Palabras de santo (abril 2019). Decenario al Espíritu Santo

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2019.

La importancia de prepararnos paso a paso

La llegada de todo acontecimiento importante en nuestra vida requiere una buena preparación. Lo mismo sucede a medida que recorremos el año litúrgico. Hay tiempos que nos preparan especialmente a vivir una determinada fiesta o solemnidad. Para ello, la Iglesia nos ofrece diversos itinerarios. Por ejemplo, podemos realizar un triduo, una novena o un decenario, es decir, unos días previos en los que, a través de determinadas oraciones, jaculatorias, cantos, reflexiones, se nos ayude a adentrarnos en los misterios que celebramos. .Ver en Google Books, Decenario al Espíritu Santo (1ª edición, 1939).


El Decenario al Espíritu Santo es uno de los últimos escritos de D. Manuel. Sus páginas dan testimonio de la fe profunda de su autor, que se expresa en un modo catequético sencillo, logrando así que sus palabras estén al alcance de todos. Fue publicado por primera vez en 1940, luego de su muerte, y reeditado en 1954, 1967, 1972, 1981, 1988, 1992, 1998, 2011 y 2015. También lo podemos encontrar en el tercer tomo de las Obras Completas (nn. 5303-5325).

Al escribir este breve folleto, san Manuel se inscribe en la preciosa tradición de la Iglesia que consiste en prepararnos interiormente durante algunos días para celebrar y vivir con mayor provecho los misterios de nuestra fe. En este caso, nos ayuda a disponernos para vivir mejor la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo que transforma nuestras vidas y nos impulsa a ser valientes discípulos y misioneros del Señor.

El folleto propone como esquema una oración para iniciar todos los días, y luego, para cada día del decenario, una breve aspiración inicial, un pasaje bíblico (generalmente palabras de Jesús), una oración y jaculatorias litúrgicas, una breve reflexión y una oración de petición al Espíritu Santo.

Un poco de historia
El decenario al Espíritu Santo es una práctica de piedad en honor a la tercera persona de la Santísima Trinidad que comienza el día de la Ascensión y nos ayuda a preparar mejor dicha solemnidad. En tiempos de san Manuel, la Ascensión del Señor se celebraba a los 40 días de la Pascua, es decir, un jueves. Diez días después de esta fiesta se celebraba la solemnidad de Pentecostés. Es por esto que se denomina decenario. En algunos lugares, sin embargo, se optaba por comenzarlo el jueves y, de esta forma, se denominaba novena. Actualmente la Ascensión del Señor se festeja el domingo anterior a Pentecostés.

Podemos decir que el decenario es una de las formas de oración más antiguas en la historia de la Iglesia, ya que cuando el Señor asciende a los cielos y promete a los apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo, todos, junto a la Santísima Virgen y algunas mujeres, esperan orando: «todos perseveraban unánimes en la oración», nos dicen los Hechos de los Apóstoles (cf. 1,12-14).

En la encíclica Divinum illud munus, dedicada al Espíritu Santo (1897), el papa León XIII pide explícitamente a todos los fieles que se celebre un decenario solemne entre las festividades de la Ascensión y Pentecostés. Por tanto, podemos pensar que esta recomendación del sumo pontífice era conocida por nuestro santo obispo y estaba muy presente en su corazón de pastor.

Dos claves de acceso
La primera página del folleto nos da dos indicaciones muy valiosas para vivir este itinerario espiritual: profundizar en las verdades de nuestra fe contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica y estar atentos a la Palabra de Dios. Aunque aquí se proponga para los días previos a Pentecostés, estas claves, de modo general, valen para todo camino o tiempo de preparación a la celebración de los sacramentos.

San Manuel nos invita, en primer lugar, a ver qué nos enseña el Credo acerca del Espíritu Santo (cf. OO.CC. III, n. 5303), y en segundo lugar nos dice cuáles son las disposiciones necesarias para quien pide el Espíritu Santo (cf. OO.CC. III, n. 5304). Estas disposiciones están basadas en su lectura orante del libro de los Salmos, y consisten en abrir el corazón y alabar al Señor con alegría. Las explica con tres imágenes: boca abierta, boca llena y boca alegre.

Ciertamente, D. Manuel mismo se deja guiar por la Palabra de Dios durante toda su vida, sus palabras son coherentes con sus obras, y así toda su existencia se convierte en testimonio y mensaje de lo que anuncia. Como nos dice el papa Francisco, «cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo» (GE 21).

Marianas y eucarísticas
Aun siendo pocas páginas, el contenido de este folleto es muy rico, y no podían faltar, como se aprecian en todos los textos de san Manuel, las referencias marianas y eucarísticas. Como hemos dicho anteriormente, María estuvo presente en la primera comunidad de creyentes, esperando en oración la venida del Espíritu prometido por Jesús. También está presente en el corazón y en los escritos de nuestro autor, como Madre que siempre nos acompaña e intercede por nosotros.

Además, encontramos en este texto huellas del carisma eucarístico reparador. Una vez más, como en todos los escritos de san Manuel, sus palabras están dirigidas a dar a conocer, hacer caer en la cuenta e invitar a vivir unidos íntimamente al Señor, vivo en la Eucaristía. Este anhelo se entrelaza como un hilo de oro en las oraciones y reflexiones que componen el Decenario. Así lo leemos en una de sus reflexiones: «Esa elaboración y conversión gradual y constante de nuestro ser en hostia, por acción de las Hostias de nuestras comuniones, esa es la verdadera vida interior o espiritual; porque es el Espíritu Santo el gran Agente de esa misteriosa digestión y asimilación de la Hostia, el que con el jugo de la caridad divina, que cada Comunión infiltra en nuestro ser y con el ejercicio de nuestra libre cooperación y adaptación, va elaborando el hombre-hostia, de modo semejante, aunque desde luego no igual, a como elaboró en el seno purísimo de la Virgen Inmaculada, el cuerpo perfectísimo de su Hijo Jesús. Espíritu Santificador, ¡quién conociera esas tus inefables elaboraciones para agradecerlas, secundarlas y desagraviarte de tantas faltas de correspondencia!» (OO.CC. III, nn. 5320-5321).

Damos gracias al Señor por estas palabras de santo que nos animan a vivir nuestra vocación y misión con renovado entusiasmo y, de camino al próximo Pentecostés, nos despedimos haciendo nuestro el deseo del papa Francisco en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate: «Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar» (GE 177).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

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