Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (octubre 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2019.

No llegaré si no es por Ti… hemos llegado gracias a Ti

Del 15 al 22 de agosto, con el lema “No llegaré si no es por Ti”, un grupo de jóvenes (de distintos lugares de España y Argentina) y de Misioneras Eucarísticas de Nazaret emprendieron desde Tui el Camino de Santiago. De esta manera, se unían a tantos peregrinos que a lo largo de
los siglos se han puesto en marcha para llegar hasta
la tumba del Apóstol.


Del 15 al 22 de agosto, con el lema “No llegaré si no es por Ti”, un grupo de jóvenes (de distintos lugares de España y Argentina) y de Misioneras Eucarísticas de Nazaret emprendieron desde Tui el Camino de Santiago. De esta manera, se unían a tantos peregrinos que a lo largo de los siglos se han puesto en marcha para llegar hasta la tumba del Apóstol.

Son ellos quienes responden, en esta ocasión, a una única pregunta: ¿Qué ha significado el Camino de Santiago para ti? Una sola pregunta, una misma ruta transitada, una meta común. Sin embargo, muchas y variadas experiencias, distintas búsquedas y motivaciones; todas ellas revelan lo que fue no solo una peregrinación exterior, sino también un camino interior de encuentro con el Señor y con tantos hermanos, conocidos y anónimos.

Mª Daniela de Juano, m.e.n.
Si nos quedáramos solo en el reto físico, el Camino de Santiago podría haber sido cualquier camino. ¿Qué tiene de especial este camino? Que es encuentro con Dios desde la sobriedad y las pocas cosas, es encuentro con el hermano desde la diversidad y hacia una meta común, acompañándonos y también necesitándonos.

Los días vividos son una metáfora de la vida misma: el tierno sol del amanecer, la espesura del día a mediodía, la lluvia, las cuestas, la soledad y los amigos. Aquel desconocido que te tiende una mano, te alienta a seguir o simplemente te sonríe. El que en su debilidad y sufrimiento muestra su fortaleza. El que abandona. Las ampollas, las contracturas. El verde intenso de los bosques. La vida latente y los pueblecitos mínimos, las transitadas carreteras. El silencio y las risas, la contemplación y la oración. El interminable diálogo con Dios que acompaña todo el camino y que reposa por las noches en un saco tendido al suelo o en un mullido colchón, da igual.

Cada uno llevábamos expectativas e ilusiones. Estábamos dispuestos a acoger las sorpresas que el Señor tenía preparadas. Y allí estuvo Él, hablando a cada uno en el lenguaje que mejor entiende y haciendo de este grupo una comunidad, una pequeña Betania: casa de amigos. Poco a poco cada uno pudo mostrarse tal cual era, con sus inquietudes y deseos, compartiendo historias de vida, dispuestos al servicio, atentos a quien necesitaba una mano o una palabra de aliento. Y no faltaron los momentos de introspección, de examinar la propia vida y plantearse o replantearse el camino a seguir.

No puedo dejar de mencionar a todas las personas que estuvieron allí sin estarlo: los que no pudieron ir, los que nos acompañaron con su oración, aquellos a quienes llevábamos especialmente en nuestro corazón y por quienes rezamos. Al final del camino nos encontramos todos, los presentes y ausentes, ante la tumba del Apóstol, y en aquel abrazo el Señor nos acogió a todos, curó las heridas, atendió las peticiones y agradeció la gratitud.

Emilia
Eligiendo las fotos del recuerdo final del Camino caí en la cuenta de que no fui la protagonista. Mi camino tuvo rostros hermosos, esperanzados, soñadores, generosos, fuertes, nobles, divertidos, tenaces, humildes, amables, enamorados, creyentes, curiosos, inquietos, anhelantes. Ellos hicieron mi camino. Me acompañaron, me cuidaron, mimaron y me curaron. Me alimentaron y me protegieron. Rezaron conmigo y por mí. Me hablaron y principalmente me escucharon.

Solo tengo palabras de agradecimiento por los días compartidos, por los momentos de oración en comunidad, las charlas grupales y las individuales. Gracias a todo el grupo por caminar a mi lado, conmigo. El Camino ha sido un regalo que el Señor me tenía preparado y que por su gracia mi corazón estaba listo para recibir. Espero y deseo que todo lo vivido dé su fruto y que sea abundante en todos nosotros.

Mª Belén, postulante m.e.n.
El Camino de Santiago ha sido una oportunidad en mi vida que vino de forma inesperada, me ayudó a conocerme un poco más, me permitió buscar más a Dios y darme cuenta de su presencia entre mis hermanas, en la gente que caminaba a mi lado, en la naturaleza y sobre todo en la Eucaristía de cada día.

Toda la preparación la viví con mucha ilusión, desde la mochila, que ya supone todo un aprendizaje, porque hay que elegir muy bien lo que metas en ella, y eso te enseña a ir a lo esencial.

Cada mañana nos poníamos en oración delante de una cruz y un signo del camino, me llamó mucho la atención el de las zapatillas, y gracias a que me fijaba en todas las zapatillas que llevaban los peregrinos, ese día vi a un padre con un niño en silla de ruedas que también hacían el Camino. El padre llevaba las zapatillas gastadas por el esfuerzo de empujar el carro, mientras que el hijo las llevaba nuevas porque no podía caminar. Me hizo pensar que no importa si las zapatillas son viejas o nuevas, lo importante es utilizarlas para un buen fin.

En ningún momento caminé sola, además me ayudaba de un bastón y meditaba: «El Señor es mi fuerza y mi energía». ¡Bendita aventura la de este camino! Nada es por casualidad, el Señor nos puso allí. Mi meta era disfrutar del camino y dar el abrazo al Apóstol, y así fue.

Jesús
El Camino ha sido para mí como una renovación interior. A través de ciertos acontecimientos, conversaciones con el grupo, he podido experimentar que Dios nos quiere con locura y que siempre está a nuestro lado. También me ha ayudado a salir de mí mismo y a ver su voluntad.

Alba
Se podría decir que hace casi un año que comencé el Camino de Santiago. Una amiga me comentó que las Misioneras Eucarísticas lo estaban organizando y sin dudarlo en ningún momento dije sí a esta aventura.

Un año después, la aventura comenzaba y con los primeros pasos, se me entremezclaban muchos sentimientos, ilusiones, deseos y miedos.

En los siguientes días, con los primeros rayos de sol, nos poníamos en marcha, con nuestra mochila a la espalda, nuestro bastón y fijándonos en las flechas amarillas que nos iban indicando qué camino seguir. Había días en los que el camino se hacía corto, sin embargo, otros días deseabas tirar la mochila y abandonar. Paso tras paso, el cansancio se iba haciendo cada vez más evidente, pero el deseo de llegar a nuestro destino también crecía. Finalmente llegamos a nuestra meta, abrazamos al Apóstol, y de nuevo una mezcla de emociones y pensamientos.

Nunca caminé sola, tuve grandes compañeros de camino con los que compartimos risas, cansancio, conversaciones y algún que otro ronquido por las noches. Ninguno de nosotros hubiéramos sido capaces de llegar a Santiago si no llega a ser por Él, el principal compañero: Jesús. En la mochila de regreso no me traje ropa sucia, sino amigos, experiencias, risas, momentos inolvidables. Al final, es una enseñanza de la vida. Al igual que durante el camino había etapas fáciles y etapas más difíciles, en la vida también te encuentras con momentos más llevaderos y otros en los que desearías tirar la toalla. Pero lo importante es que nunca olvides tu meta y siempre sigas hacia adelante. Siempre tendremos un bastón en el que apoyarnos, flechas que nos indiquen el camino y coches escoba donde reponer nuestras fuerzas.

