Palabras de santo (marzo 2019). Cartilla del catequista cabal

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2019.

«Comprimidos catequísticos» aptos para todo público

Hemos comentado en otras ocasiones algunos de los escritos de san Manuel dedicados a la catequesis. Avanzando en la línea temporal de su producción literaria, encontramos nuevamente una publicación sobre este tema. Esta vez se trata de Cartilla del catequista cabal. Sus páginas, escritas en 1936, nos revelan tanto la continua inquietud evangelizadora como la consolidada experiencia pastoral del incansable apóstol de la Eucaristía.Ver en Google Books, Cartilla del catequista cabal (1ª edición, 1936).


La Cartilla, según nos dice El Granito de Arena de aquellos años, es una propuesta y una respuesta a la necesidad pastoral de formación de catequistas, necesidad actual también hoy en tantas de nuestras parroquias. Se publica en 1936 y lo anuncian con estas palabras: «Acaba de salir una nueva producción de la pluma del Excmo. Sr. Obispo de Palencia (antes de Málaga), doctor don Manuel González, titulada “Cartilla del catequista cabal o Los catequistas que hacen falta”. Por hoy anticipamos, sin perjuicio de dar más pormenores en otro número, que la Cartilla está llamada a multiplicar los catequistas en número y en calidad» (5/3/1936, n. 680, p. 137).

Respuesta a una necesidad
En los números siguientes leemos: «Con publicar el prólogo, el índice y el nombre del autor creemos dar a conocer suficientemente la utilidad, importancia y actualidad del librito que, a juzgar por los deseos y peticiones que de él habla, ha de caer como agua de mayo» (El Granito de Arena, 20/3/1936, n. 681, pp. 185-187). «Apenas se han conocido el título y el índice de la nueva obra catequística de nuestro Rvdmo. Director, nos están llegando infinidad de pedidos, lo cual indica que este librito ha venido en su tiempo y que llena una necesidad sentida por sacerdotes y catequistas» (5/4/1936, n. 682, p. 209).

Cartilla del catequista cabal cuenta ya con seis ediciones (1936, 1942, 1956, 1960, 1991, 2015) y una selección de la misma se encuentra en el tercer tomo de las Obras Completas, dedicadas a los escritos catequísticos y de liturgia (cf. OO.CC. III, nn. 4686-4701). Cabe destacar que la 6ª edición, actualmente a la venta, es, en realidad, la 1ª edición conjunta de Cartilla del catequista cabal y Todos catequistas, ya que se ha decidido unir ambos libros por la afinidad de sus contenidos. Las páginas a las que nos referiremos en este artículo se refieren a esta edición de 2015.

Vale decir que este escrito está en continuidad con las orientaciones pedagógico–catequísticas del autor, ya que se basa en ideas planteadas en libros anteriores (sobre todo Partiendo el pan a los pequeñuelos, Sembrando granos de mostaza y La gracia en la educación). En efecto, afirma san Manuel en la «Presentación»: «Acuciado por mi afán y, diría, mi obsesión de multiplicar el número de los que se entregan a ese glorioso, fecundo, necesario y urgente oficio, llamado santísimo por Pío X, y a la vez de facilitar e intensificar lo más posible la formación de catequistas cabales, me ha parecido sería de provecho extraer de mis libros y presentarlo en forma de cartilla breve, sustanciosa, clara y ordenada, las principales normas y orientaciones que con aquel fin y más por extenso expongo en aquellos libros. Esta cartilla puede servir para el uso individual, y como cuestionario y elenco para cursillos de formación de catequistas» (p.11).

Verbos en acción
Luego de la presentación y antes de dar inicio al desarrollo de la cartilla, D. Manuel define brevemente qué es la catequesis. Dicha definición es clave para entender cómo concibe él esta hermosa tarea. Nos dice que es «enseñar gradualmente» el catecismo, contando con la «gracia natural y sobrenatural» (p. 14), y poniendo varios verbos en acción.

¿Cuáles son estos verbos? Vivir, orar, narrar, representar, practicar. Primero, hemos de conjugarlos en primera persona, es decir, hacerlos realidad en nuestra propia vida, ser coherentes entre lo que decimos y hacemos. Después, hemos de trabajar con todas nuestras energías e ingenio para que estos verbos se conjuguen en tercera persona, es decir, para que se encarnen en la vida de los demás.

Por tanto, si el objetivo de nuestra catequesis es que nuestros catequizandos (niños, jóvenes o adultos) practiquen los verbos de nuestra fe (creer, orar, celebrar, vivir, amar), hemos de conjugarlos primero nosotros en nuestra propia vida, porque «la catequesis es el catequista» (p. 17), y ellos leen ante todo nuestros propios ejemplos y actitudes. Así de sencillo y exigente es el consejo de nuestro sabio obispo.

