Editorial (junio 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2019.

No solo devoción, ¡necesidad!

En la tradición eclesial de los últimos siglos, junio es el mes asociado a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, manifestación que tenía especial fuerza en tiempos de san Manuel González. En efecto, muy pocos son sus escritos en los que no se lo mencione, de una forma u otra. En sus cartas, sin ir más lejos, su saludo más recurrente es «estimado… en el Corazón de Jesús». Más aún, en los primeros tiempos de El Granito de Arena existía la sección «Al Amo en sus días», escrita por D. Manuel y cuyos artículos se recopilaron en varios de sus libros.

Actualmente, puede pensarse que la devoción al Corazón de Jesús ha perdido aquella fuerza o, lo que es más erróneo aún, que fue expresión de una situación histórica eclesial concreta pero que ya no tiene cabida en nuestro tiempo. ¡Nada más alejado de la realidad! Sobre todo porque no se puede considerar una devoción pasada de moda cuando ya el Antiguo Testamento menciona en numerosas ocasiones (¡26!) el corazón de Dios, un corazón con el que se compadece del hombre.

Afirmaba Benedicto XVI en 2009 que «¡el corazón de Dios se estremece de compasión! En esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús la Iglesia presenta a nuestra contemplación este misterio, el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad. Un amor misterioso, que en los textos del Nuevo Testamento se nos revela como inconmensurable pasión de Dios por el hombre. No se rinde ante la ingratitud, ni siquiera ante el rechazo del pueblo que se ha escogido; más aún, con infinita misericordia envía al mundo a su Hijo unigénito para que cargue sobre sí el destino del amor destruido; para que, derrotando el poder del mal y de la muerte, restituya la dignidad de hijos a los seres humanos esclavizados por el pecado. Todo esto a caro precio: el Hijo unigénito del Padre se inmola en la cruz: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Símbolo de este amor que va más allá de la muerte es su costado atravesado por una lanza. A este respecto, un testigo ocular, el apóstol san Juan, afirma: “Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (Jn 19,34)» (Homilía en el rezo de las II vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 19/6/2009).

¡Cómo va a estar pasada de moda una devoción que nos recuerda que Dios tiene un corazón así de compasivo! En una sociedad que desprecia a unos para olvidar a otros, que no es capaz de compadecerse de los demás, ¡cuánto bien le hace poder descubrir que el Dios de Jesucristo tiene un corazón capaz de acoger a todos, también a los pecadores, los excluidos y a quienes lo han negado!

¡Qué hermosa misión la que nos deja el amor entregado en una cruz: anunciar sobre todo con la propia vida, más que con las palabras, a este Dios que no cejará jamás en su empeño por hacernos felices, porque nos ama con locura! ¡Qué agraciados somos los cristianos por haber sido destinatarios de esta Buena Noticia, la del amor de Dios, la única noticia que no admite componendas ni «peros»!

Celebremos, con gozo incontenible, esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que es, simultáneamente, devoción y necesidad para la humanidad de hoy. Sin el amor de Dios, nuestras vidas vagan buscando sucedáneos de felicidad. Hagamos que este gozo sea el mejor testimonio que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos. ¡Gracias, Señor, por mostrarnos tu Corazón! «

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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