Vida FER en el mundo (UNER Barcelona)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2019.

Como una brisa suave

Escribo este texto contemplando la bella simplicidad de un paisaje de montaña y pienso que, la mayoría de las veces, buscamos a Dios en la grandiosidad de un milagro o en ceremonias y ritos hermosos. Pero Dios se muestra en nuestro camino de forma sutil y sencilla. Recordemos cómo Elías, en el monte Horeb, supo reconocer a Dios no en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en la brisa suave que los siguió.


El día 10 de noviembre, jornada de nuestra peregrinación al Santuario de la Virgen de la Salud, en Sabadell, sentí muchas veces esa brisa suave, que es presencia de Dios, entre nosotros. La sentí en el almuerzo, preparado con tanto amor por nuestras hermanas de Sabadell; en la sencilla y cordial acogida del sacerdote que ofició la Misa y nos recordó la importante misión que tenemos las Marías y los Juanes: «Dar y buscar compañía al Jesús de todos los Sagrarios del mundo, el más silencioso y el más abandonado».

Y la brisa siguió soplando en el rezo del rosario delante del Santísimo, con esos bellos cantos que entonaron algunas de nuestras hermanas. En la explicación, hermosa, sencilla y profunda, sobre la historia del santuario que, con tanto cariño, nos dio Rosa. Y, después de una riquísima comida, la brisa se transformó en algarabía en esos juegos de patio en los que participamos todos, entre risas y bailes: «Tengo una muñeca vestida de azul…», «Desde pequeñita me quedé…».

Oración compartida
Para acabar el día rezamos las vísperas en la hermosa iglesia románica de El Salvador, en Poliñá. Y, otra vez, soplo la brisa suave en la amabilidad con que nos recibió el joven vicario, en la oración compartida, en los cantos, en la meditación sobre el evangelio de la viuda pobre (Lc 21,1-4).

La hermana Mª Elisabeth nos recordó la importancia de ofrecer a Dios, cada día, pequeñas acciones como sonreír al que tenemos al lado, decirle que le apreciamos, ayudarlo en cualquier pequeña necesidad. Cosas tan cotidianas, tan humildes, que a veces nos pasan inadvertidas, porque pensamos que Dios espera de nosotros cosas grandiosas. El que es fiel en lo poco, es fiel también en lo mucho (Lc 16,10).

Signo de unidad
Como final dulce, muy dulce, el canto del Padrenuestro, cogidos de la mano, el intercambio de besos, abrazos y palabras bonitas.

Gracias, Dios mío, porque te manifiestas en lo simple, en lo humilde, en lo pequeño. Como san Manuel, acudamos al Sagrario para sentir, desde el silencio, esa brisa suave que es el amor de Dios en nuestras vidas. Y que esa brisa, soplando de forma continua, reavive el don de Dios que cada uno lleva dentro.

Rosa Borrás (UNER Barcelona)
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo.

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