Sabiduría popular
También acude nuestro autor al uso de refranes populares, como reglas pedagógicas que ha de tener en cuenta todo catequista. Tres son los refranes que propone: 1) «nadie da lo que no tiene», 2) «no hay que pedir peras al olmo» y 3) «ojos que no ven, corazón no quiebran» (pp. 19-24). Cada uno de nosotros podría reflexionar sobre ellos, porque «a buen entendedor, pocas palabras», pero san Manuel viene nuevamente en nuestra ayuda y, con sencillez evangélica, nos explica cada una de estas sentencias: 1) quien no posee a Jesús no puede dar a Jesús, 2) los niños son niños, 3) que los niños conozcan y amen a Jesús a través del Evangelio (escuchando, viendo imágenes, representando, etc.). Y todo esto, con el fin de que «los niños, casi desde que nazcan, se sepan a Jesús. ¡En el doble sentido de esa palabra: conocer a fondo y saborear con gusto a Jesús! Los padres, catequistas y maestros que esto consigan son los de verdad educadores y cristianizadores, y los niños que esto aprendan serán, en toda la plenitud de la palabra, cristianos cabales, de fe y de obras» (p. 25).

Lecturas recomendadas
Podemos tener a nuestro alcance muchos medios para la formación, y de hecho se nos ofrecen (a veces, solo con un clic) infinidad de cursos, libros, encuentros y otros recursos para la catequesis. Don Manuel, sin descartar todo eso, resalta sin embargo dos libros esenciales: el niño y el Evangelio. El niño, es decir, aprender a leer (conocer y querer) la realidad y las historias de las personas que se nos confían. Por otro lado, el Evangelio, en cuanto la necesidad de conocer y amar a Jesús, su Palabra, y convertirla en pedacitos de pan para poder ofrecerla como alimento a quienes se inician en el camino de la fe (cf. pp. 50-54).

La segunda parte de la Cartilla, expone un tipo de organización para la catequesis que se basa en la experiencia pastoral de san Manuel en Málaga y que está en consonancia con las propuestas de los pontífices de su tiempo. Pero, nos dicen los editores: «Esta organización en sus detalles puramente locales quedó interrumpida con la guerra de liberación del año 36 y la muerte del venerable Prelado» (p. 69). Sin embargo, aunque D. Manuel no haya podido terminar de expresar todo lo que desbordaba de su corazón, sus ideas y principios siguen iluminando nuestros propios planes y proyectos de apostolado, porque a través de ellos se vislumbran los desvelos de un apóstol y la santidad de una vida entregada totalmente al Señor.

Sigamos haciendo locuras
Cartilla del catequista cabal finaliza con un apéndice dedicado especialmente a las Marías y las almas enamoradas del Sagrario. Su título es muy elocuente: «¡Marías, hay que hacer locuras!». ¿Qué tipo de locuras?, podemos preguntarnos. Nos dice D. Manuel: «locuras del corazón», porque «si el acto propio del corazón es amar, el propio del de la María es amar con locura o volverse loca de amar» (p. 71). Por tanto, no vale refugiarse en la comodidad, el respeto humano, el temor al peligro o a las dificultades. Hay que lanzarse, arriesgar, para que no pase ni un día sin acercar un poquito más a las personas hacia Jesús.

De hecho, encontramos en las páginas de El Granito muchos testimonios de «catequistas locas» que cuentan sus experiencias apostólicas en primera persona. Son, en su mayoría, mujeres (maestras, Marías de los Sagrarios), misioneras a tiempo y a destiempo, que anuncian el Evangelio con entusiasmo y creatividad allí donde están: en su familia, en la parroquia, en sus ámbitos de trabajo. Nos habla, por ejemplo, María de Andalucía, Ana María, o simplemente «una María» (cf. El Granito de Arena, 1933). Ellas vivieron con total entrega en su tiempo la llamada recibida, la vocación de eucaristizar a través de la catequesis.

Hoy somos nosotros herederos de esa antorcha. ¡Qué privilegio! No tengamos miedo de seguir haciendo locuras, como «nuestras hermanas mayores», y continuemos anunciando el mensaje de Jesús de generación en generación. Seamos, como nos invita san Manuel, todos catequistas, «y más aún, ¡seamos todos catecismos vivos!, ¡que con solo vernos y oírnos los demás aprendan el catecismo de nuestra bendita religión!» (p. 77).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.

¡Todos catequistas! (pp. 76-77)
¿Cómo? En muy pocas palabras respondo. Como hay catecismo mayor, medio y menor, según los años y grados de cultura de los que lo han de recibir, propongo aquí un nuevo grado de catecismo mínimo para uso activo y pasivo de toda clase de católicos: católicos chicos y grandes, listos y torpes, ocupados y desocupados, sanos y enfermos.
Tan mínimo es el programa, que se puede reducir a solo tres cuestiones, a saber:

1ª. Un católico enseña catecismo siempre que obra como católico.
2ª. Un católico enseña catecismo siempre que habla como católico.
3ª. Un católico enseña catecismo, siempre que se interesa por los que se dedican a enseñarlo, ayudándolos con su dinero, poco o mucho, con su trabajo personal perseverante, con sus oraciones y de todos los modos que pueda.

¿Quién podrá excusarse ante este programa mínimo de catecismo de no poder ser catequista?
Sí, ¡todos catequistas!, y más aún, ¡seamos todos catecismos vivos!, ¡que con solo vernos y oírnos los demás aprendan el catecismo de nuestra bendita religión! ¡Más odiada mientras más desconocida, más seguida y amada mientras más conocida!

Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *