Cartelera recomendada (junio 2019): El último regalo

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2019.

Descubrir la riqueza de la vida

Jason Stevens es un joven que vive una vida de riqueza y privilegios. Cuando muere su abuelo, él, como todos los de su familia, espera recibir una gran herencia. Sin embargo, su abuelo quiere dejarle, ante todo, el gran aprendizaje de su vida.

El último regalo

Duración: 114 minutos · Año: 2006
País: Estados Unidos
Género: Drama
Director: Michael O. Sajbel
Reparto: Drew Fuller, James Garner, Abigail Breslin, Brian Dennehy
Donde verla: YouTube (gratuita, completa)

Así, Jason se embarca en un viaje de autodescubrimiento para ganarse el verdadero regalo que su abuelo quiso heredarle. A lo largo del camino, Jason hace amistad con una niña y con su madre; con ellas aprende lo que realmente es importante en la vida.

El último regalo es una película familiar que nos enseña a valorar la vida tal y como es, con sus decepciones y alegrías, con su entrega, dolor y cansancio, con toda su bondad y amor. A través de un tema que ha generado gran cantidad de conflictos familiares a lo largo de la historia, la película nos hace valorar los aspectos positivos de la vida diaria como el trabajo, el amor, la amistad y la familia, haciéndonos descubrir, a su vez, las trampas y errores más frecuentes con que las personas pueden vivir estas realidades. El fallecido abuelo del protagonista quiere dejarle la mejor herencia: la posibilidad de crecer como persona; vivir una vida con sentido, con profundidad, disfrutando y valorando aquello que verdaderamente importa. Por medio de las distintas pruebas a las que debe hacer frente el protagonista, según deseos de su abuelo,  Jason va a ir recibiendo una serie de regalos, cosas que no puede contar ni medir, pero que le van a llevar, progresivamente, a descubrir la gran riqueza de la vida.

Dejar nuestra herencia
Esta película refleja la vida de aquellos que, fascinados por el lujo, la opulencia o la comodidad, construyen una vida ficticia, no del todo auténtica, alejada del mundo que les rodea e insensibles a las necesidades de los demás. Miremos a nuestro alrededor. ¿Cuántos son los que viven así, preocupados y ocupados solo de sí mismos y de sus posesiones, deseosos de tener cada día más cosas? Y, sin embargo, está muy claro que de lo material nada nos llevaremos.

¿Y, qué pasa si nos proponemos no esperar a la muerte para repartir nuestra herencia? En el interior de la trama podemos descubrir esta invitación, la de salir de nuestra burbuja, crear vínculos y vivir compartiendo no solo lo que poseemos, sino, sobre todo, lo que somos.

Ayudar a crecer y vivir con sentido no es fácil, pues a veces, puede suponer incomprensión y rechazo, pero merece la pena. Solo el amor es el que nos mueve a desear lo mejor para el otro, sabiendo que la mejor herencia que podemos dejar es vivir en primera persona aquello que deseamos que vivan los demás.

El apego a la riqueza
Por otra parte, la película plantea la cuestión de la riqueza.  Lo sabemos bien: el dinero no da la felicidad; pero qué fácilmente nos aferramos a lo que tenemos, sea mucho o poco. Recordemos aquellas palabras de Jesús: «en verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos». El problema no es la riqueza en sí. El abuelo del protagonista era rico y, sin embargo, supo valorar lo verdaderamente valioso en la vida porque no estuvo apegado a su riqueza. Eso es lo que nos enseñó Jesús en el pasaje del joven rico: «el joven se fue triste, porque era muy rico». Jesús vino a enseñarnos a vivir con libertad, poniendo el corazón en las cosas importantes. El obstáculo no es nuestra riqueza, sino lo que hacemos con ella. Los ricos también podrán entrar en el Reino de los cielos si, como nos muestra la película, utilizan su riqueza para hacer posible que, también otras personas tengan una vida más digna y plena. ¿Acaso no es eso hacer presente ya en la tierra el Reino de los cielos?

En definitiva, la verdadera felicidad que una persona puede experimentar acontece cuando ésta se entrega a los demás; cuando hace de su vida un instrumento que genera felicidad a su alrededor.

El papa Francisco afirma que: «aquello que poseo verdaderamente es aquello que sé dar. De hecho, si no consigo donar alguna cosa es porque esa cosa me posee, tiene poder sobre mí y soy esclavo de ello. Nadie es patrón absoluto de los bienes. Es un administrador de los bienes. La posesión de bienes es una ocasión para multiplicarlos con creatividad y usarlos con generosidad, y así hacer crecer en la caridad y en la libertad» (Audiencia General, 7/11/2018). Pidamos al Señor que nos conceda un corazón generoso y desprendido, capaz de darlo todo y de darse en favor de los demás.

Ana Mª Cayuso Prados, m.e.n.
Publicado en Cartelera recomendada, El Granito de Arena.

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