La liturgia, encuentro con Cristo (octubre 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2019.

La patena vítrea de Cástulo

En la campaña arqueológica del verano de 2014 se descubrió en Cástulo, cerca de Linares (Jaén, España), una patena de vidrio en la que se puede ver una de las primeras representaciones iconográficas de Cristo. El hallazgo, en una de las estancias de un edificio de culto cristiano de esta antigua ciudad íbero-romana, se data en la segunda mitad del siglo IV.


Una patena eucarística es un plato o bandeja en la que se presenta el pan de la Misa, se invoca al Espíritu (epíclesis) durante la Plegaria Eucarística, con la que se realiza la santa oblación al Padre y sobre la que se parte la hostia (fractio panis) para la Comunión. Según antiguas descripciones de la celebración cristiana se usaban platos de tamaño considerable (patinæ ministeriales) que, al igual que los cálices, podían estar fabricadas, además de en oro y plata, en vidrio, madera noble o cobre. El uso de vasos eucarísticos de cristal está atestiguado, al menos, desde el pontificado del papa Ceferino (199-217c.), que irán siendo reemplazados por metal a partir del s. IV (cf. Liber Pontificalis I, 61.139).

La patena que nos ocupa, hallada de forma fragmentada bajo los escombros, «de 22 cm de diámetro y aproximadamente 4 cm de altura, presenta un estado de conservación excepcional (restituida en un 81% de su totalidad) y está realizada en vidrio de tonalidad verdosa, ejecutando el artesano la decoración mediante la técnica del esgrafiado» (equipo arqueológico Forum MMX). Además de su antigüedad y materialidad (vidrio) destaca el esquema figurativo: tres personajes con aureola y toga. El central, y más alto, es Cristo, flanqueado por dos discípulos. La escena aparece enmarcada entre dos palmeras y, en lugar destacado, el crismón con las letras griegas alfa y omega. Falta la parte inferior de la imagen donde, en escenas paralelas, aparece un montículo con cuatro ríos. El borde circular de la patena está resaltado por una franja que muestra una secuencia en espiral.

La Traditio Legis
Esta patena constituye una de las manifestaciones de iconografía cristiana más antiguas y mejor conservadas de la península ibérica. Pero, además, este vaso eucarístico hallado en Cástulo recuerda la famosa composición cristiana denominada Traditio Legis (entrega de la Ley). En ella, Cristo es representado sobre un monte, como nuevo Moisés, flanqueado por Pedro a la derecha de la imagen y por Pablo a la izquierda. El Señor, en pie, aparece con la mano derecha levantada y con la izquierda desplegando un rollo. La gestualidad de la mano derecha, con la palma abierta, y su posición sobre una colina de la que brotan los cuatro ríos del Paraíso (Gn 2,10ss) son signos de su poder como Pantocrátor (Señor y Creador). Los cuatro ríos manan de la única fuente para vivificar los cuatro puntos cardinales del mundo: la vida para el mundo.

En las composiciones de la Traditio Legis el rollo desplegado permite leer la expresión Dominus legem dat o Dominus pacem dat (El Señor entrega la Ley / El Señor concede la paz). Según una inscripción u otra, el motivo iconográfico se puede interpretar como un antitipo de Moisés, que recibe la Ley en el monte Sinaí y la entrega a su pueblo (cf. Ex 24), o como quien convoca en el monte santo para el banquete de paz a todas las naciones, en cumplimiento de la profecía (cf. Is 2,2-4). En ella, el Señor se sitúa sobre el monte donde Dios mismo prepara un banquete con una dimensión universal. Ese banquete presenta a Jerusalén como «visión de paz» y centro de atracción para las naciones. En cualquier caso, la imagen alude al monte Sión, donde aparece el Cordero en pie como vencedor de la muerte (cf. Ap 14,1) y donde los cuatro ríos simbolizan los Evangelios: cuatro corrientes de vida de una única fuente, la Palabra.

