Cartelera recomendada (noviembre 2019): El niño que domó el viento

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2019.

Abriendo caminos de esperanza

Inspirada en la historia real de William Kamkwamba, El niño que domó al viento nos traslada a la República de Malaui, en África, para narrarnos la historia de un joven de inteligencia prodigiosa. Apasionado por las ciencias vive inquieto por encontrar la manera de ayudar a su familia y a su pueblo asolados, primero, por incesantes lluvias y, después, por una sequía que arruinará las cosechas, sumiendo a toda la región en una terrible hambruna.

El niño que domó el viento

Duración: 113 minutos · Año: 2019
País: Reino Unido · Género: Drama
Director: Chiwetel Ejiofor
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Maxwell Simba, Joseph Marcell
Dónde verla: Netflix

A pesar de sus nobles intenciones, las cosas no serán fáciles para William. Necesita ir a la escuela para completar los conocimientos básicos adquiridos por su cuenta, pero su familia no puede darse ese lujo, apenas tienen para comer. Sin medios, sin preparación y casi sin ayuda, con la única experiencia de haber leído un libro sobre energía, el chico intentará construir un molino, que devuelva a sus vecinos (y a su padre el primero) no solo su medio de vida sino también un rayo de fe y esperanza que les ayude a soportar las contrariedades que sufren.

Nuevas oportunidades
Esta película, por momentos angustiosa, nos sumerge en la inestabilidad política, económica y social en que viven muchos pueblos, especialmente de África. Nos muestra lo que supone para muchas familias vivir a la intemperie, sin tener un mañana asegurado, sometidos a regímenes políticos deshumanizados, luchando una y otra vez por mantener vivos los sueños y la esperanza. La película nos hace experimentar lo indeseables que son estas situaciones pero, a su vez, nos muestra todo el potencial que lleva en sí el ser humano y todo lo que es capaz de hacer cuando percibe las circunstancias adversas que le rodean como nuevas oportunidades. En medio de una gran precariedad, multitud de obstáculos y grandes incomprensiones, William, el protagonista, no abandona su cometido, sino que, con decisión y empeño, busca los medios que necesita para lograr su fin.

Mientras vemos la película es inevitable que surja espontáneamente en nosotros la valoración de todo lo que somos y poseemos: los recursos materiales a los que quizás estamos tan acostumbrados, el ámbito social y cultural en el que vivimos y las oportunidades que hemos tenido y nos han permitido ser quienes somos. Al mismo tiempo, el film se nos presenta como una invitación a afrontar las situaciones cotidianas con creatividad, venciendo las respuestas rutinarias y descubriendo la novedad y la oportunidad que hay en cada cosa.

Una gran riqueza
Si bien es cierto que la película nos habla explícitamente de la pobreza material en que, aun hoy, viven muchas personas de países cercanos, también es cierto que podemos descubrir en la trama una gran riqueza, en el testimonio del protagonista. William tiene escasos recursos materiales, pero posee en su interior la riqueza de la generosidad y el deseo de ayudar a otros. No se guarda sus talentos para sí; no emplea su tiempo egoístamente, jugando o estando con los amigos, buscando cómo pasarlo bien. William quiere instruirse para ayudar a su familia y a su pueblo. Emplea sus dones, su inteligencia, su tiempo, su esfuerzo, para intentar mejorar la situación de los que viven a su alrededor. ¿A cuántos de nuestros jóvenes y niños les preocupa la situación de su pueblo, de su barrio o de su país? ¿Cuántos de nosotros buscamos instruirnos, no para nuestro propio bienestar, si no para mejor servir a la sociedad?

Con los más cercanos
Esta película quizás también mueva nuestros corazones y nos impulse a ser solidarios con los más pobres, no solo de otros países, sino con quienes tenemos más cerca, en nuestra ciudad, en nuestro barrio, en nuestra parroquia. Hoy son muchos los que siguen careciendo de lo más básico para tener una vida digna. Pero también son muchos los que viven atrapados en la cultura del individualismo, la comodidad, el bienestar, etc. Y en este sentido, los cristianos, tenemos mucho que decir con nuestro testimonio. Sabemos que no podemos hacerlo con nuestras propias fuerzas; por ello, dejemos que el Espíritu Santo nos ayude a ser creativos y nos haga descubrir nuevos medios para compartir nuestros dones con quienes más los necesitan.

Ana Mª Cayuso Prados, m.e.n.
Publicado en Cartelera recomendada, El Granito de Arena.

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