en aquellos meses nunca dejó de publicarse.

D. Manuel contó desde el principio con un apoyo muy importante durante este destierro: el que le prestó el obispo católico de Gibraltar, Mons. Richard Joseph Fitzgerald. Era irlandés, nacido en Cork en 1881, sacerdote desde 1905, había sido nombrado obispo de esta diócesis en 1927. Historiador y formado en el Colegio de los Irlandeses de Salamanca, hablaba y escribía un perfecto español, como se aprecia en las cartas que dirigió a D. Manuel, de las que también puede deducirse el afecto que le tuvo y la admiración que sintió hacia aquel hermano que tanto sufrió «con calma, paciencia y resignación». Mons. Fitzgerald falleció en Gibraltar en 1956.

Vivió con discreción D. Manuel en Gibraltar y solo en una ocasión la prensa local se refiere a él, al comentar su participación en la procesión del Corpus que recorrió las calles principales del Peñón el domingo 7 de junio, y que aquel año de 1931 contó con la presencia de dos obispos: el de Málaga, portando bajo palio la custodia de plata dorada con el Santísimo Sacramento, y el de Gibraltar, que le seguía luciendo la capa magna de las grandes festividades. El palio fue sostenido por varios caballeros, unos españoles (D. José Estrada, D. José Pemán, D. Francisco Moreno) y otros gibraltareños (Mr. G. Gaggero, Mr. J. Canessa, Mr. N.P. Cortes,. Dr. J. Durante). Cuenta la crónica que hubo bendición solemne en un altar instalado en la plaza de las «Casemates» y que las niñas del Asilo Gavino formaban parte de la procesión vestidas de blanco y portando unas alitas, como si fueran angelitos.

Seminaristas ordenados
El 2 de agosto sería también un día importante y muy emotivo para D. Manuel. Siete jóvenes diáconos recibirían de sus manos el sacramento del orden sacerdotal, en una ceremonia de la que solo conocemos lo que narra para El Granito, «Teodoro» en el artículo titulado «Sagrada ordenación en el destierro» (20 de agosto de 1931, n. 571, pp. 454-457). Podemos leer aquí lo que les proponía a aquellos nuevos sacerdotes que tras los tristes sucesos acontecidos apenas tres meses antes, no pudieron recibir el sacramento cerca de los suyos: «perdonad generosamente a los que nos han maltratado y robado, a los que han incendiado nuestros templos, pretendiendo borrar de la tierra hasta el nombre de Cristo. Perdonad, si se arrepienten, y a los que no se arrepientan compadecedlos, tenedle mucha lástima: ¡así seréis ministros fieles de la omnipotencia de Dios!».

En el Gibraltar National Archive, una anotación explica que el 30 de diciembre de 1931 D. Manuel González había dejado de residir allí (left on). Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, convencida de que los santos siempre dejan huella, creo que la personalidad, la simpatía, y sobre todo el amor por la Eucaristía y por la madre de Dios, de san Manuel González debieron quedar en los corazones de las personas y de las familias de Gibraltar con las que compartió momentos tan tristes y a las que siempre estuvo agradecido. Ojalá al narrar esta pequeña «historia de familia» se reaviven algunos de esos recuerdos entre quienes habitan hoy en ese privilegiado lugar.

Aurora Mª López Medina, con agradecimiento a Mons. Carmel Zammit y a las personas que con tanto cariño nos han ayudado a buscar datos sobre la estancia de san Manuel en Gibraltar
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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