Historias de familia (mayo 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2019.

Cautivada por Jesus silent

Si tecleamos en un buscador de internet «Jesus silent» y a continuación escribimos «Manuel González» nos llevamos la sorpresa de encontrar a la venta no solo un libro editado en Nueva York en 1937 con ese título, sino también una edición de estas que conocemos con el nombre de «a demanda» de un ejemplar de 112 páginas y que se nos presenta así: «Un libro de meditaciones breves. Todos requerimos silencio para descansar y recuperarnos del ruido ensordecedor de la vida contemporánea. El deseo de esta publicación es que sus lectores puedan entender que el silencio es algo necesario cuando se trata de comunicarse con Jesús. Porque Jesús no habla en el tumulto del mundo. Dios no se encuentra en la vorágine».

La historia de Jesus silent, la versión en inglés del libro Jesús callado escrito por san Manuel en 1930, tiene su origen en el viaje a España de una monja ursulina natural de Zanesville, en Ohio, en los Estados Unidos, una mujer con inquietudes intelectuales y al mismo tiempo, y por lo que hasta ahora he podido conocer sobre ella, con una sólida piedad: la hermana Mónica, sister Monica. Mary Ida Maginnis era la novena hija del matrimonio formado por Thomas y Mary Cecilia, una familia católica de raíces franco–irlandesas establecida en los Estados Unidos desde principios del s. XIX (Bulletin of the Catholic Record Society, Diocesis of Columbus, December 2001, vol. XXVI, pp. 187-192).

Profesora y alumna
Ingresó en el convento de Brown County, cerca del lugar donde había nacido, tomando entonces el nombre de sister Monica. Se dedicó a la enseñanza desde 1892 hasta 1930, aunque desde 1917 hasta 1926 realizó estudios universitarios, que concluirían con la obtención del doctorado en la Universidad de Notre Dame. Sister Monica lo hizo aprovechando una curiosa experiencia que se puso en marcha en la Catholic University de los Estados Unidos que durante algunos veranos facilitó el acceso a aquel prestigioso campus universitario a varias religiosas que pudieron de este modo realizar los estudios de bachelor y master que las facultaban para que las enseñanzas que impartían en sus centros pudieran tener reconocimiento oficial.

Aunque su tesis doctoral trató sobre la fundadora de su orden, la italiana Angela Merici y en concreto sobre sus ideas acerca de la educación, su afición por los estudios de historia y su visita a Bolivia, donde uno de sus sobrinos estuvo en misión diplomática, llevó a la hermana Mónica a tomar la decisión de dedicarse a la investigación de las fuentes documentales del descubrimiento y conquista de América . De esta forma, siguiendo la huella de Juan de Castellanos, un explorador y sacerdote español del s. XVI, llegó en 1932 a Sevilla para consultar documentos en el Archivo de Indias, tal como le había sugerido un investigador en la Biblioteca del Congreso en Washington. Eran tiempos turbulentos en España y muchos habían intentado persuadirla para que desistiera de su idea de viajar a este país. Ella, tras hablar con el embajador de España en Estados Unidos que con gran amabilidad la atendió y le proporcionó el contacto de su hermana en Madrid, se trasladó primero a Inglaterra, luego a París y desde ahí, pasando la frontera de Irún, llegó hasta Sevilla.

Aventurera en España
La curiosa aventura de esta monja moviéndose a través de España, visitando bibliotecas y archivos para escribir acerca de la controversia sobre el dominio de la América Hispana en el s. XVI aparece narrada en la biografía que sobre ella escribió Joan Brosnan, o.s.u. (Monica Maginnis: A life, Cincinnati, 1995). Con muchos más detalles nos narra sus peripecias ella misma en el libro que escribió en 1937, a poco de su regreso a los Estados Unidos y que tituló And then the storm (Y entonces la tormenta) donde, además de anécdotas y curiosidades, cuenta el trasfondo de su experiencia y sus impresiones de la situación de España en aquellos momentos, preludios de una cruel guerra civil.

En Sevilla, alojada con las religiosas de María Inmaculada, popularmente conocidas como «del servicio doméstico», tuvo contacto con varias señoras. Entre ellas se encontraba Dª Carolina Ximenez Enciso, una María de los Sagrarios que puso en sus manos el libro Jesús Callado, editado en 1930 por el entonces obispo de Málaga. La hermana Mónica escribiría más tarde que solo con echar un vistazo a las dos primeras páginas del librito enseguida pensó que podría hacer cada día la traducción de uno de sus párrafos al tiempo que con ello haría su rato de lectura espiritual diaria. De tal modo debió de quedar enganchada en la tarea que se propuso que, casi sin darse cuenta, al poco tenía ya traducida toda la obra.

