Hora santa para el 4 de marzo

Descárgate el PDF de la Hora Santa preparada por la Delegación general. UNER: UNA OBRA PARA NUESTRA MISIÓN EN LA IGLESIA

Introducción
Gracias, Señor, por tu amor. No nos amas de cualquier manera. Lo haces como solo tú sabes hacerlo: infinitamente…, sin medida. Y nos lo manifiestas con unos hechos que nos hablan de amor total, de entrega sin reservas, de fidelidad eterna. Corazón de Jesús que penetremos cada vez más en esta verdad que nos pone de relieve nuestro Padre: «El amor de Jesús a los hombres no se ha saciado con darles su vida mortal, le sugiere la Eucaristía, traza divinamente ingeniosa de vivir siempre sin morir, junto a sus hijos los hombres.» (SAN MANUEL GONZÁLEZ, En busca del escondido, en OO. CC. II, n.2686)

Silencio

Invocación al Espíritu Santo
Son muchos los nombres con los que te invoca la Iglesia. Eres el Abogado, el Consejero, el Defensor, el Paráclito, el Huésped del alma, el Amor divino, el Consolador. Queremos acogernos a tu acción más íntima, a la que obras en el corazón, en el hondón del alma, con tus mociones consoladoras, las que además de conceder alivio en la prueba, indican el camino por el que seguir hacia la meta que tenemos como horizonte.

Ven, Espíritu Santo
Espíritu Santo Consolador, ven con tu fuerza y con tu poder, que sin herir ni violentar, ofreces en la conciencia el susurro de lo que es bueno y mejor, para bien de cada persona y de la comunidad.
Ven, Espíritu Santo, Consolador, hazte luz para quienes todo lo ven oscuro; amor, para quienes se creen o están solos; fuerza, para quienes perciben la debilidad física y también en su espíritu. Tú eres el mejor Abogado, defiéndenos de nosotros mismos, de nuestras melancolías y desesperanzas. ¡Ven, Espíritu Santo, Consolador! Sé Tú nuestro compañero de camino en estos tiempos tan recios, y haznos mediación de tu misericordia consoladora.

Canto

Proclamación de la Palabra
S. Manuel González tuvo la gracia de profundizar en la Presencia y Vida que Jesús nos regala en el misterio de la Eucaristía. «El Sagrario no está limitado por las cuatro tablas que lo forman, ni aun por los muros que lo cobijan. El Sagrario señalará el límite de las especies sacramentales, pero no de la virtud que debajo de ellas constantemente brota.
Yo miro al Sagrado Corazón de Jesús en el Sagrario como un sol que irradia luz, calor y vida del cielo en torno suyo en una gran extensión; como un manantial de agua medicinal siempre corriente en muchas direcciones; como un deleitoso jardín esparciendo siempre sus aromas exquisitos.» (SAN MANUEL GONZÁLEZ OO.CC. II, Florecillas del Sagrario, n. 2678-679)

Su experiencia del Sagrario Abandonado se concretiza en una Obra de Reparación Eucarística para glorificar a Dios por tanto Amor expresado en su donación en la Eucaristía y para que el hombre reciba esa mayor gracia que en Ella se nos da. Una Obra que pide fidelidad y amor, y que está inspirada en el Evangelio de Juan.

«¿Jesucristo en el Calvario, abandonado de Dios y de los hombres por quienes se inmolaba, no se parece mucho al Jesucristo del Sagrario abandonado, no de Dios, que lo impide su estado glorioso, pero sí de los hombres por quienes se inmola constantemente?
Si hay alguna diferencia, es desfavorable para su vida de Sagrario.
En el Calvario, siquiera había unas Marías que lloraban y consolaban. En esos Sagrarios de que os he hablado ¡ni eso hay!» (SAN MANUEL GONZÁLEZ OO. CC. I, Aunque todos yo no, n. 57)
Jn. 13,1
« Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.»

Silencio prolongado después del cual se pueden hacer resonancias de la palabra.

Canto

Sigue amándonos «hasta el extremo»
«Sacramento de la caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquel que impulsa a «dar la vida por los propios amigos» (cf. Jn 15,13). En efecto, Jesús «los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Con esta expresión, el evangelista presenta el gesto de infinita humildad de Jesús: antes de morir por nosotros en la cruz, ciñéndose una toalla, lava los pies a sus discípulos. Del mismo modo, en el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos «hasta el extremo», hasta el don de su cuerpo y de su sangre. ¡Qué emoción debió embargar el corazón de los Apóstoles ante los gestos y palabras del Señor durante aquella Cena! ¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro corazón el Misterio eucarístico!» (BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis, n. 1)
Ese amor hasta el extremo de Jesús en la Eucaristía, que tanto había impactado a Ntro. Fundador al descubrirlo abandonado, le impulsa a poner en marcha la Obra de las Tres Marías y Discípulos de S. Juan para los Sagrarios-Calvarios. Una Obra a la que se dedicó durante toda su vida, impulsándola, mostrándole su misión y dotándola de una profunda formación y espiritualidad a través de su dedicación, testimonio y escritos. Veía tan necesaria su permanencia a través del tiempo, que funda a las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y se les confía la Obra, urgiendo a conservar, extender y formarla de generación en generación. (cfr. SAN MANUEL GONZÁLEZ OO. CC. I, Aunque todos yo no, n. 64)

