Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (mayo 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2019.

Testimonio eficaz de amor, unidad y alegría

«Urge una Obra que haga fin esencial suyo combatir el abandono y la soledad de los Sagrarios (…) ¿No es objeto digno, no digo ya de una Obra de celo, sino de un Instituto Religioso, el combatir el abandono del Sagrario?» (OO.CC. I, n. 81). Con estas palabras expresaba san Manuel, en 1917, su deseo de poner en marcha una congregación que solo viviera para eucaristizar, un deseo que pocos años más tarde se concretó, dando lugar al nacimiento de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. El 3 de mayo celebramos su 98º aniversario de fundación, por eso, en esta ocasión entrevistamos a la hermana Mª Teresa Castelló Torres, superiora general de la congregación.

Querida María Teresa, se cumplen 98 años de la fundación de la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, es el aniversario de un gran sueño que desde lo pequeño fue creciendo y consolidándose, ¿cómo se traduce hoy aquel sueño inicial? ¿Dónde están presentes actualmente las hermanas y cuál es su misión?
Hay dos palabras que podrían traducir hoy ese sueño: don y fidelidad. La congregación es un don, una gracia para la Iglesia y para el mundo. La experiencia fundante recibida por san Manuel González, y de la cual las Misioneras Eucarísticas de Nazaret participamos, ha ido creciendo y desarrollándose a través de hermanas que se han ido incorporando de distintos contextos geográficos y culturales, y con ello dando vida al carisma eucarístico–reparador; es como una semilla que se va convirtiendo en un árbol y va expandiendo sus ramas. También quiero señalar que en el crecimiento de este árbol ha habido su parte de poda, de aridez, y de diversas dificultades que se han tenido que afrontar para un mejor desarrollo.

En la actualidad estamos presentes en nueve países: España, Italia, Portugal, Argentina, Cuba, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Desde el testimonio personal que brota de la vivencia eucarística, reparamos el mal del abandono de Jesús en la Eucaristía, anunciando a la humanidad el amor, la vida y la salvación que desde allí Él nos ofrece. El sueño de los inicios se traduce también en fidelidad, por la audacia, entrega y generosidad sin límites a la misión encomendada que a lo largo de los años han ido desplegando las hermanas, insertas en la pastoral diocesana y parroquial, a través de catequesis, formación, misiones eucarísticas, escuelas de oración, promoción social, animación. Recorrer nuestra propia historia en estos 98 años de fundación es alabar al Señor por haber hecho obras tan grandes en la pequeñez de sus nazarenas.

Cada carisma en la Iglesia es un don del Espíritu Santo que la edifica y embellece. El carisma eucarístico–reparador tiene una historia de años atrayendo personas de distintos tiempos y lugares, ¿cómo viven este carisma las Misioneras Eucarísticas?
Ciertamente el carisma de nuestro fundador se revela como una experiencia del Espíritu, que nos ha sido transmitida para vivirla, custodiarla, profundizarla y desarrollarla constantemente en la Iglesia. Nuestra congregación, en los últimos años, ha ido expresando el deseo, la necesidad y urgencia de actualizar el carisma en continuidad con la gracia carismática que recibió nuestro padre. Para ello se ha realizado un estudio, en el cual, y sin perder el núcleo esencial de los orígenes, se han recogido y plasmado los elementos esenciales que configuran tanto nuestra espiritualidad como el estilo propio de vida y la misión apostólica. Somos conscientes de la necesidad de dar respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy y ser consecuentes desde el anuncio del Evangelio de la Eucaristía.

«Reaviva el don de Dios que hay en ti» es el lema que ilumina la vida, los proyectos, la misión de toda la Familia Eucarística Reparadora desde el último Capítulo general, ¿qué significa para las Misioneras Eucarísticas de Nazaret reavivar este don?
El lema «Reaviva el don de Dios que hay en ti» es una llamada que el Señor nos hace a releer la vocación recibida como en un espejo y, de este modo, extraer las enseñanzas para seguir caminando con la mayor lealtad, y compartiendo con entusiasmo este don. Los carismas son como ríos de agua viva que corren por el terreno de la historia para regarla y hacer germinar en ella las semillas del bien. Por ello queremos hacer memoria y desde ahí «reavivar» el gran regalo que hemos recibido, porque –como nos recuerda el papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium– «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (n. 11).

