Palabras de santo (mayo 2019). Florecillas de Sagrario (2ª serie)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2019.

Tiempo de florecer

El libro que hoy comentaremos es Florecillas de Sagrario o En busca del Abandonado (2ª serie). Se trata de una obra póstuma de D. Manuel, si bien solo parcialmente, porque muchos de los textos que la componen habían sido publicados en la revista El Granito de Arena en la década de los años 30. Ver en Google Books, Florecillas de Sagrario (1ª edición, 1945)


Al morir (1940), D. Manuel la dejaba ya lista para la imprenta. Fue publicada en 1945, y reeditada en 1952, 1960, 1981, 1992 y 2014. También se encuentra en el primer tomo de las Obras Completas, dedicado a los escritos de espiritualidad eucarística (nn. 609-810).

En la «Presentación» de la primera edición, ya se aclara que no se trata de una obra póstuma en la que se hayan vertido otros escritos sino que fueron totalmente recopiladas por el autor poco antes de su muerte. Sin embargo, también hacen constar que los mismos editores han «trasplantado a esta segunda serie algunas Florecillas de la primera» ya que encuentran aquí su propio campo y clima de cultivo. De igual forma, también se agregaron títulos y divisiones para facilitar la lectura y formato del libro.

En busca del Abandonado
Veamos cuál es el contenido de este libro, a partir de las presentaciones que hacen sus editores en los años de la primera edición (1945 y 1946). «Sin duda, recibirán con gozo nuestros lectores la noticia de la próxima publicación de un nuevo libro de nuestro venerado Fundador don Manuel González, Obispo de Palencia (q.e.p.d.). Es una segunda serie de sus “Florecillas de Sagrario”, que él mismo dejó seleccionadas y preparadas para la imprenta, antes de su muerte, y hasta con el prólogo de presentación escrito. Son una colección de pensamientos eucarísticos, o como el mismo venerado autor dice en el subtítulo: “Temas para meditaciones, pláticas, retiros, círculos de estudio y reuniones de Marías, de Discípulos de San Juan y de almas eucarísticas que no quieren que Jesús esté abandonado en el Sagrario”. Por eso, si a la primera serie de “Florecillas de Sagrario”, le añadió el título de “En busca del Escondido”, a esta segunda le dio el de “En busca del Abandonado”» (El Granito de Arena, 20/4/1945, n. 882, p. 99).

«¡Nuevo libro de nuestro Fundador! Florecillas de Sagrario (En busca del Abandonado) Segunda serie: 8 pesetas» (El Granito de Arena, 20/10/1945, n. 888, p. 226). «Preciosa colección de pensamientos eucarísticos» (El Granito de Arena, 20/11/1946, n. 901, p. 259).

«Obra nueva. Ya salió… el bellísimo y esperado libro: “Florecillas de Sagrario” o “En busca del Abandonado”, debido a la pluma ungida y brillante de nuestro venerado Fundador. Sus páginas perfumadas de ese rico olor a flores del Sagrario abandonado, penetran suavemente el alma, haciéndola sentir y gustar emociones eucarísticas y reparadoras. Ideas sueltas, que con facilidad se recuerdan durante el día y sirven de lazo de unión con el Señor Sacramentado. El tomito en 8º, primorosamente editado, cuenta con 250 páginas, en nítido, excelente impresión y una bella y delicada cubierta en colores y a la moderna. Su precio es 8 pesetas. Biblioteca “El Granito de Arena”» (El Granito de Arena, 20/3/1946, n. 893, p. 67).

«¿No has leído todavía el nuevo libro “En busca del Abandonado”, segunda serie de “Florecillas de Sagrario”, del Vrdo. Fundador de la Pía Unión de los Sagrarios Calvarios? Si eres alma eucarística y más aún si eres Discípulo de San Juan o María de los Sagrarios, no debe faltar ese libro en tu biblioteca. En él se contienen las esencias más puras de la Obra. Se lee con delectación y provecho. Preciosa portada en colores. En nuestra Administración o librerías religiosas, a 8 pesetas el ejemplar» (El Granito de Arena, 20/7/1946, n. 897, p. 171).

Retazos de una vida
Como en otros libros de san Manuel, también en este encontramos textos compuestos para diferentes ocasiones y destinatarios, con diversos géneros literarios entrelazados (reflexiones, pensamientos sueltos, confidencias, lemas y consignas, etc.).

Se trata de todo un semillero de mensajes y propuestas, pero con un mismo fin: animar, alentar, reavivar los dones que hemos recibido como cristianos, y particularmente como miembros de la familia eucarística reparadora, para que florezcan y den frutos, y frutos en abundancia. Además, pueden apreciarse retazos de la propia vida del autor, del crecimiento de la Obra por él fundada y del contexto histórico de su tiempo. Está formado por el prólogo, una introducción con una carta del Card. Pacelli (con motivo de las bodas de plata de la Obra) y ocho capítulos, que pueden ser leídos en continuidad, o bien como pequeñas florecillas para meditar.

Podemos decir que cada una de sus páginas rebosa del carisma eucarístico reparador, de reflexiones que nos ayudan a transitar a lo largo del año litúrgico y a afrontar diversas situaciones de la vida cotidiana. Sus páginas también nos revelan la profunda sensibilidad de D. Manuel como pastor de almas que, conociendo nuestra fragilidad, nos anima a la vivencia de nuestra vocación. Lo hace profundizando en nuestra identidad como Marías y Discípulos de San Juan (cap. 1-3), dando consejos para que no se desvirtúe el espíritu de la Obra (cap. 4) e intentando que no nos desalentemos ante la realidad y los desafíos de la misión (cap. 5). Además, nos anima a vivir con intensidad cada momento del año litúrgico (cap. 6). También hay un capítulo dedicado a la presencia de los hombres en la Iglesia (cap. 7) y, finalmente, encontramos «pétalos sueltos», que recoge el autor con su pluma en fructíferos momentos de oración ante Jesús en el Sagrario (cap. 8).

Perfume de cielo
Investigando acerca de la génesis de este libro, me resonaban las palabras de los editores: «al morir, don Manuel lo dejaba ya listo para la imprenta». En los números de El Granito de 1940 se percibe, por un lado, la tristeza ante la desaparición física de su fundador (el 4 de enero) y, al mismo tiempo, la serena certeza y alegría de saber que su obra continúa, que sus florecillas de Sagrario inundan la tierra, y como incienso de suave aroma se elevan hacia el cielo. D. Manuel se fue, pero nos dejó un grandísimo legado con su vida y con sus obras, y este escrito forma parte de su testamento final.

Tuve el privilegio hace unos años de vivir en comunidad con una de las hermanas que, siendo muy joven, conoció a nuestro santo obispo: la Hna. Mª del Pilar Bilbao. Recuerdo que hablaba con ella acerca de nuestro fundador, y también me contó sobre su hermana (cofundadora de la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, Hna. Mª Antonia), su sobrina (Hna. Mª de la Concepción González Ruiz) y la primera maestra de novicias de Nazaret, la hermana Mª Mercedes Ruiz Alba. Sus vidas constituyen sólidos cimientos para nuestra familia eucarística, ya que supieron enraizarse, crecer, florecer y dar mucho fruto a los pies del Sagrario y a la sombra de la Cruz, como buenas Marías y en unión y a ejemplo de nuestra Madre Inmaculada. Quiso el Señor, en un mes de mayo como este, en Pascua, llevarse al Nazaret del cielo a nuestra Hna. Mª del Pilar, a la edad de 89 años. Viene ahora a mi memoria cuando, en la acción de gracias de la Misa funeral, una hermana de la comunidad proclamó este precioso himno del tiempo pascual: «La bella flor que en el suelo / plantada se vio marchita / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo». Ciertamente, ella también había sido una florecilla de Sagrario que ahora iba al encuentro del Esposo. ¡Cuántas flores de santidad nos rodean y perfuman nuestras vidas! Son, como dice el papa Francisco, los «santos de la puerta de al lado» que, en lo oculto y cotidiano, aman y se entregan sin cansancio. Sus testimonios nos enriquecen, nos interpelan y nos invitan a ir siempre más allá.

Trigo y amapolas
La imagen que ilustra la portada de la última edición es de una vidriera del seminario de Málaga ideada por san Manuel, en la que se ven espigas de trigo y rojas amapolas. Así profetizó nuestro santo obispo el martirio de tantos cristianos en aquellos años difíciles. Mártires que supieron hacerse pan partido y entregado para que «el Corazón de Jesús sea glorificado y desagraviado por ellos así en paz y sin prisa» (n. 810). Y es que, como nos dice el Evangelio, si la semilla no muere, si no se hace raíz, no puede crecer y ser fecunda (cf. Jn 12).

En su última exhortación apostólica dirigida a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios, Christus vivit, el papa Francisco nos pide que no olvidemos nuestras raíces y nos dice que para que nuestra vida cumpla su finalidad debe ser «un tiempo de entrega generosa, de ofrenda sincera, de sacrificios que duelen pero que nos vuelven fecundos. Es como decía un gran poeta: Porque después de todo he comprobado / que no se goza bien de lo gozado / sino después de haberlo padecido. / Porque después de todo he comprendido / que lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado» (Christus vivit, 108). Ciertamente, nuestra vida es flor con vocación de raíz. Cuidemos nuestras raíces, busquemos al Escondido y Abandonado, y salgamos a anunciarlo con alegría. Solo unidos a Él nuestra vida podrá ofrecer al mundo flores y frutos de gracia y santidad.

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

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