Cordialmente, una carta para ti (septiembre 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2019.

La crisis climática actual

Apreciado lector: Como recordarás, el pasado 5 de junio se celebró el Día mundial del medio ambiente, efemérides con la que la ONU busca concienciar, año tras año, de la urgente necesidad de cuidar la casa común, el planeta Tierra. Como destaca esta organización mundial, «el ser humano es a la vez obra y artífice del medio que le rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente».
Pese a esta gran verdad, venimos tratando bastante mal el planeta que nos proporciona el sustento y regala la oportunidad de desarrollarnos en todos los órdenes de la vida. Consecuencia de este maltrato es la contaminación del aire que respiramos, problema en el que se centró este año el Día mundial del medio ambiente. Resulta alarmante, estimado lector, que mueran al año medio millón de personas debido a la contaminación producida solamente por los medios de transporte. En este sentido, hay que destacar que este sector representa la cuarta parte del total de las emisiones de gases tóxicos. Según los últimos informes, más de 33 millones de vehículos altamente contaminantes están circulando por las carreteras de la UE. Mientras esto ocurra, el aire que respiramos estará necesariamente contaminado.

Efecto invernadero
Hoy está demostrado que el llamado efecto invernadero no solo está ligado a las emisiones de CO2, sino que influye en la formación de las olas de calor que venimos padeciendo en Europa. Por tal razón, es preciso limitar dichas emisiones de gas tóxico. Claro está que para llevar a efecto esa limitación son necesarias varias medidas, entre ellas la utilización de las energías limpias o renovables. Es urgente dar un golpe de timón y cambiar de rumbo, porque vamos mal. Baste este dato: en los últimos 20 años el uso de energías renovables tan solo ha crecido en todo el mundo un 7%. Esto significa que la mayor parte de la energía que se viene utilizando es contaminante. De seguir así, muy pronto el aire del planeta Tierra será irrespirable.

Palabras del papa
Por todo lo anterior, el papa Francisco hizo un llamamiento, el pasado 14 de junio, a los participantes en el Convenio promovido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Destacó el pontífice en aquella ocasión que la crisis ecológica de nuestros días constituye una seria amenaza para el futuro de la especie humana. También recordó algunos temas que ya aparecían en su encíclica Laudato si´ como, por ejemplo, cuando dijo que «las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía». Desgraciadamente, y debido a la dejadez de unos y a la irresponsabilidad de otros, tales predicciones son hoy una amenaza real e innegable.

No olvidó el santo padre, ante la actual crisis climática, a los más vulnerables: a los pobres. Refiriéndose al calentamiento global, afirmó: «Ante tal emergencia climática, debemos tomar las medidas oportunas para no cometer una grave injusticia con los pobres y con las generaciones futuras […] Efectivamente, son los pobres quienes sufren el peor impacto de la crisis climática».

Generaciones futuras
Como podemos comprobar, estimado lector, junto a su gran preocupación por los pobres hay otra no menos grande: las futuras generaciones. Estas generaciones «están a punto de heredar –denunció el papa– un mundo en ruinas». Y añadió a continuación: «Nuestros hijos y nietos no deberían tener que pagar el costo de la irresponsabilidad de nuestra generación. Me excuso, pero quisiera subrayar esto: ellos, nuestros hijos, nuestros nietos no deberían pagar, no es justo que paguen el precio de nuestra irresponsabilidad». Palabras duras contra quienes de algún modo son responsables de la actual contaminación del aire y de la crisis climática que padecemos.

Seguidamente, hizo una amplia referencia a estos tres puntos, los cuales están íntimamente interconectados: primero, una transición correcta; segundo, el precio del carbón y tercero, la transparencia en la notificación de los riesgos climáticos.

Finalizó el pontífice su discurso con estas palabras cargadas de esperanza: «Hoy se necesita una transición energética radical para salvar nuestra casa común. Todavía hay esperanza y queda tiempo para evitar los peores impactos del cambio climático, siempre que haya una acción rápida y decisiva».

Confiando, amigo lector, en que surgirá esta acción rápida y decisiva, te saluda cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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