Historias de familia (marzo 2019: visita pastoral a Melilla, mayo de 1918)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2019.

«Viene a bordo Sr. Obispo»

Con estas palabras acababa el radiograma que el capitán del Vicente Puchol, el buque correo que hacía la travesía Málaga – Melilla, enviaba al anochecer del 18 de mayo de 1918: «Navegamos sin novedad, tiempo bueno. Llegaremos siete y media». Era el comienzo de unos días intensos que esta ciudad, enclave español en el Norte de África, conmemoraría un siglo después. Hace solo unos meses, en mayo de 2018 el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, celebró la santa Misa en el altar de la iglesia del Sagrado Corazón de Melilla, usando el mismo cáliz que cien años antes había usado su predecesor, san Manuel González, durante la primera que se celebró en aquel templo el 19 de mayo de 1918.


Don Manuel era todavía obispo de Olimpo y auxiliar de Málaga. La ciudad de Melilla es un trocito de Andalucía al otro lado del mar de Alborán y en aquellos años de conflicto con Marruecos sus alrededores habían sido escenario de varios combates. Especialmente cruentos fueron los que habían tenido lugar en 1907 y 1909. Pero la ciudad había crecido y se había extendido más allá del recinto amurallado de la ciudad vieja. El nuevo barrio de la Reina Victoria carecía de un templo digno. Desde 1911 habían sido varios los intentos de levantar uno. La inauguración del que por fin se había construido era el acto más importante de aquella visita pastoral de mayo de 1918, pero fueron muchos los que tuvieron lugar en estos días. Aquel nuevo obispo y ahora administrador apostólico, quería estar cerca y conocer a quienes vivían en ese alejado lugar de su diócesis.

Gracias a las detalladas crónicas del diario El telegrama del Rif conocemos los nombres de todos los que le acompañaron desde Málaga. D. Manuel sabía que los actos organizados atraerían a muchos fieles y seguramente pensó que sería una buena ocasión para que quienes acudieran a estas concentraciones escucharan hablar del amor de Dios, del Sagrado Corazón y de la Eucaristía. Con esta finalidad incluyó en su séquito, además de a D. Fernando Díaz de Gelo y al Vicario de Málaga Martínez Navas, al jesuita D. Tiburcio Arnáiz, del que bien conocía sus dotes de predicador y su celo sacerdotal, al misionero redentorista D. José Pardo, y a dos sacerdotes del grupo que D. Manuel había creado hacía solo unos meses, los Misioneros Eucarísticos: D. Rogelio Jiménez y D. Emilio Cabello. A ellos confió las catequesis para niños y los ejercicios espirituales que se impartieron en distintos horarios durante los días de la visita del obispo, que se prolongó hasta el 27 de mayo. D. Manuel quiso hacer de esta visita una auténtica misión.

Bendición de la nueva iglesia
El barco en el que viajaba el obispo y la comitiva que le acompañaba llegó a puerto a las 7:30 del domingo 19 de mayo. Una hora después, una vez se hubo revestido en el cercano cuartel de la Compañía del mar, el obispo se dirigió hacía el nuevo templo, la iglesia del Sagrado Corazón. Era obra de Fernando Guerrero Strachan, un arquitecto malagueño que en aquellos años había construido varios edificios notorios en su ciudad natal como el emblemático Hotel Príncipe de Asturias, (actualmente es el Gran Hotel Miramar) o la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Málaga, de estilo neogótico. La del mismo título en Melilla se decía de «estilo neo-románico», contaba con tres naves y con una capacidad para 2000 personas. Estaba dotada de casa rectoral y oficinas. El presbiterio acababa con una capilla absidal cubierta con un casquete esférico (que hubo de ser retirado para su restauración en 2009, pero que actualmente luce como en el momento de su inauguración). Un esbelto templo que se adaptaba perfectamente a la plaza en la que estaba ubicado y al estilo arquitectónico de aquella nueva zona residencial de Melilla.

D. Manuel bendijo la nueva iglesia esa mañana, primero en su exterior y después, con el mismo manojo de romero, vertió agua bendita en su interior. En el sermón con el que puso fin a la ceremonia y antes de empezar la que sería la primera Misa en la Iglesia, expresó un deseo: «que pronto se diga: aquí no se cabe». Las dos campanas que el vicario eclesiástico había bendecido la tarde del día anterior repicaban alegres por primera vez.

Por la tarde resultó muy emotiva la procesión eucarística que desde la Iglesia de la Concepción, situada en el casco antiguo de la ciudad, traía hasta esta nueva, del llano, a Jesús sacramentado. Los detalles de la comitiva podemos leerlos en la prensa del día siguiente, lunes 20 de mayo. Entre los estandartes que precedían al palio bajo el cual el obispo de Olimpo portaba el viril con el Santísimo, estaba el de las Marías de los Sagrarios y los de las representaciones de la Adoración Nocturna que, desde varios lugares de la diócesis se habían trasladado para participar en los actos de la inauguración. La procesión había sido organizada por el vicario eclesiástico D. José Casasola Domínguez, persona clave para que las obras de este templo se acabaran. Este buen sacerdote dejaría Melilla tiempo después para convertirse en párroco de San Felipe en Málaga. Allí sería detenido en el verano de 1936 y su nombre figura en la lista de los mártires cuya causa se estudia actualmente en la diócesis malagueña. Algo más de una hora tardó la comitiva en recorrer los casi 900 metros que separan ambos templos, lo hizo entre canciones, pétalos de flores, incluso palomas que volaron al llegar a la plaza donde se ubicaba la nueva iglesia. En el arco ornamental allí levantado podía leerse: «Las Marías de los Sagrarios al Santísimo Sacramento». Eran las 18:20 cuando la comitiva entraba en el templo. Mientras se entonaba el Himno del Congreso Eucarístico y el Tamtum Ergum se procedió a la reserva del Santísimo,. A continuación tomaría la palabra el padre Arnáiz. Al terminar el acto D. Manuel y su séquito se trasladaron a la Comandancia General donde se serviría un té para agasajar a los invitados.

Madrugar para estar con Jesús
Sin embargo, a las 6 de la mañana del día siguiente el obispo estaba ya de nuevo en la recién estrenada iglesia. Los miembros de la Adoración nocturna habían tenido durante la noche del domingo al lunes, vigilia con el Santísimo y D. Manuel no quiso faltar, aunque fuese en sus últimos momentos, a esta adoración. Siguió después con la celebración de la Misa y la primera de las muchas tandas de confirmaciones que tuvo durante aquellos días. El lunes atendió también a una comisión de señoras melillenses preocupadas al pensar que las imágenes de la vieja iglesia podrían ser trasladadas al nuevo templo, a las que D. Manuel tranquilizó manifestándoles que las imágenes seguirían siendo de la antigua parroquia. Por la tarde quiso visitar el hospital Central. Fue una visita no programada a un centro médico muy deteriorado y con problemas. Lo recorrió detenidamente, haciéndose cargo de las malas condiciones en que se encontraban las instalaciones, seguramente a causa de la ineficacia de la administración, cuando se trataba de atender necesidades de un enclave aislado. El obispo elogió al personal por el buen trabajo que realizaban a pesar del mal estado del centro y el periodista pudo ver como dejaba al director 100 ptas. para sufragar algunos gastos necesarios.

Al día siguiente también adelantó D. Manuel su visita al hospital de San José de la Montaña, que oficialmente empezaba a las 9:30, para poder celebrar antes la Misa en la capilla e instalar allí el nuevo Sagrario que un benefactor había donado. La visita al Hospital de la Gota de Leche y después al comedor popular que gestionaban las madres de Ntra. Sra. de los Desamparados fue muy completa. Quiso conocer y acercarse a todo. Antes de marcharse, además de entregar una buena limosna, recordó a quienes allí trabajaban por amor a Dios y al prójimo: «las obras os convencerán si las palabras no bastaran». A continuación, la primera de las dos tandas de confirmaciones previstas. Aquel día administró el sacramento a más de seiscientas personas.

Cercano a vivos y difuntos
Para el miércoles se planificó una visita del obispo al Cementerio de la Purísima Concepción. Rezó un responso en la capilla y otro en el panteón en el que están enterrados los restos de los militares españoles, muertos en las batallas de la que se llamó la Guerra de Melilla. Todavía después siguió, ya no revestido, orando en el cementerio y no dudó en rezar un responso ante un féretro que entraba en aquel momento en el camposanto. Era, el nombre lo recogía la prensa, el de Dña. María Antonia Moya Ruiz.

La visita a Melilla no podía limitarse a la ciudad. D. Manuel dedicaría tres mañanas a visitar los poblados cercanos. El jueves visitó las minas del monte Uixán, invitado por la Compañía Española de Minas del Rif. El viernes se trasladaría a Nador. Allí la visita al zoco de la Yemaá, debió resultar de lo más exótico, al menos así lo parece al leer la crónica del Telegrama del Rif. Durante el paseo entre los puestos, como es costumbre, el obispo y sus acompañantes, fueron seguidos por una nuba, un grupo que con instrumentos y sonidos agasajan a los visitantes ilustres (no faltó la gratificación para estos «ruidosos» músicos). Al concluir la visita fue necesaria la intervención de un intérprete para que D. Manuel pudiera recibir las palabras de afecto de los representantes de las tribus que allí vivían y a su vez trasmitirles su agradecimiento y sus mejores deseos de prosperidad. Con todo el respeto se sentaron con él y le prepararon el té, siguiendo todo el ceremonial que marca la tradición rifeña. Tras pasear por el zoco, no dejó de visitar las escuelas que unos maestros españoles dirigían en Nador y el consultorio que atendía el personal médico, animando a todos ellos a que siguieran ayudando a aquellas buenas gentes. El sábado, visitó la Alcazaba de Zeulán y también la escuela del pueblo, después hizo un recorrido por el poblado de Monte Arrui. En Batel tuvo una recepción con militares españoles y con los representantes de los indígenas, tras visitar Kandussi, y concluyó la mañana en Segangan, contemplando unas maniobras militares.

Durante estos tres días el programa agotador de la mañana dejaba paso al de la tarde, donde, además de administrar la Confirmación, presidió la Junta ordinaria de las Señoras de la conferencia de San Vicente de Paul, recibió a la Junta de Acción católica y a la Junta Directiva de la Asociación de Señoras de Santa Bárbara. Parecería que todos en Melilla querían estar cerca del obispo.

La Misa final de la visita se celebró el domingo 26. Antes, a modo de clausura, intervinieron los predicadores que habían acompañado al Sr. obispo. A las 6:30 del lunes 27, de nuevo a bordo del Vicente Puchol y tras una cariñosa despedida en el puerto, D. Manuel concluye su primera visita a Melilla.

Un vínculo especial unirá siempre a D. Manuel González con este lugar en la periferia de su diócesis. Había ido a inaugurar un templo y lejos de estar satisfecho, al marcharse manifestó que en cuanto llegase a Málaga empezaría a hacer gestiones para dotar al barrio del Real de una iglesia digna. Siempre estuvo cerca de los melillenses y tras el denominado «desastre del Annual», en 1921, se trasladó allí para pasar aquellas tristes navidades junto a los heridos en la batalla y a quienes sufrieron las consecuencias de la guerra durante meses. Se conservan muchas de las cartas que se intercambió con D. Sebastián Carrasco, que sería vicario de Melilla a partir de 1929, preocupándose por las necesidades de los fieles que vivían en aquellos enclaves. Hoy, san Manuel González sigue muy cerca de esa ciudad. Permanece en el recuerdo de los melillenses que en este año lo han tenido presente en muchos de los actos conmemorativos del centenario de la inauguración del Sagrado Corazón y, en la capilla del Sagrario de esa iglesia, desde el cuadro con su fotografía que se ha instalado allí, sonríe a quienes se acercan a visitar a Jesús.

Aurora Mª López Medina

La agenda de la visita

  • Domingo 19
    • 7:30 Llegada al puerto
    • 8:30 Traslado hasta el nuevo templo. Bendición, sermón y Misa
    • 10:30 Traslado a la Residencia
    • 12:00 Recepción oficial
    • 16:30 Procesión con el Santísimo desde la antigua Iglesia
    • 19:00 Té en su honor en la Comandancia General
  • Lunes 20
    • 6:00 Conclusión de la vigilia de la Adoración nocturna que había tenido lugar y celebración la Misa
    • 10:00 Confirmaciones en el nuevo templo
    • 11:30 Visita de una comisión de señoras melillenses
    • 16:00 Visita el hospital Central.
  • Martes 21
    • 8:00 Misa en la capilla de San José de la Montaña. Bendición del nuevo Sagrario
    • 9:30 Visita a la Gota de leche y al Comedor Popular.
    • 10:30 Confirmación (367 personas)
    • 16:00 Visita la exposición de los centros hispano–marroquíes
    • 18:00 Confirmación (300 personas)
  • Miércoles 22
    • 9:30 Visita al cementerio de la Purísima Concepción
    • 12:00 Confirmaciones
  • Jueves 23
    • 9:00 Visita a las minas del monte Uixán, que organiza la Compañía Española de Minas del Rif
    • 18:00 Preside la Junta ordinaria de las señoras de la Conferencia de San Vicente de Paul
    • 18:30 Recibe a la Junta de Acción católica
  • Viernes 24
    • 9:00 Visita el poblado y el zoco de Nador
    • 13:00 Regreso a Melilla
    • 16:00 Confirmaciones en la capilla del barrio del Real
    • 18:00 Recibe a la Junta Directiva de la Asociación de Señoras de Santa Bárbara.
  • Sábado 25
    • 9:00 Visita Zeulán, el poblado de Monte Arrui, Batel, Kandussi y Segangan
    • 15:00 Regreso a Melilla
    • 17:00 Confirmaciones en el barrio Real (400 personas)
  • Domingo 26
    • 8:00 Eucaristía final de la visita. Comunión general
    • 12:00 Junta de caballeros de la Conferencia de San Vicente de Paul
    • 16:00 Velada organizada por el Patronato de Acción Social y Popular
    • 18:00 Confirmación en el Sagrado Corazón (300 personas)
  • Lunes 27
    • 6:30 En el puerto para embarcar en el Vicente Puchol
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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