La liturgia, encuentro con Cristo (diciembre 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2019.

Felicitar las Pascuas: tarjetas de Navidad

Los ángeles se han convertido en maestros de los grandes anuncios a los hombres. La noticia más importante –la Buena Nueva o Evangelio– tiene una doble perspectiva: la presencia del Señor en la realidad de nuestra carne y su victoria sobre la muerte. Esto es lo que anunciamos y celebramos.

Esta presencia se inicia en Belén dando comienzo a un tiempo nuevo de gracia. A imagen del coro de los ángeles, los cristianos rememoramos ese anuncio y lo hacemos de múltiples maneras: por correo electrónico, SMS, wasap o, todavía, con las clásicas tarjetas.

De los antiguos buenos deseos…
Las felicitaciones con motivo del Año Nuevo se remontan a la cultura romana clásica: amigos y familiares, en señal de afecto y deseo de prosperidad, se intercambiaban en las calendas de enero unas ramas de laurel u olivo (strenae). Con el correr del tiempo se añadieron una serie de regalos simbólicos (dátiles, higos y miel) o unas monedas con la efigie de Jano, a quien estaba consagrada en la antigüedad el comienzo del año (Ianuarius = enero). Estas monedas solían llevar el anagrama «A.N.F.F.» deseando un feliz y prospero año nuevo (Anno Novo Faustum Felix, tibi sit).

La comunidad cristiana que crece en el ámbito cultural del Imperio confiesa a Jesucristo como Señor del tiempo, su principio y fin (Cronocrator). La entrada del Dios eterno en el tiempo, su pascua o paso entre nosotros, se convertirá en objeto de anuncio y motivo de felicitación. En efecto, además de la Pascua de Resurrección, cuya fecha era anunciada por las Cartas Festales (Epistulae paschales), en el siglo IV comenzó en Roma a celebrarse la Navidad del Señor. Por eso, entre los cristianos los obsequios de comienzo de año se unieron a las fiestas propias de la Navidad (finales de diciembre para los occidentales y principios de enero para los orientales). Con el paso de los siglos los creyentes se felicitaban en torno a la fecha elegida para conmemorar el nacimiento de Jesús para, posteriormente, contar cada ciclo solar como un año de gracia, un año del Señor (Anno Domini = AD).

… y los billetes de Pascuas…
Parece que, tras algunas tarjetas devocionales alemanas del s. XV (Andachtsbilder), la popularización de las felicitaciones navideñas surgirá en la Inglaterra victoriana del s. XIX. Sin embargo, ya en la España del s. XVII, en ambos lados del océano, encontramos una correspondencia de misivas en los días de diciembre para el «anuncio de las Pasquas del Santo Nacimiento» o felicitándose las «Pasquas de Navidad». No era infrecuente añadir el deseo de un «buen fin y principio de año» o la expresión «con felices entradas de año». Todos estos billetes natalicios pretendían mantener entre amigos y familiares «favorecidas memorias en tiempo de Pasquas».

… a las modernas tarjetas inglesas
Pero la difusión popular de tarjetas de Navidad (Christmas cards) comenzó gracias a Sir Henry Cole. El primer director del Museo londinense Victoria & Albert (Londres) quiso hacer una felicitación general. Comisionó al artista John Calcott Horsley el diseño de una tarjeta para felicitar tan señalados días y transmitir buenos deseos. La litografía, coloreada a mano, representaba las tres generaciones de una familia brindando alegremente en torno a una mesa festiva. El cuadro central del tríptico estaba flanqueado por dos escenas que representaban las obras de misericordia: dar de comer al hambriento (izq.) y vestir al desnudo (der.). Bajo el diseño aparecía la hoy conocida leyenda: A Merry Christmas and a Happy New Year to You. From… (Navidad jubilosa y feliz Año Nuevo. Para ti, de parte de…). Los datos del destinatario (To…) y del remitente (From…) se escribían en la parte superior e inferior de la postal, respectivamente. En ese año (1843) Ch. Dickens escribía su Cuento de Navidad. A partir del pintor William Egley se difunden desde Inglaterra los motivos tradicionales: el acebo, el petirrojo, san Nicolás o el abeto.

En 1905 la Unión Postal Universal autorizó dividir, con una línea vertical el reverso de las tarjetas en dos partes iguales: en la parte izquierda se podía escribir un mensaje y en su contraria la dirección y el sello. Entre los años 1910 y 1920 las tarjetas de Navidad coloreadas en casa se hicieron muy populares. Las ONG y las asociaciones de caridad comenzaron a vender sus propias tarjetas como medio para recabar fondos. Aunque hoy los mensajes se difunden mayoritariamente por medios digitales, el mensaje de paz de los ángeles ante el nacimiento del Señor merece una pausa para escribir una tarjeta.

Nuestras tarjetas
A la hora de enviar una felicitación hemos de encuadrar bien el tiempo litúrgico sin adelantar la Navidad. ¡El Adviento existe! Si decidimos ser precoces –a la hora de escribir– utilicemos textos y expresiones que encuadren lo que estamos celebrando: «Maran athá! ¡Ven, Señor!» (1Cor 16,22; Ap 22, 17.20); «¡Bendito el que viene!» (Mt 23,39); «¡Hasta que vuelva!» (1Cor 11,26); etc. No obstante, y en cualquier caso, siempre podremos:

  • transmitir belleza y simbolismo por la imagen (el misterio de la Natividad, el árbol de Pascua, etc.)
  • comunicar un mensaje personalizado añadiendo un texto manuscrito; y,
  • aprovechar la ocasión para comunicar la Buena Noticia de la presencia del Señor con un texto bíblico o de la liturgia.

No hay mejor forma de escribir una felicitación que incorporando algún pasaje –bíblico o de la liturgia– relacionado con la Navidad: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz» (Is 9,2); «Nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo: a ese niño se le ha dado el poder de gobernar… y por siempre habrá paz» (Is 9,7s); «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4,4); «La luz de su gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor» (Pref. Nav.); «Hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio de nuestra salvación» (Pref. Nav.). Para el año nuevo: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8). Esto también es evangelizar y catequizar.

Manuel G. López-Corps, Pbro.

Otras imágenes típicas en Navidad
George Baxter editó en 1857 una tarjeta con un petirrojo (Come, pretty Robin!), un tópico favorito en las felicitaciones victorianas. La sencilla imagen del petirrojo, pájaro de la familia de los tordos, contribuye a poner en relación la Navidad con el misterio de la Pascua: los abuelos contaban la leyenda del pajarillo que, compadecido ante los sufrimientos de Cristo en la cruz, trató de quitar las espinas de su corona. Una gota de sangre le salpicó el pecho que, para siempre, lucirá de rojo. Entre los temas naturales destaca el acebo considerado desde antiguo como arbusto sagrado y que los antiguos utilizaban en el solsticio de invierno para atraer suerte y prosperidad. Las hojas perennes y las bayas rojas –combinando los colores rojo y verde– fueron consideradas como símbolos de fertilidad y asociadas desde antiguo a los buenos comienzos. La costumbre dio pie a la catequesis cristiana: los frutos rojos del acebo evocan las gotas de la sangre de Jesucristo derramada en la cruz para dar la vida, representada por el verdor de sus hojas. ¡El que nace viene para la Pascua!

Publicado en El Granito de Arena, La liturgia.

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