Ecos del encuentro de sacerdotes (Madrid 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2019.

Todo se puede solucionar
si volvemos al Sagrario

El pasado lunes 14 de enero, nos reunimos en Madrid, en la casa de las hermanas Nazarenas, un grupo de sacerdotes venidos de distintas ciudades de España: Málaga, Valencia, Cuenca, Castellón, Tenerife, Palencia, Zaragoza y Madrid.

El objetivo de nuestro encuentro era conocer más la figura y  las intuiciones de san Manuel González, el apóstol de los Sagrarios abandonados. Durante la jornada, además del tiempo de convivencia sacerdotal, tuvimos el honor de escuchar a D. Francisco González, sacerdote de la diócesis de Málaga, muchos años rector del seminario. Verdaderamente nos contagió su afecto por san Manuel. Su conferencia llevaba por título «Las intuiciones de San Manuel González, hoy: sacerdotes hostias y apóstoles laicos, levadura de Eucaristía en la parroquia».

Después de ayudarnos con unas breves pinceladas sobre la biografía de san Manuel, nos ofreció las claves esenciales de su espiritualidad eucarística, el empeño por el cuidado y la formación de los sacerdotes, su audacia apostólica movida por el amor inmenso al Amo Sacramentado y la fecundidad de su obras fundacionales, especialmente la Familia Eucarística Reparadora que trabajan como levadura en las parroquias, con todo su ser y hacer, para eucaristizar a quien se les cruce por el camino. Recuerdo con fuerza este pensamiento de san Manuel dirigido a los sacerdotes: «No hay trabajo más fecundo que el que se hace de rodillas; y sin él los demás, tarde o temprano son infecundos».

Durante el viaje hasta Zaragoza pude reflexionar la experiencia vivida allí. Me di cuenta que nuestra Iglesia puede recuperarse de cualquier crisis si vuelve al Sagrario, es allí donde Dios hace su obra en cada alma por muy perdida que parezca. Desde allí, en la humildad y el silencio del Sagrario, aún abandonado, Cristo sana, consuela, redime, salva. Desde esa fuente de amor que es Cristo en el Sagrario, la Iglesia se renueva y el mundo puede ser un lugar de paz, justicia y verdad.

Como sacerdote, me sentí llamado, como san Manuel, a acompañar a Cristo en el Sagrario y en cada alma; descubrí que el lenguaje, su espiritualidad, sus intuiciones, están en pleno auge, existen  muchos sacerdotes que sienten y piensan como él. En esta oportunidad, pedí a Dios que, a todos los sacerdotes del mundo «se nos desgarre el alma» como a san Manuel, al pensar que Cristo está abandonado, ignorado, ultrajado…que nuestro corazón se conmueva al pensar en «la mayor injusticia: la Eucaristía sin almas y almas sin Eucaristía».

Instrumentos de gracia
La hermana Mª del Valle nos acogió con tal delicadeza que pudimos ver en ella la ternura de Dios y de la Iglesia que cuida de sus sacerdotes, los necesita, les agradece y los impulsa. Personalmente, pude sentir que, a través de las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret, Dios nos confortaba y la Hna. constantemente nos recordaba lo que somos para Él, para la Iglesia y para el mundo: instrumentos de su gracia. A pesar de nuestro barro frágil, somos  canales de consuelo, somos aquellos a los que Cristo se da como Pan para alimentarnos y alimentar a muchos, somos los que suscitamos el hambre y la sed de Dios en la vida humana y luego la dirigimos a la Fuente. 

Tiempo de reflexión, de compartir, orar y celebrar. Al concluir, algunos pudimos celebrar la Eucaristía y venerar la reliquia ósea de san Manuel, con mucho afecto y encomendando nuestras vidas, parroquias y ministerios. Gracias a mis compañeros sacerdotes, a las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret y a la UNER en general, por propiciar esta interesante y provechosa jornada sacerdotal.

P. William, Pbro. (Zaragoza)
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo.