Palabras de santo (octubre 2019). Partículas de Evangelio

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2019.

Gramática a la apostólica

En artículos anteriores comentábamos la importancia que da san Manuel a lo pequeño, a lo escondido, a lo que casi no cuenta y pasa desapercibido. Lo vemos a simple vista en las palabras que más utiliza en sus publicaciones, como granitos de sal, de mostaza, de arena, apostolados menudos, partiendo el pan a los pequeñuelos. Las páginas de Partículas de Evangelio, libro que comentaremos en esta ocasión vuelven a recordarnos este misterio de la grandeza que tiene lo pequeño.Ver en Google Books, Partículas de Evangelio (1ª edición, 1952)

A este libro, que D. Manuel comenzó a escribir desde el destierro en Gibraltar y fue publicado en 1952, doce años después de su muerte, lo llama Partículas de Evangelio. Esta vez, se detiene a reflexionar en algunas de las partículas gramaticales que conforman los textos evangélicos.

Mucho más que conectores
En el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra «partícula» tiene dos acepciones. En primer lugar, indica una parte pequeña de materia, y además se refiere a una palabra invariable que expresa significados y relaciones de naturaleza gramatical. La primera acepción de esta palabra nos lleva a pensar en las partículas eucarísticas, los pequeños fragmentos que pueden desprenderse de la Hostia consagrada. Con esa resonancia eucarística de fondo, nuestro autor juega también con la segunda acepción, y analiza las palabras que, en el Evangelio, sirven para conectar, organizar y dar un determinado sentido al discurso, como los «sí» afirmativos, los «si» condicionales, los «yo», los «¡ay!», los «porque». Con muchos ejemplos, nuestro autor va más allá del análisis gramatical y, desde una perspectiva muy original, nos ayuda a reflexionar a la luz de las enseñanzas del Maestro y las respuestas de sus contemporáneos.

Así lo presentaba El Granito de Arena en el momento de su publicación: «Partículas de Evangelio. Un sugestivo librito de nuestro Vrdo. Fundador. Precio: 12 pesetas. Pídalo a la Administración de El Granito de Arena» (mayo-junio 1952, nn. 965 y 966, p. 185); «Nueva publicación póstuma de los escritos del señor Obispo D. Manuel González. Elegante presentación y numerosos dibujos entre el texto» ( julio 1952, n. 967, p. 211); «Con cariño y esmero como todos sus libros fue preparando Ntro. Vrdo. Fundador el que recientemente ha sido publicado por vez primera: Partículas de Evangelio, en su destierro de Gibraltar» (noviembre 1952, n. 970, p. 348); «Atrayente librito de bolsillo. Uno de los últimos escritos de Ntro. Vrdo. Fundador. Primera edición, 12 pesetas» (abril 1953, n. 975, p. 102). Estas páginas que, escritas desde el amargo destierro, tienen un dulce sabor a Eucaristía, fueron reeditadas en 1980 y 1999, y se encuentran también en el primer tomo de las Obras Completas (nn. 1551-1609).

Mirada microscópica
En sus largos ratos de Sagrario, D. Manuel contemplaba al Señor, meditaba su Palabra y, como podemos ver en sus libros, fue profundizando y descubriendo diversos matices del carisma que le fue confiado. Sus contemplaciones lo hacían exultar de alegría, y no se guardaba todo ello para sí, sino que a través de la escritura lo compartía con los demás: «¡Qué contento estoy de haberme puesto a mirar a Jesús a través de las partículas de su Evangelio! Como por las rendijas de una puerta se pueden observar las intimidades y secretos de una habitación, por esas partículas, a guisa de rendijas se descubren y se siguen paso a paso las intimidades de Jesús, singularmente las de su Corazón» (OO.CC. I, n. 1594).

También nosotros estamos invitados a ser contemplativos, a tener momentos de intimidad con el Señor y pedirle la gracia de ir adquiriendo sus propios sentimientos, para ser capaces de sentir, de mirar, de obrar como Él siente, mira y actúa. En este proceso de configuración con Cristo, san Manuel advierte, desde su detenida lectura del Evangelio, que las respuestas del hombre muchas veces se alejan del camino indicado por el Maestro. Con su delicadeza habitual como pastor de almas, nos muestra cómo algunos personajes del Evangelio no comprenden al Señor, lo rechazan y abandonan, y cómo podemos hacerlo también nosotros.

Por tanto, estas reflexiones también nos ayudan a confrontar la propia vida, a examinar las respuestas que damos a Dios, a detectar los aspectos más duros de nuestro corazón, nuestros escondites, nuestros momentos de huida y, a pesar de todo, a confiar en Él toda nuestra vida, como el barro en manos del Alfarero, incluyendo nuestros «sí», nuestros «pero» y nuestros «no».

Ser puentes de ida y vuelta
Como decíamos anteriormente, nuestro autor analiza en estas páginas la importante función que en un determinado discurso cumplen algunas palabras que en sí son muy pequeñas y solas no dicen nada, pero que unidas a otras dan sentido a una frase. Con ello podemos leer entre líneas un hermoso mensaje: también nosotros, desde nuestra pequeñez, en comunión con otros, estamos llamados a formar parte de una gran misión. Se nos llama a ser conectores, enlaces, puentes entre Dios y los hermanos.

En la actualidad, sea cual sea nuestra vocación y nuestra labor cotidiana, nos encontramos cada día con realidades de personas, familias y comunidades fragmentadas, divididas, rotas. Es allí donde estamos llamados a ser testigos de la esperanza, a unir lo que está separado, a tejer relaciones de cordialidad, a crear espacios serenos donde Dios pueda habitar. En una idea muy gráfica de san Manuel, podemos decir que estamos llamados a ser puentes de ida y vuelta, para llevar a los hombres hacia Jesús y, llenos de Él, volver a salir al encuentro de los demás.

En sintonía con el Mes misionero extraordinario
Tengo entre mis manos la primera edición de Partículas de Evangelio. Me llama la atención el diseño a color de la portada y que, al comienzo de cada apartado, se incluyen pequeños dibujos alusivos al contenido. En el lenguaje tecnológico de hoy podríamos decir que presenta diversos iconos que sirven de ventanas para dar un vistazo a la página completa.

Esto me lleva a pensar en el Mes misionero que el santo padre nos invita a vivir este año 2019 de manera extraordinaria. D. Manuel y los primeros miembros de la Familia Eucarística Reparadora fueron grandes misioneros, pusieron en juego todos sus talentos y capacidades para que el mensaje de Jesús sea atractivo y cercano a los hombres y mujeres de su tiempo. Hoy nos toca a nosotros levantar con entusiasmo la antorcha que hemos recibido, y continuar la misión. Porque, como nos dice el papa Francisco: «Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios» (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2019).

San Manuel, en sus escritos, nos indica cuáles son las dos lámparas que iluminan nuestro camino misionero: el Sagrario y el Evangelio. Sus palabras, su testimonio de vida, nos siguen animando e impulsando para ser miembros humildes, alegres y creativos de una Iglesia en salida. Porque «una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente. Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad (cf. 2Co 5,14-21)» (ibíd.).

Damos gracias al Señor por este tiempo de gracia y, de la mano de los santos y en sintonía con la Iglesia universal, desde esta sección os deseamos un ¡Feliz octubre misionero!

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

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