Lucía y Fernando
Para nosotros ha sido una experiencia inolvidable. Al principio la emprendimos con un poco de miedo por no saber si íbamos a aguantar cada día, cómo nos encontraríamos, cargar con el peso de la mochila, realizar todos los kilómetros.

Sin duda volveríamos a repetir, ya que es maravilloso poder compartir con más gente este momento de peregrinación, así como el dedicar cada día un ratito a estar con Jesús, ya sea en la oración de la mañana, a lo largo del camino, por las tardes, en la iglesia o antes de irnos a dormir. También nos ha servido para desconectar un poco de las rutinas que llevamos día a día, del estrés, del estar enganchados a las tecnologías; hemos podido conocer gente nueva que se han convertido en nuestros pilares cada día, con los que hemos compartido risas, juegos y muchas momentos inolvidables, ya que al final pasan a formar parte de tu vida.

Además, creemos que hemos podido conocernos a nosotros, escuchar a Jesús, porque por algún motivo u otro Él nos ha elegido para convertirnos en peregrinos y realizar el Camino solo llevando aquello que es imprescindible. Por otro lado, después de la experiencia nos hemos dado cuenta que aquello que en un principio puedes pensar que es importante o imprescindible, a lo que no puedes renunciar, ya sea algo material o personal, descubres que no es necesario o puedes hacer frente al Camino sin ello. Es algo inexplicable desde que empiezas hasta la llegada a Santiago, cada kilómetro realizado, cada anécdota vivida. Por tanto recomendamos a otros jóvenes que si tienen la oportunidad de realizarlo, no duden en hacerlo.

Gabriela
Cuando hay deseo de encontrar respuestas, como era mi caso y el motivo principal por el que decidí hacer el Camino de Santiago, se empieza una gran aventura, una andadura de búsqueda, de estar atentos a las cosas pequeñas e insignificantes. Se empieza, de una forma nueva, a descubrir señales y signos que muchas veces hablan por sí solos, y lo que es más importante, descubres que en esa búsqueda no estás solo, sino que hay personas que caminan a tu lado con las mismas, o casi parecidas, ansias de encontrar respuestas.

He de confesar que me costó decidirme a hacer el Camino, porque tenía varias puertas abiertas para el verano, pero sin duda, puedo comprobar que ha merecido la pena haber hecho renuncias y haber tomado la decisión de hacer el Camino de Santiago. La respuesta a mis inquietudes las he encontrado en las conversaciones que he mantenido con las personas que han caminado a mi lado, en los talleres, en los momentos intensos de oración, de encuentro con Dios, en abrir los ojos (más allá de mi micro mundo) y ver la presencia de Dios en medio de la naturaleza, y sobre todo, en los compañeros de camino.

Conforme iban pasando las horas, los días, me fui acostumbrando a la dinámica del camino, de cada jornada e incluso a las personas, que sin darte cuenta le vas cogiendo cariño e incluso su compañía te parece primordial, lo cual hace que se creen lazos sobrenaturales, que durante los primeros días de regreso a la rutina cuesta horrores olvidar, o mejor dicho, acostumbrarte a que físicamente no están caminando a tu lado, pero sí están presente de una manera espiritual.

Mi experiencia ha sido positiva: Dios está presente y Él se sirve de todo para hablar al corazón. Doy gracias a Dios y a todas las personas que lo han organizado por haberme permitido formar parte de esta gran aventura que, sin lugar a duda ha sido, es y será, el comienzo de un nuevo recorrido, el camino de mi propia vida.

Mª Francisca, m.e.n.
El Camino para mí ha sido una experiencia única, llena de amor, de compartir, de encuentro, agradecimiento, acogida, dolor, alegría, amistad, comunión. La presencia del otro a cada paso ha ido transformando de un modo especial nuestra vida. ¡Gracias por tanto!

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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