Cordialmente, una carta para ti (mayo 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2019.

El abandono de la Eucaristía

Apreciado lector: En una ocasión te confesé que yo tenía un compromiso moral con san Manuel. Acudí a él ante una enfermedad grave y me ayudó. Agradecido, le prometí que siempre que pudiera me acercaría a sus escritos y que, además, colaboraría desinteresadamente en la revista que él fundó. Pues bien, hoy doy pleno cumplimiento a ese compromiso, ya que no sólo colaboro en El Granito, como vengo haciendo cada mes, sino que esta carta está dedicada a uno de los escritos más valiosos de nuestro santo: El abandono de los Sagrarios acompañados.

Como san Manuel nos dice, lo que él pretende es «presentar algunos modos de abandono que también por parte de sus acompañantes recibe hartas veces nuestro paciente Jesús en su vida o estado de Sagrario» (OO.CC. I, n. 210). Y a continuación expone cuatro formas de abandono de la Eucaristía: «El Corazón de Jesús suele estar abandonado en sus Sagrarios acompañados:

1º. Por la escasa compañía de presencia corporal y espiritual.
2º. Por la débil compañía de imitación.
3º. Por la fría compañía de compasión.
4º. Por la rarísima compañía de la confianza filial y afectuosa».

En esta ocasión, estimado lector, únicamente vamos a ver la primera de las formas, es decir, el abandono de la Eucaristía por la escasa compañía de presencia corporal y espiritual. Haciendo referencia a la presencia corporal y a los Sagrarios en los que no faltan Comuniones y visitas, e incluso a los que tienen muchas Comuniones y visitas, afirma san Manuel: «Y de ellos digo que las más de las veces el Corazón de Jesús, que allí mora, más motivos tiene para quejarse del abandono de los que no van nunca o lo que debieran, que para alegrarse de la compañía de los que le obsequian cada día con su presencia» (OO.CC. I, n. 212). Una realidad decepcionante y bastante triste.

Con el propósito de irradiar luz sobre la cuestión, a renglón seguido se formula nuestro santo algunas preguntas nacidas de la inquietud que siente: «En esos Sagrarios acompañados, ¿dan el obsequio y homenaje a su presencia todos los católicos que viven a su sombra? ¿La mayor parte de ellos, siquiera? Si no la mayor parte, ¿un tanto por ciento a lo menos de consideración, como el cincuenta, el cuarenta, el treinta? ¡El veinte por ciento!» (OO.CC. I, n. 212). Es fácil comprobar que san Manuel es bastante pesimista respecto al número de católicos que se acercan a comulgar. Él quisiera que se acercasen muchos más, aunque quizá se resignase con un cincuenta por ciento, es decir, la mitad de los católicos. Pero cabría preguntarse, apreciado lector, si las cosas han mejorado con el paso de los años. ¿Comulgan ahora más personas que en tiempos de san Manuel o, por el contrario, comulgan menos? Para reflexionar.

Compañía de presencia
En cuanto a la presencia espiritual, escribe: «De esos cinco, diez, veinte por ciento de los vecinos que van a su Sagrario cada día o muy frecuentemente, y le dan aspecto y casi título de Sagrario acompañado, ¿obsequian y honran al Jesús que allí vive con toda la presencia que Él tiene derecho a esperar y ellos obligación de ofrecer?» (OO.CC. I, n. 213). A continuación nos recuerda que Jesús no está en el Sagrario durante algunos momentos del día o de la noche, sino que está todos los minutos del día y de la noche y que «está presente, entero y vivo, en cuerpo, sangre, alma y divinidad».

Nuestro santo, siempre tan humano y comprensivo, reconoce que no podemos dar al Sagrario toda la presencia corporal que Él se merece, porque existen numerosas limitaciones que nos lo impiden (la dificultad del tiempo, de la distancia, de las ocupaciones, de la iglesia cerrada, de la salud, etc.). Por tales razones, dice que «doy por ciertas e insuperables todas las dificultades que disminuyen mi presencia corporal ante el Sagrario, pero ¿con mi presencia espiritual o en espíritu, quien puede meterse?» (OO.CC. I, n. 215). No hay, pues, disculpas para la falta de presencia espiritual ante el Sagrario. En cualquier momento del día o de la noche se puede poner en práctica. Él está allí permanentemente. Su espera no conoce límites.

San Manuel concluye este capítulo con una interesante y certera pregunta: «¿Doy toda la compañía de presencia corporal y espiritual que debo y puedo a Jesús, real y perennemente presente en mi Sagrario?» (OO.CC. I, n. 216). Una pregunta muy importante, amigo lector, porque es seguro que en esa compañía de presencia corporal y espiritual vamos a encontrar el alivio que nuestro cuerpo y nuestra alma están necesitando.

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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