El Evangelio a la lámpara del Sagrario (diciembre 2019 – Adviento Ciclo A)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de diciembre de 2019

Compañeros de camino

De la mano (y de la pluma) de san Manuel, ofrecemos, una serie de meditaciones para dejarnos guiar por quienes vivieron el primer Adviento y la primera Navidad de la historia.

Isaías
«El Jesús del Sagrario es el mismo del altar del Sacrificio; y el Jesús del Sacrificio es una Víctima, un Cordero… De este Jesús había profetizado Isaías, muchos siglos antes, que “como Cordero sería llevado al matadero sin abrir su boca”. El Jesús del altar y del Sagrario es Dios–Hombre, Creador, Rey, Padre, Maestro, es verdad, pero sacrificado, Víctima de su propio eterno Sacrificio… Por eso el sacerdote lo saluda en su Misa tres veces y lo presenta a los fieles que van a comulgar con ese nombre: ¡El Cordero de Dios!… ¡Siempre Cordero y siempre callado! Ése es el Salvador en silencio» (OO.CC. I, n. 1455).

Juan Bautista
«Su primera aparición la hará en las riberas casi desiertas del Jordán, entre un grupo de pescadores y penitentes pidiendo al austero Juan Bautista, vestido de pieles, que lo bautice, como a uno de tantos y después desaparece para sepultarse cuarenta días en la soledad del desierto. Y cuando de él sale, ¡qué misterio tan atrayente encierra ese pasar por la misma ribera dos días consecutivos! ¿De dónde viene Jesús solo? ¿A dónde va? ¿Qué busca? ¡Su Obra! Está comenzando su conquista del mundo. Pero no al estilo nuestro, sino al suyo, al que sigue usando en su vida de Hostia oculta y callada. ¡Conquistador, no matando ni asustando, ni deslumbrando, ni coaccionando, sino atrayendo por la humildad y el amor!» (OO.CC. I, n. 254).

María y José
«Marías, ¡lo que se aprende en Belén! ¡Qué buena escuela para vosotras es Belén y qué buenos Maestros Jesús, María y José! Jesús empieza ya a ser el desconocido, el no buscado, el desechado, el fugitivo, de aquellos a quienes amaba y venía a salvar… María y José son los únicos seres humanos que lo conocen, lo acompañan, lo reciben o huyen con Él. Jesús lleva viviendo entre nosotros en su Iglesia y en su Eucaristía veinte siglos y en multitud de Sagrarios y de pueblos sigue siendo el desconocido, el no buscado, el desechado, el fugitivo… Pero con una diferencia grande de su primer día de Belén: que en esos Sagrarios no tiene quien sustituya a sus únicos acompañantes de entonces, María y José… ¡Solo! ¡A los veinte siglos de acompañarnos! Marías, Discípulos de san Juan, ¿os gusta ese oficio? ¡Sustitutos de María y de José cerca de Jesús abandonado en el Portal de tantos Sagrarios! Pues, andad, decid a vuestros sustituidos que os enseñen a pensar, a sentir, a querer, a trabajar como ellos para que con todo eso se sienta acompañado vuestro Jesús hasta el punto ¡oídlo bien! de que casi no eche de menos el abandono de los demás…» (OO.CC. I, n. 706).

Pastores
«La oración de los pastores es una oración de ver, sentir y callar. “Viendo –dice el Evangelio–, conocieron la verdad de lo que se les había dicho”. Vieron a María y a José y al Niño, puesto en el pesebre… Y de tal modo la gracia del Espíritu Santo reforzó la mirada sencilla de aquellos humildes pastores, que viendo aquel cuadro de pobreza, indefensión y abandono nunca visto, conocieron…, ¿qué? En el Infante envuelto en míseros pañales, a un Dios Rey puesto sobre un trono; en la joven obrera, a la augusta Madre de Dios y Reina de cielos y tierra, y en el sobrecogido carpintero, al más feliz y afortunado mortal… Conocieron las dulzuras de las miradas que se atravesaban entre aquellos ojos, las suavidades de las lágrimas que allí se derramaban, la solemnidad y el misterio del silencio que allí reinaba, el valor inmenso del establo, de los pañales y pajas… Conocieron el misterio escondido de los siglos de la redención por el dolor, de la salvación de todos por la Cruz y por la intercesión de María… E inundados de gozo en el atrio de aquel mundo de luz, de paz y de amor, allí se estaban embebecidos y silenciosos…» (OO.CC. I, n. 1033).

Reyes Magos
«Y si los hombres de gobierno y de ciencia, como en el Evangelio los Reyes Magos; los de trabajo rudo e incesante, como los pastores de Belén y los pescadores del mar de Galilea, y todos los ocupados y preocupados en afanes de la vida terrena, hicieran cada mañana o cada tarde un alto en sus trajines y se fueran a buscar a Jesús, a hablar amistosamente con Él, a ofrecerle sus sudores, a darle gracias de sus ganancias y triunfos del día y pedirle fortaleza y luz y acierto para las penas, los desengaños, las perplejidades de cada hora… Si los hombres se decidieran a alternar su trabajo de cabeza, de manos, de pies, de sus negocios, con el trabajo de rodillas delante de Jesús Sacramentado, ¡con qué jóvenes tan puros y estudiosos y alegres; con qué hombres tan morigerados, sobrios, laboriosos, abnegados; con qué ancianos tan venerables y resignados se gloriarían los pueblos cristianos!» (OO.CC. I, n. 1132).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.
Publicado en El Evangelio a la lámpara del Sagrario, El Granito de Arena.

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