Encuentro en Madrid
Concluida su estancia en Sevilla, la hermana Mónica Maginnis, continuó con sus trabajos de investigación que la llevaron a varias ciudades españolas y finalmente a Madrid. En la capital se alojaría con las madres irlandesas, que residían entonces en el n. 119 de la calle Velázquez. Cuando sister Monica comentó que había hecho la traducción de un libro de D. Manuel González y que andaba buscando la forma de obtener la autorización para poder publicarla, enseguida aquellas religiosas le comentaron que D. Manuel vivía a poco más de un cuarto de hora andando desde allí. Entonces supo la hermana Mónica que el obispo de Málaga, sin poder regresar a su diócesis vivía en un piso en la calle Blanca de Navarra desde donde seguía gobernándola y, al mismo tiempo, promoviendo la obra de las Marías de los Sagrarios abandonados que había fundado muchos años antes.

A través de una de estas Marías, D. Manuel conoció de aquella monja de los Estados Unidos de paso por Madrid que había traducido al inglés su Jesús Callado y no dudó en acercarse a saludarla a la casa de las Irlandesas en la calle Velázquez. Este hecho no dejó de sorprender a la hermana Mónica que quedó impresionada de la cercanía de aquel obispo que la visitaba y que, al acabar la conversación, le dijo que en los próximos días recibiría por escrito la autorización para que publicara la traducción que había preparado.

Y así fue: con fecha 7 de noviembre de 1934 D. Manuel firmó su consentimiento para la publicación de Jesus silent, al mismo tiempo que autorizaba a la hermana Mónica para traducir «también mis otros libros». Para esta edición en lengua inglesa D. Manuel preparó un prólogo muy breve que tituló «La necesidad del silencio» y que después incorporaría a la segunda edición de Jesús Callado cuando se publicó en Palencia en 1938.

Releer alguno de los párrafos de este texto (OO.CC. I, nn. 1432-1433), conociendo las circunstancias en las que fue escrito, tras la conversación con esta religiosa norteamericana que pretendía difundir esa «necesidad de silencio» en los Estados Unidos, el país que era, y es, el paradigma de la modernidad y de la sociedad avanzada, nos lleva a considerar la amplitud de miras de D. Manuel, su catolicidad. En su mente y en su corazón estaban también aquellos cristianos que, viviendo en una sociedad especialmente ajetreada y bulliciosa, necesitaban de Jesús.

Escribía D. Manuel este texto que reproducimos en la versión española de 1938 que no coincide exactamente con la publicada en inglés: «Necesita el silencio el obrero para poder descansar de su trabajo y reparar sus fuerzas agotadas; necesita el silencio el hombre de estado para madurar serenamente sus planes de gobierno; necesítalo el hombre de ciencia para la tranquila investigación de las verdades científicas; lo necesita el enfermo para poner una tregua a sus insomnios y sufrimientos; lo necesita también el financiero para realizar debidamente sus cálculos, de ahí que sea una de las preocupaciones modernas, en las populosas ciudades sobre todo, ver la manera de acallar ese estrépito ensordecedor que produce el vertiginoso movimiento de la vida de este siglo con sus automóviles y sus motos, con sus tranvías y sus radios, con los pregones, con las voces impertinentes de viciosos y desocupados, etc.». ¡Qué paradoja que estas palabras fueran publicadas por vez primera en Nueva York, que se jacta de ser «la ciudad que nunca duerme».

Jesus silent in Spain
Don Manuel llegó a tener entre sus manos la versión inglesa de su libro. La hermana Mónica le hizo llegar varios ejemplares, que él agradeció en una carta fechada en Palencia el 26 de junio de 1938, donde elogia el trabajo realizado y la elegante presentación del libro.

Por su conocimiento directo de la realidad española, cuando en 1936 estalló la Guerra civil, sister Monica fue requerida por varias instituciones y medios de comunicación de su país para dar conferencias sobre España. En algún momento volvió a estar en contacto con la Secretaria General de la Obra de las Marías ofreciendo la posibilidad de dar difusión a la obra en algunos periódicos estadounidenses; parece incluso que llegó a realizar la traducción de Aunque todos yo no, pero el estallido de la II Guerra mundial, dificultaría todos aquellos planes. Sister Monica falleció en febrero de 1958.

Hace solo unos meses, en octubre de 2018, el Santísimo dejó de estar en la capilla de las Ursulinas de Brown County, y con Él, la comunidad de religiosas que estuvo establecida allí durante 173 años, pero los edificios que ocuparon se van a dedicar a fines educativos, de modo que tanto la biblioteca como los archivos de la comunidad permanecerán allí.

Quizás en estos últimos queden vestigios del trabajo de aquella religiosa valiente que comprendió en medio del crispado ambiente de la España de los años previos a la guerra, gracias a la pluma y las palabras de un santo obispo cuán grande es la necesidad del silencio, que entonces, y ahora, tienen las almas. Y es que la frase de la fundadora de Brown County, Julia Chatfield: «Somos guiados por una mano invisible que solo podemos adorar en silencio», cobraría más sentido para sister Monica cuando tradujo las palabras que D. Manuel González escribió como prólogo para su traducción: «Al publicar este librito en inglés, espero que sus páginas lleguen a muchos lectores silenciosos, o si no es así, al menos que conquisten para ellos el silencio que les haga oír y entender al Jesús Callado, Jesus silent».

Aurora Mª López Medina
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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