Historias de familia (junio 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2019.

En el mes del Amo, un recuerdo a un reloj como pocos

«En el mes del Amo». ¿En cuántas ocasiones escribiría san Manuel González esta frase para referirse al mes de junio? Cuesta dejar pasar el mes de junio sin incluir en las páginas de El Granito de Arena, alguna referencia a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús que san Manuel vivió con tanta intensidad durante toda su vida.

Resulta muy difícil deslindar episodios concretos de su vida en los que esta devoción se ponga de manifiesto y es que su amor al Sacratísimo Corazón de Cristo estuvo presente en todas y cada una de sus obras y de sus escritos, y ello porque vivió esa devoción en todos y cada uno de los días de su vida. Sin embargo creo que merece la pena detenernos en una historia que pone de manifiesto la sencillez y a la vez la profundidad con la que vivió, y extendió, san Manuel González, la devoción a esa dulcísima imagen.

Chiflados del Corazón de Jesús
En sus años de arcipreste de Huelva, D. Manuel solía referirse al grupo de «chiflados del Corazón de Jesús», para designar al grupo de hombres que, seguramente atraídos por su personalidad y simpatía, se convirtieron en sus grandes amigos y, como D. Manuel no tenía otro norte que llevar personas ante el Santísimo, estos amigos se convertirían, casi al mismo tiempo, en los adoradores de Jesús Eucaristía en aquel Sagrario de San Pedro y en colaboradores en las obras sociales que emprendería en la ciudad.

Así describía a este grupo uno de ellos, D. Agustín de la Corte: «Después de haber asistido a los cultos de la tarde en la parroquia de San Pedro de Huelva, acostumbrábamos varios amigos a charlar durante un buen rato en el porche, delante de una de las fachadas de la Iglesia, situado a grande altura sobre el nivel de la calle, y allí nos anochecía. El sitio era por demás agradable, pues estaba bañado todo él por las brisas del mar, que a no mucha distancia de allí se divisaba. Don Manuel, así le decíamos al entonces Arcipreste de Huelva, presidía nuestra reunión y animaba nuestra charla. ¡Qué grata nos era su preciosa compañía! Irremisiblemente, como movido por un resorte, todas las noches a la primera campanada de las diez que daba la torre, se levantaba y decía: “A las diez en la cama estés; más bien antes que después”. Rezábamos una como salutación de despedida al Santísimo, que lo teníamos a nuestras espaldas, en el Sagrario, al AMO, como él le decía y nos marchábamos todos juntos. Lo acompañábamos hasta su casa, muy cerquita de la parroquia, en el “Paseo del Chocolate” y nos íbamos cada mochuelo a su olivo. En el recinto tranquilo de nuestro hogar, ya solos, rumiábamos, como pudiera decirse, los santos consejos que en todo momento nos daba, y recordábamos sus ocurrencias y gracejo en el decir, su sana y bendita conversación, su amena charla» (El Granito de Arena, julio/1949 n. 932, p. 195). ¡Con cuánta naturalidad sabía D. Manuel ganar almas para el Sagrado Corazón!

No sabemos los nombres de todos aquellos hombres. Manuel Siurot, Nicolás de la Corte, José Cádiz, Andrés de Mora Batanero, Enrique Díaz, Antonio Olivera, estos y seguramente algunos más, formaban parte de aquel grupo que acompañaba y animaba a D. Manuel en sus proyectos. Como cuando nació, en 1908, la Granja Avícola del Sagrado Corazón, una de esas pequeñas grandes obras que pondría en marcha en Huelva para aliviar el hambre y sobre todo la necesidad de aprender un oficio que tenían muchos de los muchachos que vagabundeaban por los alrededores de su parroquia.

D. Manuel escribió que «oír al amigo, ver el huerto en compañía de los chiflados y hacer firme el contrato de arrendamiento, fue cosa de poquísimo tiempo» (OO.CC. II, n. 1835). Si D. Manuel solía hablar de la gente buena de Huelva, al referirse a este grupo decía que eran «flor de la gente buena de aquella tierra» (El Obispo del Sagrario abandonado7, p. 186, nota 69), de modo que no puede extrañar que estos caballeros buscaran compartir un pequeño detalle que les identificara y además, que les ayudara a tener presente la devoción al Sagrado Corazón, en cuyo nombre, y junto al arcipreste, habían iniciado tantas chifladuras.

Un reloj con corazón
Por aquellos tiempos era corriente entre los hombres usar lo que llamamos reloj de bolsillo, pues bien, aquellos primeros discípulos de San Juan onubenses diseñaron uno en cuya esfera podía reconocerse el anagrama del Sagrado Corazón. Sabíamos de la existencia de este reloj gracias a dos testimonios.

De un lado el de Mons. Enrique Delgado Gómez, que fuera obispo de Almería y de Pamplona y que era residente en el Colegio Español en Roma en los días en los que el arcipreste de Huelva visitó este centro en 1912. Del otro, el de un sacerdote portugués que coincidiría en la basílica de Lourdes con la hermana y la sobrina de D. Manuel años después de su fallecimiento.

D. Enrique Delgado era un joven de 24 años, recién ordenado sacerdote y dispuesto a seguir estudios eclesiásticos en Roma, cuando en noviembre de 1912 compartió con un grupo de residentes en el Colegio español, en el Palazzo Altemps, un rato de charla con el arcipreste de Huelva, que acompañaba al cardenal Almaraz en la ceremonia de toma de posesión de su cargo en Roma (cf. El Granito de Arena, febrero 2019, n. 1713, pp. 16-19). Años después, siendo obispo de Pamplona, D. Enrique evocaba en las páginas de El Granito recuerdos de aquellos días con D. Manuel, escribiendo: «No perdía él el tiempo en Roma cumpliendo aquello de que cada loco con su tema; y el suyo era el amor al Corazón de Jesús y a la obra de las Marías de los Sagrarios. En la Visita dei calori al cardenal y en la recepción de la Embajada en su honor, gozaba D. Manuel en mostrar la hora que marcaba su reloj, muy modesto, porque en el centro de la esfera se destacaba el Corazón de Jesús, que debía estar en todas las horas de la vida» (El Granito de Arena, 03 y 04/1960, nn. 1051 y 1052, p. 60). No solo en el centro de su reloj, en el centro de su vida ya había puesto el arcipreste de Huelva al Corazón de Jesús.

Acogida de sacerdotes
La otra referencia que conocemos sobre a este reloj tan especial la tenemos a través de un sacerdote portugués que llegó a España a finales de 1910 huyendo de la persecución. En octubre de aquel año una revolución había derrocado la monarquía en Portugal. Tras la salida del país del joven rey Manuel II, entre las primeras medidas que adoptó el gobierno republicano, varias afectaban a las relaciones entre Portugal y la Iglesia Católica. Se decretó la expulsión de los jesuitas y se tomaron muchas otras medidas de corte laicista (supresión de órdenes religiosas, confiscación de bienes de la Iglesia, etc.), incluso se decretaron normas para limitar la acción de los obispos. Ante este panorama muchos sacerdotes del sur de aquel país lo abandonaron cruzando el Guadiana, el río que marca la frontera entre España y Portugal, llegando de este modo a la provincia de Huelva.

Don Manuel acogió a algunos de ellos, a pesar de las advertencias del Gobernador civil que pensaba que aquello podía ser visto por las nuevas autoridades portuguesas como una afrenta. Muchos años después «ante la gruta de Lourdes, uno de aquellos buenos sacerdotes –así lo cuenta Campos Giles– se encontró con unos familiares de D. Manuel. En su memoria estaba viva la presencia de aquel arcipreste y de sus padres que lo habían recibido con cariño de familia… Y, como prueba del recuerdo constante de aquella temporada inolvidable, les mostró su reloj que aún conservaba con el diminuto Corazón de Jesús en medio de su esfera, tal como se lo pintaron en Huelva por entonces. Así solían tenerlo todos los que formaban aquel grupo de chiflados por el Amo. Era el sello de la familia ¿Y qué mejor símbolo de aquella caridad que halló en el Arcipreste» (El obispo del Sagrario Abandonado3, p. 210).

Pues creo que tan curiosas como estas dos anécdotas que acabo de relatar, puede resultar la narración de la forma en la que he podido encontrar, y adquirir, un ejemplar de este reloj tan especial. Durante el verano de 2018, localicé un negocio de antigüedades en Cádiz que tenía a la venta un viejo reloj de bolsillo que conservaba, estampado en el cristal, la imagen de un corazón de Jesús. Seguí curioseando y cerca se encontraba una fotografía, hecha en el estudio de Diego Calle en Huelva. Se trataba de un retrato en el que podía verse un elegante caballero que llevaba un detente con forma de corazón en el chaleco. Poco después aquel viejo reloj que no funcionaba y esa antigua foto de un desconocido, se convertían en el testimonio presente de una historia de hace un siglo, cuando D. Miguel Vázquez de la Corte, que ese era el nombre del fotografiado, posaba, seguramente orgulloso, con aquel detente que le identificaba como miembro del grupo de chiflados del Corazón de Jesús o, usando palabras de aquel santo sacerdote con el que charlaban al atardecer en la puerta de San Pedro, que le señalaba como «flor de la gente buena de su bendita tierra».

Aurora Mª López Medina
(A mi padre Arsenio López de Abajo,
también caballero devoto del Sagrado Corazón y de la Eucaristía, que falleció el 6 de mayo. Descanse en paz)
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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