Una Obra para nuestra misión
En este mes agradecemos estos 109 años de vida de la Obra, nos sentimos llamados a profundizar en su carisma y espiritualidad para ser como San Manuel, testigos e instrumentos convincentes en la misión que se nos ha confiado. ¡Señor, reaviva en nosotros el amor al don del carisma y misión que hemos recibido en la Obra!
Son múltiples los textos en los que nuestro Fundador expresa el ser y misión de la Obra, escogemos el siguiente para profundizarlo en nuestra oración:
«Hace falta una Obra de reparación eucarística con pies y ésa es la Obra de las Marías. A esa economía tan divinamente tierna y delicada de la multiplicación de los Sagrarios, para facilitar la alimentación y el consuelo de los hijos y la producción de la gloria de Dios, deben corresponder los hijos, colocando junto a cada Sagrario, bocas que coman, corazones que consuelen, almas que glorifiquen a Dios.
Como a la economía amorosa de la Providencia de distribuir las aguas por toda la superficie de la tierra, corresponde ésta con la producción y multiplicación de la vida vegetal y animal, así en torno de cada Sagrario, verdadera fuente de aguas vivas, debe producirse y multiplicarse la vida sobrenatural.
Un Sagrario en medio de un pueblo que no comulga ni trata con Jesucristo, es un río en medio de un desierto. Es decir, es una monstruosidad que no se da en el orden natural.
En este orden, si se diera el caso de un río que al paso de su corriente, no hiciera crecer ni una pobre mata silvestre, ni un arbolillo que sombreara un poco sus riberas, la naturaleza indignada o variaría su curso llevándoselo a tierras más agradecidas, o lo secaría con el ardor de los rayos del sol y con los desprendimientos de las tierras flojas e ingratas.
Esa monstruosidad que el orden natural no permite, la cometen los hombres con la fuente de agua viva que se llama Sagrario. ¡Hay tantos Sagrarios en medio de desiertos y sin oasis! ¿No llenará una gran misión sobrenatural la Obra que tome a pecho el formar Oasis espirituales junto a los Sagrarios, ora sembrando, cultivando las plantas ya marchitas del propio suelo, ora trasplantando de jardines ya cultivados y preparando injertos?» (SAN MANUEL GONZÁLEZ OO. CC. I, Aunque todos yo no, n. 84)

Silencio

Canto

Nuestros grupos UNER: Oasis de vida.
Hemos sido convocados para formar grupo, comunidad, en servicio a los hermanos y dentro de nuestras diócesis y parroquias que, junto a Ntra. Madre Inmaculada, S. Juan y las santas Marías del Evangelio permanezcamos en torno al Sagrario, como nuestra Fuente de Agua viva. Y es en torno a esta Presencia Viva donde se forma constantemente el Oasis de nuestro grupo UNER: reavivándose, renovándose, nutriéndose por la vivencia fiel y constante de las «cuatro compañías reparadoras» que enmarcan nuestra espiritualidad.
Signo (mientras se van enumerando las compañías vamos colocando junto al Sagrario cuatro flores
-signos de vida- que ya tenemos preparadas)
Compañía de Presencia: Madre Inmaculada ayúdanos a no abandonar nuestro Sagrario, que nuestras visitas se multipliquen y que crezca tanto nuestro amor a Él que «…nuestro trabajar, andar, descansar, reír, llorar…sea siempre de cara al Sagrario, mirando a él, como si se estuviera ante él…» (SAN MANUEL GONZÁLEZ OO. CC. I, El abandono de los Sagrarios acompañados, n. 215)
Compañía de compasión: Madre Inmaculada enséñanos a acompañar a Jesús cada vez con más constancia y coherencia, que nos persuadamos que «… si Jesús está en el Sagrario para prolongar, extender y perpetuar su Encarnación y su redención, lo menos que yo debo hacer es presentarle mi alma entera con sus potencias, y mi cuerpo entero con sus sentidos, para que se llenen y empapen de sentimientos, ideas y afectos de Jesús Redentor encarnado y sacramentado…» (SAN MANUEL GONZÁLEZ OO. CC. I, El abandono de los Sagrarios acompañados, n. 219)
Compañía de imitación: Madre Inmaculada, queremos aprender a ser cada vez más Jesús, ayúdanos a « Estar en nuestro deber: mandamientos de Dios y de la Iglesia, propio estado y voluntad de Dios en cada hora y minuto. Darnos a nuestros prójimos buenos o malos, agradecidos o ingratos. Y morir a nosotros mismos, y como corderos sacrificados ofrecernos a la mayor gloria de Dios y santificación propia y ajena, porque así lo hace Jesús Sacramentado, en silencio e invisiblemente como Él lo hace y para honrarlo y desagraviarlo en su caridad callada e invisible del Sagrario» (SAN MANUEL GONZÁLEZ, OO. CC. I, El abandono de los Sagrarios acompañados, n. 224)
Compañía de confianza: Madre Inmaculada ¡Aumenta nuestra Fe en la presencia viva y vivificante de Jesús en nuestro Sagrario! « Si todos contamos con el calor y la luz del sol de cada día, porque es sol, ¿por qué no hemos de contar sin titubeos ni vacilaciones, sino con la confianza más cierta e inconmo¬vible, con el amor misericordioso y omnipotente del Jesús de nuestro Sagrario y de nuestra Comunión, porque es Jesús?» (SAN MANUEL GONZÁLEZ OO. CC. I, El abandono de los Sagrarios acompañados, n. 229)

Oración final
Madre querida alcánzanos la gracia de que nuestros grupos UNER sean oasis de vida en torno al Jesús de nuestro Sagrario, sólo así podremos entregarnos con ilusión y eficacia en la misión que se nos ha confiado. Concédenos experimentar siempre más la belleza de nuestro carisma y danos capacidad y entrega para impulsar el multiplicarse los oasis de vida, en torno a los Sagrarios, de miembros de la UNER enterados, entregados y unidos, en su vivir por dar y buscar compañía a Jesús Sacramentado.

Canto

Publicado en eucaristia.