Cartelera recomendada (septiembre 2019): El insulto

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2019.

El perdón verdadero, signo de grandeza

Una discusión surgida de un incidente trivial puede tener graves consecuencias. Esta película es una crónica de cómo, a consecuencia del odio religioso e ideológico, un conflicto aparentemente insignificante, producido por un insulto a destiempo, puede llegar a propagarse hasta consumir a una ciudad entera o toda una nación.

El insulto

Duración: 110 minutos – Año: 2017
País: Líbano – Género: Drama judicial. Guerra de Líbano
Director: Ziad Doueiri
Reparto: Adel Karam, Kamel El Basha, Christine Choueiri
Dónde verla: DVD, Youtube desde 6,99€

El film El insulto nos habla de la complejidad de las relaciones humanas y de la importancia y necesidad del perdón y la reconciliación. Toni, cristiano libanés, riega las plantas de su balcón. Un poco de agua se derrama accidentalmente en la cabeza de Yasser, musulmán palestino, capataz de una obra. Entonces estalla una pelea. Yasser, furioso, insulta a Toni. Él, herido en su orgullo, decide llevar el asunto ante la justicia. Comienza así un largo proceso en el que el conflicto tendrá, cada vez, mayores consecuencias, hasta llegar a convertirse en un caso nacional, enfrentando a palestinos y cristianos libaneses. Un choque entre diferentes culturas y religiones que solo la tolerancia podrá resolver.

El trasfondo histórico
Tras la formación del Estado de Israel gran cantidad de palestinos se quedaron sin hogar. Muchos de ellos se refugiaron en el Líbano, pero la sociedad libanesa sentía rechazo por ellos, llegando incluso a considerarlos enemigos. El caso de Toni y Yasser reabrirá viejas heridas. Como una bola de nieve, lo que comienza como un conflicto entre dos ciudadanos alcanza proporciones inusitadas, convirtiéndose en una batalla judicial que alcanza una dimensión nacional; una excusa para que aflore el odio religioso e ideológico haciendo manifiesta la precaria coexistencia de musulmanes y cristianos en Beirut y avivando los recuerdos de atrocidades del pasado. La guerra civil, que terminó oficialmente en 1990, parece estar a punto de estallar de nuevo

Heridas del pasado
En la película se entremezclan los conflictos políticos y religiosos y también las heridas personales que afectan a los protagonistas, marcados por acontecimientos históricos traumáticos ocurridos durante su juventud. Todo ello les lleva a sobredimensionar el altercado entre ambos.

La actitud arrogante, orgullosa y despectiva de uno de los protagonistas es reflejo de un corazón endurecido, incapaz de abrirse a la necesidad el otro, marcado por ofensas pretéritas. Al ver la película brota la reflexión sobre la fragilidad humana y las huellas que dejan los acontecimientos del pasado, así como la importancia de los procesos de sanación, que hacen posible curar esas heridas y vivir reconciliados y en paz.

Aunque no está basada en un caso real, esta historia bien puede reflejar lo que muchas veces pasa en nuestra vida cotidiana: algo que comienza siendo un malentendido insignificante, se convierte en un gran problema, perjudicando gravemente nuestra relación con la otra persona, repercutiendo, incluso, en quienes nos rodean. A través de la actitud de los protagonistas, la película refleja cuánto nos cuesta reconocer nuestros errores. Con frecuencia los negamos, nos justificamos o culpamos a otros, con lo cual el conflicto permanece abierto.

El perdón nos libera
Pedir perdón a tiempo puede evitar conflictos mayores. El perdón no es signo de debilidad, sino de grandeza, pues solo los de corazón grande son capaces de salir de sí mismos, y poner en primer lugar el bien del otro. El perdón restaura las relaciones rotas, devuelve la mirada fraterna al hermano, libera el corazón a quien lo pide y a quien lo da. No hay que tener miedo de abajarse, de ceder, de desprenderse de uno mismo. Esa es la actitud que nos enseñó Jesucristo. «Perdonar setenta veces siete» y «poner la otra mejilla» no son solo palabras bonitas o ideales, sino el manual del cristiano, el camino de perfección. Jesús vino a hacernos libres y nos enseñó a liberar nuestro corazón del odio, del rencor, del desprecio, es decir, de todo aquello que nos separa del hermano y nos impide caminar juntos.

El papa Francisco en su catequesis del 24 de abril de 2019 nos recuerda que el Evangelio de Mateo, inmediatamente después del texto del Padre Nuestro enfatiza precisamente la quinta petición, la del perdón fraterno: «Si vosotros, perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,14-15). Si no perdonas, Dios no te perdonará. Tú cierras la puerta. Y si no puedes hacerlo, porque te han hecho mucho daño, pídele al Señor que te dé la fuerza para hacerlo: Señor, ayúdame a perdonar. Aquí encontramos el vínculo entre el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor llama al amor, el perdón llama al perdón.

Jesús inserta el poder del perdón en las relaciones humanas. Especialmente donde debemos poner una barrera al mal, alguien debe amar más de lo necesario, para comenzar una historia de gracia nuevamente. El mal conoce sus venganzas, y si no se interrumpe, corre el riesgo de propagarse y sofocar al mundo entero. La ley del talión (lo que me hiciste, te lo devuelvo) Jesús la sustituye con la ley de amor: lo que Dios me ha hecho, ¡te lo devuelvo! Con una palabra, un abrazo, una sonrisa, podemos transmitir a los demás lo más precioso que hemos recibido ¿Qué es lo más precioso que hemos recibido? El perdón, que debemos ser capaces de dar a los demás.

Ana Mª Cayuso Prados, m.e.n.
Publicado en Cartelera recomendada, El Granito de Arena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *