Editorial (julio-agosto 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2019.

Un verano carismático

La gran mayoría de los lectores de El Granito de Arena, viven en el hemisferio Norte. por este motivo, julio y agosto son meses de vacaciones o propicios para tomar unos días de descanso o, al menos, cambiar de actividades. En el hemisferio Sur también suelen darse unos días de descanso escolar, si bien son vacaciones de invierno.

Mucho se ha hablado de que «Dios no se toma vacaciones», de que siempre nos está esperando, de que no hay que abandonarlo en estos días estivales… Curiosamente, no se ha hablado tanto de las hermosas oportunidades que nos ofrecen estos días de descanso para encontrarnos (o reencontrarnos, si fuera el caso) con Dios. Más aún, las vacaciones son tiempo especial para estar junto a Él, escuchar su voz en ámbitos nuevos y descansar en su abrazo misericordioso.

Las oportunidades son prácticamente infinitas. De hecho, sobre todo los religiosos, en estos meses suelen hacer sus ejercicios espirituales, una práctica que cada vez más está pensada y dirigida a seglares. Varios días (generalmente ocho) de silencio, tiempo para aquietarse interiormente en la oración con el Padre, contemplando al Hijo, dejándose guiar por el Espíritu. A través de diversas técnicas (por eso el nombre de ejercicios, en plural), que san Ignacio vivió en primera persona y después dejó por escrito, nos ofrecen modos de poner nuestro espíritu en forma. Así como los ejercicios físicos ayudan a estar en buena forma física, de la misma manera los ejercicios espirituales ayudan a poner nuestro ser espiritual en movimiento, para poder captar la presencia cercana, paterna, amorosa, misericordiosa, cálida y siempre paciente de Dios.

Hay muchas otras formas de orar en vacaciones. La contemplación de las maravillas que Dios ha puesto a nuestro alrededor: un paisaje, una puesta de sol, la lluvia cayendo serena sobre los campos… ¡Privilegiadas ocasiones para agradecer al Creador y descubrir su mano en estos pequeños acontecimientos, de la misma forma que va actuando en nuestra vida! No es esta una forma de oración reciente. Los Salmos muestran, en numerosas ocasiones, la actitud orante de quien es capaz de ver, alabar y agradecer al Creador a través de sus criaturas: «Cuando contemplo el Cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado» (Sal 8).

De igual forma, toda manifestación artística puede ser mediación para el encuentro con Dios. Una obra de arte, una pintura, los templos y su arquitectura, una canción… Dios ha querido dejar en cada ser humano una impronta de su capacidad creadora. Por eso el ser humano es capaz de ser creativo, a imagen de Dios. Es también por ello que podemos descubrir a Dios en el arte, particularmente en la belleza, que es su claro reflejo.

Finalmente, las vacaciones son una ocasión especialmente propicia para la oración eucarística–reparadora. Casi podríamos afirmar que el verano es el tiempo carismático por excelencia de la FER. ¡Cuántas ocasiones de visitar Sagrarios poco frecuentados! ¡Cuántas ocasiones de encontrarnos con Dios hecho hombre y hecho pan en aquellas ermitas o pequeñas iglesias de pueblo! ¡Qué cantidad de retablos, pinturas e imágenes con las cuales elevar nuestro corazón y nuestra alma hacia Dios, que ha sido el que ha dado al ser humano la capacidad de realizar tales obras! Y, cómo no, ¡cuántas ocasiones nos ofrece el verano para acercar a muchos al Dios de la Vida que vive en nuestros mismos pueblos, compartiendo nuestras mismas vidas! ¡Feliz verano, feliz tiempo de encuentro y transmisión de la buena Noticia! «

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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