Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (diciembre 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2019.

¡Encontramos un tesoro!

«Vivir la Misa es: 1º conocerla a fondo: 2º estimarla en su valor; 3º tomar por norma de conducta lo que Jesús hace en ella; 4º tener como cifra de mi mayor felicidad en la tierra esta palabra: digo Misa, si soy sacerdote, participo o encargo Misa, si simple fiel; 5º y este conocer, estimar, imitar y gozar mi Misa, tan metido en mi pensar, querer, sentir y obrar de cada día y de cada hora y en cada ocupación, que se pueda decir de mí perennemente: está en Misa, esto es, está viviendo su Misa» (OO.CC. III, n. 5284).


La invitación a vivir la Eucaristía en toda su profundidad y riqueza es un reto que atraviesa la historia continuamente. Vemos cómo san Manuel nos anima a este desafío, acogiendo la invitación constante de la Iglesia en su Magisterio y tradición. Al hilo de esta llamada, un grupo de 18 personas inquietas por ahondar en la vivencia y conocimiento del Misterio de nuestra fe, se dieron cita en Sevilla, concretamente en Dos Hermanas, para participar de una convivencia dinámica sobre la Eucaristía a cargo de las hermanas Mª Lourdes Caminero y Julia Mª Abril. El encuentro tuvo lugar entre los días 27 y 29 de septiembre. Por ello, entrevistamos a la hermana Mª Lourdes, ella nos cuenta en qué consistió esta experiencia y el impulso que ha supuesto para quienes participaron.


Querida Mª Lourdes, ¿cómo surge la iniciativa de esta convivencia dinámica sobre la Eucaristía y cuál fue su finalidad?

Tanto las hermanas como los miembros de la UNER de Sevilla, desde hace tiempo veníamos pensando y programando esta actividad, en un principio la habíamos propuesto para el mes de abril y no pudo ser, y finalmente se concretó ahora. Nos parecía un medio muy apropiado y valioso para dar a conocer la Eucaristía, una experiencia muy positiva.

La finalidad principal era dar a conocer y profundizar acerca del misterio eucarístico, realidad tan desconocida para muchos, incluso de los que habitualmente participan de las celebraciones o están más cerca.

¿Cuál fue la dinámica de la convivencia?, ¿qué actividades se llevaron a cabo?
El punto de partida y el hilo conductor de las jornadas fue la explicación de la celebración eucarística. Se llevó a cabo a través de charlas, ponencias, celebraciones, juegos, dinámicas, convivencia fraterna. Todo ello en un ambiente de alegría, cercanía y sencillez.

El último día, las hermanas expusimos de modo más concreto nuestro carisma eucarístico reparador y presentamos la Familia eucarística reparadora, ya que entre los participantes había personas que tomaban contacto con nosotros por primera vez.

Algunos de ellos, después de lo vivido y compartido, han expresado su deseo de unirse en la medida de sus posibilidades a los encuentros formativos UNER, a las distintas reuniones que se organizan a lo largo del curso.

¿Qué repercusiones ha tenido el encuentro en los participantes?
Todos hemos valorado la experiencia como un encuentro muy positivo, nos ha motivado a seguir profundizando y compartiendo nuestra fe, la alegría de la presencia del Señor en medio nuestro.

A continuación, recogemos el testimonio de algunos de los participantes, que brevemente nos expresan lo que los días de convivencia han significado para ellos, y cómo han acogido la invitación a hacer de la Eucaristía el centro de sus vidas:

Almudena Reina
Para mí la Eucaristía es más que un sentimiento, es un modo de vida. Gracias a Jesús que se me entrega puedo caminar cada día sin titubeos ni vacilaciones, sabiéndome querida por Él.

Fue en esta convivencia donde he descubierto que la Eucaristía va mucho más allá de lo que creía y considero que realmente es difícil vivir sin ella. Es un acto de amor donde todos somos uno junto con Aquel que se entrega. Es un encuentro comunitario, de hermanos, en el que compartimos el banquete al que el mismo Cristo nos invita.

Me sigue llamando a una respuesta, que estoy dispuesta a dar cada día, en cada celebración de la que pueda participar, vivirla como si fuera la primera vez y no convertirla en algo rutinario.

Doy gracias por estos días en los que he podido ver el amor que debemos a Jesús y por hacerme caer en la cuenta de cuán desconocida es esta realidad. No somos dignos, como dice el centurión romano, de que Dios entre en nuestro interior, porque somos muy poca cosa, pero queremos que Él venga a nosotros, pues lo necesitamos.

Jesús nos dice: «Me entrego para que tengáis vida» y nos hace ser conscientes que sin este alimento de vida, crece la muerte.

Emilia Rosales
Cuando la hermana Mª Lourdes nos mandó la invitación a la convivencia dinámica sobre la Eucaristía, la verdad es que no teníamos ni idea en qué podía consistir, pero solo el título ya nos motivaba.

Un fin de semana entero hablando de la Eucaristía parecía mucho y, sin embargo, ¡qué rápido se pasó! Desde el principio experimentamos una afectuosa acogida que nos hizo sentir muy a gusto, todo el mundo era encantador, como si nos conociéramos de hace tiempo.

Después continuamos con unos juegos que nos hicieron reflexionar acerca de qué era para cada uno de nosotros la Eucaristía, con pocas palabras. Y no es fácil definir algo tan grande con una o dos palabras.

Al día siguiente, tras ahondar con las pláticas de las hermanas sobre las partes de la Eucaristía, pudimos descubrir la riqueza  de cada una de sus partes, de las oraciones de la entrada, de la conexión entre las lecturas, del sentido de las ofrendas, la rememoración de la consagración y la importancia de la despedida con las palabras finales del sacerdote de «podemos ir en paz», invitándonos a llevar la paz del encuentro con Cristo a nuestros hermanos.

Esa tarde todos asistimos a Misa de una manera muy especial, no solo la oímos y participamos, sino que la vivimos y fuimos plenamente conscientes de lo que allí estaba aconteciendo. Incluso la manera de dirigirnos a comulgar fue distinta, el mismo sacerdote nos lo dijo cuando terminó la Misa.

Fue un regalo haber pasado un fin de semana hablando, oyendo, reflexionando y viviendo la Eucaristía con las hermanas eucarísticas. Gracias por la invitación.

Rafael García
Lo llevas pensando mucho tiempo: tantas veces que vas a Misa y piensas que te pierdes algo, que no puede ser solo un precepto, que no lo estás aprovechando totalmente. Y mira que ya tienes años… Pues un día algo se cruza en tu camino y el Espíritu Santo te coloca en una convivencia de dinámica eucarística con las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. No es lo que iba buscando, pero definitivamente era lo que necesitaba.

Además de lo reconfortante de compartir unas jornadas con gente maravillosa, queda la satisfacción de comprender mejor la Eucaristía, y al comprenderla mejor y conocerla más, a disfrutarla e incluso necesitarla como antes no me sucedía.

Merece la pena pasar tiempo hablando y aprendiendo de la Eucaristía. Todas las celebraciones que han venido después han sido completamente diferentes a las anteriores, y se lo agradezco a las hermanas.

No es la ilusión del converso, soy católico practicante desde siempre, pero resulta que he tenido un tesoro en las manos durante toda mi vida y ahora es cuando lo disfruto verdaderamente como tal. Bueno, y como propina me llevo la satisfacción de conocer mejor a san Manuel González, que no está nada mal. Muchas gracias a las Misioneras Eucarísticas, y a Mª Lourdes por la invitación.

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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