Tan solo faltan dos años para el centenario de la congregación, ¿cómo se preparan las hermanas para este acontecimiento?
La celebración del centenario de nuestra congregación queremos que sea un acontecimiento vivido en una acción de gracias al Señor por el legado vivo de tantas hermanas que desde aquel 3 de mayo de 1921 han ido acogiendo y pasando la antorcha, signo de luz que es Cristo Eucaristía, y cuya llama encendida ha llegado hasta nuestros días. Es una buena oportunidad para volver a leer con pasión la historia de la congregación escrita por nuestra madre Mª de la Concepción González, sobrina de nuestro fundador, y segunda Superiora general de la congregación.

También queremos que esta celebración tenga una mirada gozosa y esperanzada para seguir diciendo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo: «ahí está Jesús, ahí está, no lo dejéis abandonado», y para seguir buscando a Jesús en los pobres –como decía nuestro fundador– que «lloran abandonos del alma y del cuerpo» (OO.CC. I, n. 1171). Se ha hecho una invitación a todas las Misioneras Eucarísticas a visitar Palomares del Río para tener unas jornadas de renovación espiritual, para poder permanecer un tiempo y poder estar ante al Sagrario donde san Manuel se encontró con la mirada de ese Jesús «tan callado, tan paciente, tan bueno» que le invitaba a seguirle y le hizo portador del carisma eucarístico–reparador.

También este tiempo de preparación quiere ser una llamada a renovar nuestro espíritu misionero. Y la celebración del centenario culminará con un Encuentro Internacional de todas las hermanas en Málaga, lugar de la primera fundación.

¿Por qué una joven que se siente atraída a la congregación de Misioneras Eucarísticas tendría que decir sí a la llamada?
Toda vocación, toda llamada, es un don de Dios, y es una iniciativa suya. Si una joven se siente atraída a nuestra congregación es porque este puede ser el proyecto del Señor para ella, un proyecto pensado exclusivamente para ella, único, singular e irrepetible. Esta opción de vida a ser Misionera Eucarística de Nazaret es la condición para que la joven sea ella misma y pueda realizarse y ser feliz. Así mismo la vocación supone un acto de fe, un dejar espacio al Misterio para que este entre en el corazón y en la mente de la joven y así pueda responder a la llamada con generosidad.

¿Qué mensaje o deseo te gustaría transmitir en este 98º aniversario de Nazaret a toda la Familia Eucarística Reparadora?
Nuestra congregación es una rama de la Familia Eucarística Reparadora y con ella compartimos el mismo carisma y misión, vivido desde la vocación específica: seglares consagradas, laicos, matrimonios, jóvenes, niños, sacerdotes. Quisiera invitar a toda la FER a agradecer al Señor, junto con nosotras, por habernos dado a san Manuel como fundador, porque él ha sido la mediación elegida por el Señor para que pudiéramos conocer y acoger en nuestras vidas el carisma eucarístico-reparador. Así mismo les invito a tomar conciencia del sentido de pertenencia a esta Familia, y a una llamada a la comunión y a la responsabilidad de que todos debemos aunar esfuerzos, con una actitud de colaboración para poder dar respuestas a los grandes retos de nuestro tiempo con la aportación coral de los diferentes dones, y así podremos participar más eficazmente en la misión de eucaristizar a la cual hemos sido llamados. Y todos los que formamos la Familia Eucarística Reparadora, junto con la Virgen María, nuestra Madre, Maestra y Modelo, seamos capaces de dar un testimonio eficaz de amor, de unidad y de alegría.

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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