Lamentablemente, en Cástulo no se han encontrado los trozos vítreos –de la parte inferior de la patena– donde aparecerían los pies de Cristo sobre el monte.

Una iconografía eucarística…
La patena contiene el pan de la vida eterna, la vida del Paraíso. De ahí el interés de esta representación en la que las palmeras evocan el mundo paradisíaco en cuyo centro se alza el árbol de la vida, que prefiguraba el árbol de la cruz. En esta patena es el Señor mismo quien presenta la cruz como árbol de la vida, como indicando que participar de la Eucaristía es gustar anticipadamente de su fruto eterno («el que me come vivirá por mí» Jn 6,57). Gracias a la liturgia eucarística, la esperanza de vivir eternamente con el Señor en el Paraíso se nos anticipa –en el tiempo de la Iglesia– con esta prenda que es el pan de vida.

La patena –como hemos visto– se sitúa en una época en la que florece el esquema iconográfico de la Traditio Legis. En Cástulo, Cristo aparece como vencedor y cronócrator (Señor del tiempo). Su victoria se anuncia con la mostración de la Cruz gloriosa, la crux gemmata, y con el lábaro constantiniano (las dos primeras letras de la palabra Cristo en griego: la X y la P). El signo reclama aquella conocida inscripción: «Con este signo vencerás». La victoria es de Cristo, el León de la tribu de Judá (Ap 5,5), extendida a los que entran en comunión con Él. Es el acicate en este tiempo de lucha: «Los vencedores comerán del árbol de la vida del Paraíso» (Ap 1,7).

Pero el lábaro o crismón aparece flanqueado con las letras alfa y omega, la primera y la última del alfabeto griego. La presentación de Dios y de Cristo como principio y fin de toda realidad aparece en el último libro de la revelación (Ap 1,8; 21,6; 22,13 cf. Is 44,6; 48,12). De hecho, la expresión del Apocalipsis aparece recogida ya por el poeta hispano Aurelio Prudencio (348-410) en su himno navideño Corde natus ex Parentis (Cathemerinon, 9). La endíadis «alfa y omega» se encuentra especialmente en las liturgias hispana y céltica (como en el himno eucarístico de Bangor, cf. El Granito de Arena, septiembre 2019, n. 1718, pp. 16-17).

…del Maestro y los discípulos
En contraste con las representaciones de tipo siríaco, donde aparece el Señor como un hombre maduro y barbado (iconografía oriental posterior), nuestra patena muestra a Cristo como un joven imberbe con cabello corto y rizado (iconografía primitiva o de tipo alejandrino). En la patena hallada en Cástulo, el Señor tiene en su mano izquierda la Palabra abierta y con la derecha –en lugar del rollo de la Ley– manifiesta el signo de la Cruz gloriosa. Las figuras que lo flanquean, por la similitud con otras representaciones, pueden identificarse con los santos apóstoles Pedro y Pablo. Aquí, sin embargo, hay una muestra de antigüedad: todavía carecen de los distintivos con que la tradición posterior caracterizará a los fundamentos de la Iglesia de Roma (Pedro, la cabellera y barba canosas y Pablo la calva y barba puntiaguda). Ambos discípulos tienen en su mano izquierda los rollos: han recibido la Ley y la Palabra del Maestro; su misión será custodiarla y difundirla. La predicación apostólica parece estar indicada por el gesto de su mano derecha extendida.

En este contexto eucarístico –es la iconografía de una patena– podemos realizar una lectura litúrgica: ellos han recibido una tradición que transmiten, el hacer lo que Él mandó e instituyó en la Última Cena. La Eucaristía, en el tiempo presente de la Iglesia, es anticipación del encuentro con Aquel que vendrá en el último día, el Hijo del hombre, con su signo en el cielo (Mt 24,30).

Manuel G. López-Corps, Pbro.
Publicado en El Granito de Arena, La liturgia.

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