Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (marzo 2019)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2019.

Prueba a vivir eucarísticamente… ¡y no quedarás defraudado!

«¡Bendito, millones de veces bendito el día 4 de Marzo de 1910!» (OO.CC. I, n. 124). Con estas palabras celebraba san Manuel, lleno de alegría y gratitud, las Bodas de Plata de la fundación de la obra de sus sueños, las Marías y Discípulos de san Juan. Este año se cumplen 109 años de aquel 4 de marzo. Junto a él, bendecimos aquella fecha tan memorable y damos gracias por la historia de amor reparador que llega hasta nuestros días. Conscientes de la grandeza del don que san Manuel nos legó, entrevistamos a la hermana Mª del Valle Camino Gago, Delegada general de la UNER.

Querida hermana, Mª del Valle, este año se cumplen 109 años del nacimiento de las Marías de los Sagrarios Calvarios, la primera rama de nuestra Familia Eucarística Reparadora, ¿podrías decirnos cómo valoras el camino trazado hasta el día de hoy?
Desde aquella Cuaresma de 1910, el primer viernes de marzo, en que esta Familia Eucarística Reparadora nace y continúa recorriendo caminos de eucaristización; y conforme con los datos históricos y las experiencias de vida de hoy, sigo maravillándome de lo que Dios, en su providencia, sigue haciendo con instrumentos pequeños, tanto en la sociedad de ayer, como en la actual.

No puedo menos que preguntarme y a la vez admirarme al encontrar estos sentimientos de san Manuel en su libro Aunque todos, yo no, con los cuales sintonizo: «¿No es verdad que el dedo de Dios y no solo el dedo, sino que toda la mano y todo su Corazón están y se dejan sentir en esta su Obra? Sin Él, ¿quién puede explicar lo que se ha hecho? Con Él, ¿quién puede calcular todo lo que queda por hacer?» (OO.CC. I, n. 116). Este camino que comenzó en el Evangelio («nació en la fidelidad de Galilea, se bautizó en las lágrimas de la calle de la amargura, se confirmó en la sangre del Calvario y se perpetuó en el amor de la Eucaristía»; OO.CC. I, n. 71), sigue hoy su andadura a buen ritmo y dando una respuesta de amor al Amor no amado y abandonado del Sagrario, así como de consuelo y fortaleza ante tantos hermanos, sufrientes de tantas hambres.

Como Delegada general tienes una visión amplia de la realidad¿Cuál es la situación actual de la UNER? ¿Dónde está presente, en qué ámbitos?
Llevo apenas seis meses como Delegada general de la UNER y por lo tanto, no conozco la totalidad de la realidad para dar una respuesta amplia y justa, pero sí, desde mi experiencia personal en la UNER, considero que hay un empuje y estímulo en la vivencia y transmisión del carisma eucarístico reparador, motivado por el roce con Jesús Eucaristía y el trato evangélico con los hermanos.

Son 109 años de historia para contar, donde hubo épocas de gran florecimiento y fecundidad, sobre todo en los principios. También hubo épocas de más silencio, anonimato, persecución y consolidación desde dentro, dando frutos de lealtad a Cristo en la Iglesia, con numerosas Marías y Discípulos fieles e incluso mártires de la fe. Después también hubo épocas donde las Marías del Sagrario tuvieron que lidiar con ese entender el Sagrario como devoción piadosa y espacio de parada y poca efectividad, en una época donde lo que se valoraba, y se valora todavía, es la eficacia práctica, pero la verdad sigue diciendo que «este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo». Oración y servicio son dos caras de la misma medalla, lavatorio de los pies y Eucaristía no están contrapuestos, sino que constituyen una unidad y la UNER lo sabe, por la Palabra y vida de Jesús, de los grandes santos y cómo no, de san Manuel.

Es cierto, también, que hay una esencia en el carisma: la eucaristización, y una consecuencia: el gozo de atraer a todos hacia Cristo. Este sigue siendo nuestro camino de ida y vuelta: salir de Jesús, haciendo de Jesús, y volver a Él, llevando a otros al Sagrario y, de camino, seguir siendo eucaristías vivientes que se parten y reparten por Cristo a los hermanos (cf. OO.CC. I, n. 259).

Además, se van consolidando los miembros de la FER en sus raíces fundacionales, a la luz del Magisterio de la Iglesia, viviendo con pasión y entusiasmo el propio carisma, intensificando la formación, sin perder de vista la vivencia de la caridad incondicional, especialmente en el ámbito parroquial, con un deseo de crecer en sentido de pertenencia y misión compartida, pero sobre todo haciendo de la vida una Misa y de la Misa una vida. La presencia de los laicos, entre otros lugares, está donde está la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret: España, Italia, Portugal, Argentina, Cuba, Ecuador, Perú, México, Venezuela y otros países como Bélgica, Puerto Rico, Colombia, etc, aunque también tengo que decir que son numerosas las solicitudes para insertarse en más lugares como Mozambique, Paraguay y Brasil.

¿Cuáles son las oportunidades y los desafíos que se presentan hoy a la UNER?
La UNER es eminentemente eucarística y misionera, actúa como fermento en medio del pueblo, de las parroquias y grupos, trabaja eucaristizando desde el ámbito parroquial, laboral, social y personal. Donde quiera que encuentre o haya una persona, vuelca su contenido de fe, como ofrecimiento y propuesta y no como imposición. Las oportunidades son todas y los desafíos los marca la misma sociedad y persona que se tiene enfrente.

Algunos desafíos, a mi parecer, son: no cansarnos de seguir ayudándonos a encontrar a Jesús Eucaristía, a Dios, cuando se pretende relegarlo del ámbito social, presentado como cosa poco productiva, invento para los ingenuos, cuando precisamente es la Vida que está siempre esperándonos.

Una cultura que está dominada por la increencia y que se promueve a través de múltiples expresiones, plantea a la UNER el desafío de expresar su Buena Noticia de la Eucaristía con el lenguaje que todo el mundo entiende, el de la fe envuelta en la vida coherente, alegre y servicial, utilizando todos los medios actuales de transmisión. Para saber estar ante los hombres debo saber estar ante Dios. Para tener olor a oveja, debo haber olfateado antes a Dios.

La UNER, impulsada por el amor reparador a Cristo Eucaristía, tiene el desafío de dar a conocer la celebración eucarística de forma más creativa, con fundamentos sólidos y teológicos, para que los creyentes de hoy disfruten y se alimenten de ella, se dejen iluminar por la Palabra y salgan con audacia misionera como testigos convincentes de un auténtico encuentro con Jesús.

La UNER tiene un gran desafío ante un mundo tremendamente individualista, donde la soledad hace poso en tantas personas. Por eso ha de indicar, llevar y acompañar ante Aquel que es la Presencia. Lo mismo, ante tanto hambriento e insatisfecho, acompañar ante el Pan de Vida; ante tantos que han probado aguas estancadas, ofrecer a Aquel que es Agua viva; ante la oferta de una moral enferma donde surgen los descarriados, ofrecer a Aquel que es el Camino y la Verdad; ante tantos que les corroe el remordimiento necesitan alguien que les presente el rostro de la misericordia. Todo esto y mucho más es Jesús Eucaristía. Como nos recuerda San Manuel: «El Jesús de los Sagrarios cristianos es para muchos de éstos el más desconocido o el peor conocido de todos sus amigos y vecinos…» (OO.CC. I, n. 1229).

¿Qué se vislumbra en el futuro de esta Familia Eucarística?
Lo vislumbro con mucha esperanza, precisamente porque, si bien es cierto que existe una cultura secularizada, un empeño en apartar a Dios de nuestras vidas, también es cierto que el corazón de todo hombre y mujer sigue buscando la Verdad, sigue ansiando saber que hay un Camino seguro y justo para andar por él. Hay una Vida que no defrauda y la obra completa de san Manuel González está llamada por vocación a despertar las conciencias adormecidas de nuestros hermanos, desde el convencimiento y la experiencia de la fe en Cristo. Podemos y debemos presentar a Aquel que sabemos vive con nosotros como Emmanuel perenne que jamás defrauda.

¿Cuál crees que es el mensaje que san Manuel González nos transmite hoy?
Una vez leí que Benedicto XVI les decía a los jóvenes en Polonia en 2015: «La felicidad que buscáis tiene un nombre, un rostro, el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía», pues creo que el mensaje de san Manuel, en el itinerario de sus casi 63 años de vida, en sus obras literarias, fundacionales, sociales, e incluso en el mensaje final, como epitafio, cincelado en piedra, sigue teniendo sentido y actualidad: «¡Ahí está Jesús, ahí está, no le dejéis abandonado!». Y es que la consecuencia de ese no ir o frecuentar, de abandonar o vivir a espaldas del Señor es muy clara: caminar sin luz, sin norte, fuera del camino, corriendo el riesgo de la pérdida de sentido, de rumbo y de esperanza. ¡Volver a Cristo! Como llegó a decir san Manuel: «antes, en siglos cristianos, la tarea principal era conservar el espíritu cristiano, y el campo, principalmente la iglesia. Hoy, perdido el espíritu cristiano social, la tarea principal es renovarlo e introducirlo, y el campo, principalmente también, fuera de la iglesia, la plaza, el hogar, el periódico, el taller, es decir, en donde quiera que haya almas que volver a Cristo» (OO.CC. II, n. 1749).

