Editorial (abril 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2019.

Una Cuaresma desbordante de Pascua

Todos los años el sumo pontífice ofrece al pueblo de Dios y a los hombres de buena voluntad, una serie de mensajes con motivo de acontecimientos o momentos especiales: las misiones, la paz, las comunicaciones sociales, etc. También al comenzar la Cuaresma el santo padre ha escrito, como todos los años, unas palabras que revisten particular importancia. El lema de este año invita a la reflexión a partir de un texto de san Pablo a los Romanos: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (8,19)


Además de la importancia que en el ámbito teológico y doctrinal tienen siempre las palabras del vicario de Cristo, es de destacar, también, el conocimiento que tiene de la situación de la Iglesia universal. Es por esto que podemos afirmar que cada uno de sus mensajes tiene una actualidad única ya que se ofrece pensando en el catolicismo de todo el mundo. Más aún, en esta ocasión, realza la importancia de la vivencia cristiana más allá del ámbito personal, ya que la creación entera goza de los frutos de una vida coherente. Gracias a sus palabras podemos comprender el alcance, prácticamente universal, de una vida de fe verdadera, que busca siempre la conversión y la cercanía con Cristo.

En efecto, afirma el papa que «esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el trabajo que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, “de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de devorarlo todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad».

Por paradójico que pueda sonar, las palabras del papa nos indican, con innegable claridad, que las actitudes a las que somos invitados de una forma especial a vivir en Cuaresma (ayuno, oración y limosna) son, en realidad, las actitudes propias de la Pascua, ya que es entonces cuando la luz gozosa de la resurrección nos convierte en personas entregadas y realizadas, felices aún en el dolor, personas que han encontrado el sentido de la alegría y del dolor, es decir, el sentido de la vida misma. ¡Cuánto necesita nuestra sociedad actual personas que hagan de su vida una existencia pascual! ¡Cuánto bien puede hacer a su derredor un ser humano, cristiano, que ha comprendido y hecho carne el mensaje de la salvación».

Dijo san Pablo: «si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1Cor 15,14). Podemos concluir: ¡porque sabemos que Cristo ha resucitado, nuestra fe da sentido a nuestra vida e impregna nuestra existencia y la de las que nos rodean de sentido, gozo y paz! ¡Feliz Pascua! «

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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