Historias de familia (diciembre 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2019.

¡Que Dios os lo pague! ¿Anunciantes o ejemplos de acción social católica?

En la primera página del Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla del 27 de julio de 1907, en la sección titulada «Habla el Papa», aparecía una noticia que para muchos hubiera pasado desapercibida: se anunciaba un Breve que el papa Pío X había dirigido al arzobispo de Quebec, Luis Nazaire Bégin, que años más tarde sería creado cardenal por este mismo pontífice.

Mons. Bégin era un obispo preocupado por el problema de la emigración desde el campo a las grandes ciudades y, en general, por la acción de la Iglesia ante los temas sociales. En numerosas ocasiones había manifestado la necesidad de mejorar la difusión de la doctrina social de la Iglesia. Pues bien, mediante este documento pontificio Pío X aprobaba el que se editase en su diócesis un periódico que fuera un auténtico altavoz de la acción católica. Desde que en 1905 escribiera la encíclica Il fermo propósito, san Pío X tuvo gran empeño en promocionar entre los fieles laicos el conocimiento de la doctrina de la Iglesia en relación con los grandes problemas sociales. En efecto, el papa intuía que habrían de ser ellos a quienes les iba a tocar conseguir, mediante la participación democrática en la organización de cada estado –aunque entonces ese tipo de participación solo se entreveía–, abrir el camino para aplicarla en la sociedad.

Por todos los medios
En consecuencia, la Iglesia debía usar la prensa, y en general todos los medios escritos de difusión, con el objetivo de formar a sus fieles en la buena doctrina. Pues bien, tan atento estaba el arcipreste de Huelva a la voz y a querer la voluntad del papa que, tras leer aquella noticia, y antes de que en Quebec se publicara el 20 de diciembre de 1907 el primer número de L’Action sociale, él ya había puesto en la calle, con esa misma finalidad, el 8 de noviembre de aquel año, El Granito de Arena.

Pero no se trata hoy de escribir acerca del nacimiento de El Granito, sino en fijarnos en un aspecto muy concreto de esta publicación: los anuncios que se recogen en sus páginas, para constatar cómo D. Manuel se convirtió, seguramente sin saberlo, en un pionero de la responsabilidad de social en la publicidad. Sabiendo que el público al que iba destinado aquel humilde periódico quincenal necesitaba conocer ejemplos de empresas o de negocios donde el respeto a la dignidad de los trabajadores, la promoción de la honradez empresarial y la consideración del sentimiento religioso se pusieran de manifiesto, decidió que solo empresas que promovieran claramente estos valores podrían anunciarse en sus páginas.

«El GRANITO DE ARENA no publica los anuncios por que le paguen à tanto la línea; sino los que estima dignos de recomendación por referirse á Establecimientos ú obras que ó cierran los días festivos, ó tratan con caridad á sus obreros ó cooperan de algún modo á la Acción social católica». Con este párrafo se abría la sección de anuncios de El Granito en su primer número, y es que D. Manuel había concebido aquella publicación como un instrumento dedicado enteramente a fomentar la acción social católica y tenía claro que el dinero para sacarla adelante no podía venir de manos de quienes no apostaran por llevarla a cabo, de modo que los anunciantes serían únicamente empresarios que pudiesen dar ejemplo de honradez en su profesión y en el empleo de sus ganancias y de buen trato a sus empleados.

Primeros anunciantes
Ocho fueron los establecimientos que se anunciaron en aquel primer número, todos de Huelva:

  • D. Francisco Gálvez Gómez, tenía su negocio en la calle Concepción, nº 29, vendía material de papelería y seguramente abastecería también a ese incansable escritor que era D. Manuel. Allí tenía su pequeña imprenta de la que salieron los primeros ejemplares de El Granito.
  • «Nuestra Señora de la Cinta» era el nombre de la fábrica de jabones, propiedad de la sociedad que formaban Ramos y Jiménez. Tenían dos establecimientos abiertos en Huelva.
  • D. Antonio Oliveira Hierro, era el propietario de la panadería San José. «Pan bueno, cabal y el más barato», se anunciaba. Cuando falleció Oliveira en 1918, D. Manuel, ya desde Málaga, se lamentaba de su pérdida en una carta a D. Manuel Siurot, al mismo tiempo que le comentaba que aquel amigo común «era fruto maduro para el cielo».
  • D. Eduardo Figueroa tenía su farmacia en el n. 9 de la calle Tetuán, en aquellos tiempos eran al mismo tiempo droguerías, y así se anunciaba.
  • Misterioso resulta el anuncio de «El Gestor Popular» que desde el número 5 de la céntrica plaza de las Monjas, la principal de Huelva, decía hacer «gestión gratuita de todos los asuntos». Consta que en esa dirección, había una farmacia y una zapatería, pero según un artículo de prensa en los altos de la farmacia vivió la familia Oliveira, pero no podemos asegurar que D. Antonio fuese este desconocido y filantrópico gestor.
  • Junto a estos establecimientos comerciales El Granito daba publicidad a tres colegios (el de San José, el de los Agustinos y el del Santo Ángel) haciendo hincapié en que ofrecían también enseñanza gratuita. La dificultad que los niños de familias humildes tenían para acceder a los colegios en Huelva fue una de las grandes preocupaciones de D. Manuel que transmitió a todos sus amigos, los chiflados, que no dudarían en apoyarle económicamente para que pudiesen abrirse en aquella ciudad las escuelas gratuitas del Sagrado Corazón.

Ejemplos de acción social
El segundo número de El Granito no contó con una sección de anuncios aunque en su contraportada podía leerse de nuevo la llamada a la responsabilidad corporativa (como lo denominamos hoy) de quienes quisieran anunciarse. Pero la publicidad volverá a sus páginas en el número del 20 de diciembre de 1907 y, es curioso, ahora a las páginas dedicadas a los anuncios se las rotula como «Ejemplos de acción social católica».

En la contraportada, la publicidad de la Compañía Transatlántica ocupa ya en este número una carilla completa, de forma análoga a como será por mucho tiempo más. El dueño de la empresa, D. Claudio López Bru, marqués de Comillas, había conocido a D. Manuel en la asamblea regional de la Acción católica que había tenido lugar en Granada, precisamente en el mes de noviembre de 1907. Es posible imaginar la excelente impresión que en él causaría el joven arcipreste de Huelva pues no dudó en reservar un amplio espacio en aquella prometedora revista que acababa de fundar, para promocionar su compañía de buques.

Los dos primeros ejemplares de El Granito, publicados en Huelva, debieron tener buena acogida en Sevilla pues en el tercer número, además de las anteriores, serían varias las empresas sevillanas que colocaron publicidad en sus páginas. Se suman a los «Ejemplos de acción social católicas», la conocida fábrica de loza, La Cartuja, propiedad de la familia Pickman; la cristalería San José de la plaza del Pan de Sevilla y la librería del mismo nombre en la calle Francos, que se convertiría en el punto de venta de muchas ediciones de lo que vino a llamarse buena prensa. Fue esta casa la editora de numerosas obras de D. Manuel, que más tarde conformarían la así llamada «Biblioteca El Granito de Arena». No faltó la promoción del afamado licor de los padres cartujos de la Chartreux que, expulsados de Francia, elaboraban en Tarragona, donde encontraron refugio. Esta bebida espirituosa era muy popular entonces en Europa y, como no, también la casa Domecq quiso dar publicidad a sus vinos de Jerez desde El Granito.

Pasaron los años y fueron más los establecimientos que se incorporaron a esa lista de «Ejemplos de acción social católica». Para D. Manuel aquellos anunciantes no fueron nunca una fuente de financiación pues, aunque realmente gracias a sus aportaciones económicas podría llevar a cabo muchas de sus obras apostólicas, desde el principio, y siempre, fueron para él personas que quiso acercar al Sagrario, en el convencimiento de que solo allí les convertiría en «chiflados» del Corazón de Jesús. La colaboración con las obras de D. Manuel de todas estas personas, y tantas otras, no se limitó a dar un dinero por encontrar un hueco en una revista que se iba haciendo popular, sino que se convirtió en una forma de acercar a muchos a Jesús, de hacerles comprender que también quienes tienen la responsabilidad de sacar adelante una empresa, con muchos empleados, con problemas…tienen la misión de hacer presente a Jesús cada día en la sociedad. Por cierto, una sociedad y una Iglesia que a principios del s. XX empezaba a vislumbrar crisis y cambios muy importantes, que san Manuel supo intuir.

Aurora Mª López Medina
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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