Es la misma Iglesia quien va ratificando, de manera significativa, la actualización de la vida, obra y mensaje de san Manuel, además de que los santos no pierden actualidad, porque viven en el eterno presente de Dios. También nosotros lo vamos actualizando, en la medida de nuestra fidelidad al carisma originario, siempre yendo a las fuentes.

Aquel empeño divino de Jesús de amar hasta el extremo, de prolongar su presencia entre nosotros y por nosotros; aquella denuncia profética de san Manuel de luchar contra el abandono del Sagrario y sus consecuencias en cada hermano, aquel grito de la primera encíclica de san Juan Pablo II: «devolver a Cristo amor por Amor» (RH 20); sigue actualizándose, como actitud vital para cada miembro de la Iglesia, pero de manera específica para los agraciados con este carisma eucarístico, me refiero a la reparación. En palabras del papa Benedicto XVI mirando a Cristo, el Gran Reparador, emplea un modo significativo y para nosotros cautivador de expresar la reparación: el plus de amor que supera y rompe la cadena de la injusticia, que puede desequilibrar el mundo del mal hacia el bien con las armas del amor y la verdad. Esta es la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido (cf. Ángelus, 18/02/2017). Y sigue el papa Francisco invitándonos a vivir eucarísticamente, derramando en el mundo el amor que brota de la Eucaristía, pues todos conocemos a personas solas, que sufren y que están necesitadas: son también sagrarios abandonados (cf. Homilía en la solemnidad de Corpus Christi, 03/06/2018).

Para mí, san Manuel es el hombre de lo esencial y su obra quiere ser un eco fiel de lo que hace y dice Jesús en su presencia sacramental. A esto estamos llamados, a ser miembros vivos y apasionados, que entran en el templo para adorar y salen para servir.

El lema para este curso es «Reaviva el Don de Dios que hay en ti». ¿Cómo desea vivirlo la UNER?
Ante todo con paz, realismo y esperanza. Reavivar implica reconocer la necesidad de alimentar la vida grupal de un movimiento, pero para que esto suceda, somos cada una de las personas que formamos parte de la FER las que hemos de sentir una fuerte llamada a la conversión, a vigorizar con la gracia de Dios nuestro ser y sentido de pertenencia en la Iglesia, dentro del carisma específico y bien definido.

Creo que los miembros de la UNER se sienten urgidos a reavivar el don por medio del contacto frecuente, afectuoso y vivo en la oración ante el Sagrario. Este, hoy como ayer, es además de oxígeno diario, testimonio elocuente. Donde hay tantas prisas, hacer una parada para estar ante la Presencia, se convierte en medio evangelizador y sin palabras para, al salir, dejar que la vida hable con la coherencia y la alegría, entonces nadie queda indiferente.

Considero que la UNER es plenamente consciente de que tiene una llamada a evangelizar con esa manera peculiar nuestra, por la eucaristización. Dado que su nombre contiene el término «unión», es por el testimonio de unidad como desea reavivar también su esencia, su identidad y entrega. Unidad en casa, en la parroquia, en el grupo, en el vecindario, en todo lugar, y esto conlleva mucha renuncia a los propios razonamientos, y dejar que venza el amor.

Como Delegada general de la UNER, ¿qué mensaje te gustaría transmitir a las personas que han encontrado en este carisma el camino para amar a Dios y a los hermanos? ¿Y a los que aún no lo conocen?
Mi mensaje se convierte en gratitud y deseo: deseo que no se cansen de reavivar el don de Dios que hay en cada uno. Deseo que se enamoren cada vez más de Jesucristo sacramentado. Deseo que vivan la incondicionalidad y la lealtad a la Iglesia y al carisma recibido. Deseo que cuiden y cultiven la unidad con todas las ramas de la Familia Eucarística Reparadora. Deseo que se llenen hasta rebosar del Evangelio, siendo personas de Buena Noticia.

Deseo que no olviden para qué el Señor les llamó y les dio la gracia de ser Marías del Sagrario y Discípulos de san Juan: «Te elegí y te puse para que fueras mi lámpara viviente… la mano que siempre señalara hacia Mí, la voz que de Mí siempre hablara, el pie que hacia Mí siempre se dirigiera, el corazón que siempre me quisiera… Para que fueras un Sagrario mío en donde Yo entrara cada mañana por la santa Comunión y de donde nunca saliera… En una palabra, para contar contigo» (OO.CC. I, nn. 435-437).

A los que aún no lo conocen les diría: ¡Venid y veréis! Dios no quita nada, ni defrauda, lo da todo por amor a ti. Esto nos lo enseña María, nuestra Madre, y nos lo sugiere: prueba a vivir eucarísticamente y no quedarás defraudado, «Hágase en mi según tu Palabra» (Lc 1,38).

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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