Editorial (marzo 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2019.

Nuestro ADN carismático

Los miembros de la Familia Eucarística Reparadora tenemos una cita ineludible en el mes de marzo: el nacimiento de la Obra de las Marías de los Sagrarios Calvarios, un verdadero cumpleaños. Como en todo aniversario, es lógico que celebremos y nos llenemos de alegría. El 4 de marzo, y todo este mes, puede ser, además, una invitación para profundizar en nuestro ser miembros de esta «dilatada Familia», tal como la llamó san Manuel en varias ocasiones (OO.CC. I, nn. 127. 887 y 1179).


Estos días en que nos pondremos con especial gozo y entrega delante de la presencia de Jesús Eucaristía, son ocasión propicia para reafirmar nuestra entrega a Dios como miembros, seglares o consagrados, de la FER. Seguramente recordamos cómo se las ingenió Dios para que conociéramos este carisma eucarístico reparador. Pocos serán los que no haya cautivado y emocionado conocer la experiencia de Palomares del Río, posiblemente porque, aún antes de conocerla, nuestro corazón se había conmovido ante el Jesús bueno y solo de tantos Sagrarios, porque cada uno de nosotros ha sentido su propio Palomares y comprobado, en primera persona, esa mirada de Jesús que cambia la vida y da sentido a la existencia.

Un año más de recuerdos y gratitud es, también, ocasión propicia para contemplar raíces y reforzar cimientos. La rutina puede hacer mella en nuestra entrega a actividades cotidianas: ir a las reuniones, oír Misa, rezar el rosario, vivir la caridad fraterna… Por eso, este 4 de marzo es buen momento para afianzar los porqué de nuestra entrega. No se trata, quizás, de pretender hacer más, entregarse a más actividades, encontrar nuevos campos de acción, sino mirar en lo profundo, volver a los textos de san Manuel que explican eso que podríamos llamar «nuestro ADN carismático», aquello que da sentido a todo lo que hacemos como personas eucarísticas. Será interesante comprobar que, tras esta meditación, oración y evaluación, que parecía huir de nuevos compromisos, surgirán nuevos modos de entrega generosa, actividades renovadas, reuniones y encuentros más profundos, porque la raíz ha recibido el verdadero abono y, así, las ramas han podido crecer buscando la luz y dando frutos.

San Manuel es machaconamente insistente en la búsqueda de una Obra que no se desvirtúe, que no olvide a lo que está llamada: «¿Qué son, pues, las Marías? Una Obra de reparación eucarística para en unión de María Inmaculada y a ejemplo de las Marías del Evangelio, dar y buscar compañía a los Sagrarios abandonados, solitarios o poco frecuentados» (OO.CC. I, n. 60). En sus tiempos una tentación muy frecuente era creer que su misión primordial era la de llevar arreglo y ornamentación a los Sagrarios más pobres. Son numerosísimas las veces que en escritos y en cartas, D. Manuel, explica que no es este el objetivo de las Marías, porque ya existen asociaciones y grupos que tienen tal fin.

Hoy, 109 años después de aquel frío 4 de marzo, será bueno que nos preguntemos, también nosotros, cuáles son, por un lado, las tentaciones en las que debe evitar caer la FER en este siglo XXI; y, por otro, entregarnos de lleno a llevar la Buena Nueva que mora en cada Sagrario: la única noticia que es 100% verdadera y eficaz. Dios está con nosotros, vive en cada Sagrario, no se ha desentendido del hombre. ¡Cuántas personas aún viven en la tristeza y soledad porque nadie les ha anunciado el amor de Dios! Que nuestra vida, con palabras o sin ellas, sea camino y luz que lleve al único encuentro importante: el de Dios con el ser humano, el del Padre con los hijos. «

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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