Palabras de santo (enero 2019). La gracia en la educación

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2019.

Educar es un arte gracioso

A partir de 1930, D. Manuel comenzó a escribir diversos artículos de pedagogía para la revista El Granito de Arena. Según los comentarios, parece ser que resultaron muy interesantes, lo que llevó a los lectores a pedir su publicación como libro.Ver en Google Books, La gracia en la educación (1ª edición, 1935).


Lo anunciaba así El Granito de Arena, (5/8/1935, n. 666, p. 483): «Muy pronto aparecerá La gracia en la educación o Arte de educar con gracia. Nuevo libro de nuestro Sr. Obispo. Interesantísimo a sacerdotes, maestros, padres, madres, catequistas y a cuantos tienen la misión de educar. Las páginas del libro que se han publicado en El Granito han movido a muchos de nuestros amigos a pedirnos el libro aún antes de publicarse. Contiene más de 300 páginas, encuadernado en tela y con un precioso grabado en tricotomía. Se venderá al precio de 2,50 pesetas».

Un tema muy interesante
El aviso se hizo realidad muy pronto, ya que en el número siguiente de El Granito se anunciaba: «Acaba de publicarse La gracia en la educación o Arte de educar con gracia. En el próximo número daremos el índice de esta última obra de nuestro Excmo. Sr. Obispo tan deseada por muchos de nuestros lectores, en especial padres, madres, sacerdotes, maestros, catequistas y educadores que ya han saboreado muchas de las páginas del libro en la revista» (20/8/1935, n. 667, p. 520).

El libro consta de una presentación (escrita por nuestro autor en Madrid, 1935) y 19 capítulos. Posteriormente se agregó una nota para la 3ª edición (firmada por los editores desde Palencia en el año 1940, meses después de la muerte del autor) y un prólogo (del Dr. Andrés Molina Prieto, en la 5ª edición). Tuvo cinco ediciones (1935, 1940, 1948, 1956 y 1985). En la última se consideró conveniente agregar una selección de otros escritos de don Manuel sobre pedagogía y catequesis, con lo que se superaron las 350 páginas. Los textos añadidos han sido: el libro Cartilla del catequista cabal, el folleto Todos catequistas y el capítulo «Dichos, hechos y lecciones» que ofrece un centenar de textos antológicos extractados de otros dos libros anteriormente publicados: Sembrando granos de mostaza y Partiendo el pan a los pequeñuelos. Así se encuentra, también, en el tercer tomo de las Obras completas (nn. 3852-4435).

¿Cómo educar?
En nuestro tiempo, es frecuente escuchar hablar de «emergencia educativa», expresión que hace referencia a una situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata. Sin duda, son muchos los desafíos a los que hay que responder hoy en el ámbito de la educación. También don Manuel percibió esta necesidad en su tiempo, e intentó ofrecer herramientas a los educadores, partiendo de sus propios conocimientos y experiencias.

Citamos algunos ecos donde se percibe el entusiasmo con el que fue acogida esta publicación: «¡Sacerdotes, padres, maestros, catequistas todos! El gran problema de la educación acaba de ser originalmente tratado en el sugestivo, interesante y utilísimo libro, honra de la pedagogía española: La gracia en la educación o Arte de educar con gracia. En él ha sabido hermanar la fecunda e inspiradísima pluma del hasta hace poco Obispo de Málaga, hoy de Palencia, con la sublimidad que le caracteriza, la gracia del cielo y la de la tierra para dárnoslas como el remedio de la educación seca y sin gracia y por lo tanto estéril. Llena, pues, un vacío que se dejaba sentir en el campo de educadores y educandos. Solo la vista de la portada, verdaderamente artística, predispone a la simpatía. Léanlo y acabarán enamorándose de su doctrina: propáguenlo y la buena obra educativa será completa» (El Granito de Arena, 5/11/1935, n. 672, p. 674).

«El nuevo libro del Sr. Obispo de Málaga y el último que, como tal, escribe: La gracia en la educación o Arte de educar con gracia. Es la cuestión y la pregunta inquietante del día: ¿Cómo educar a nuestros niños y a nuestros jóvenes? ¿Cómo preservarles del contagio del laicismo y del paganismo ambiente? ¿Cómo impedir ese triste y frecuente fenómeno de hijos malos de familias buenas, muchachas y muchachos casi paganos, criados en familias y escuelas cristianas? A esas preguntas responde este libro en el lenguaje fácil, conciso, genial, ameno, anecdótico y, por supuesto, gracioso que tan atrayentes y sugestivos hace los libros del antiguo Arcipreste de Huelva, hoy Obispo de Málaga y mañana de Palencia. ¡Un libro de educación sin reglas fastidiosas, ni nombres exóticos, ni razonamientos intrincados! Un libro para educadores de todas las medidas y de todos los alcances» (El Granito de Arena, 5/9/1935, n. 668, p. 551).

Gracia del cielo y de la tierra
La tesis principal del libro plantea que para educar es necesaria tanto la gracia del cielo (sobrenatural, divina) como la gracia de la tierra (tener chispa, ingenio, ser amable y agradable en el trato con los demás). Argumentando a favor de dicha tesis, D. Manuel entreteje este manual de pedagogía cristiana con distintos casos, ejemplos y anécdotas personales y de otros educadores, como san Juan Bosco. Su publicación fue muy novedosa y difundida, según nos cuentan las páginas de El Granito: «Algo muy gracioso está resultando La gracia en la educación o Arte de educar con gracia. ¿No tiene mucha gracia ver llegar en el correo de cada día tantos pedidos de este “benjamín” de nuestra Biblioteca y ver salir montones y montones de paquetes con dirección a los más diversos puntos de España y América española? El nuevo libro es de los que saben ganarse las simpatías de padres, maestros, catequistas y todos los que tienen la misión de educar. Se vende al precio de 2,50 en nuestra Administración y en las principales librerías religiosas» (El Granito de Arena, 5/10/1935, n. 670, p. 595).

El condimento justo
No cabe duda de que la pluma de nuestro santo obispo es muy gráfica, sencilla y humana, sin dejar de ser profunda, y sus ejemplos y expresiones muchas veces nos arrancan una sonrisa. Podríamos decir que tanto sus escritos como toda su vida son testimonio de esa conjunción de la gracia divina y humana, de esa sal y esa chispa que atraen, comunican y contagian la alegría del Evangelio. Él mismo es testimonio de su propia tesis educativa: solo es posible educar habiendo recibido la gracia del cielo, y con los recursos que ofrece la gracia natural.

Además, el vivir en gracia lo hace conocedor de los propios límites de nuestro barro, de no fiarse de sí mismo sino del Señor, y por eso advierte en estas páginas acerca de algunos peligros o desviaciones que pueden darse en el ámbito educativo, tanto en los niños como en sus educadores (miedos, relajación, rigidez, etc.).

Pone de manifiesto que los extremos no son buenos: se trata de no ser soso ni muy salado. ¿Cuál es el condimento justo? ¿Cuándo somos sal verdaderamente significativa para quienes nos rodean? Solo podemos ser sal del mundo, sal para nuestros educandos, si estamos unidos al Maestro Jesús, modelo de toda pedagogía cristiana. Jesús, nos dice D. Manuel, es en el Evangelio autor y maestro de palabra y obra, y en la Eucaristía, el modelo perfecto y la fuerza para cumplirlo (cf. OO.CC. III, n. 4257).

Don Manuel nos cuenta sus propias experiencias, y nos revela algunos de sus secretos para educar y catequizar. El libro nos ofrece muchas pistas, pero quisiera destacar un aspecto que me llamó la atención. Somos testigos de que en nuestro tiempo, con frecuencia en las familias hay conflictos; sus miembros se dividen y separan por diversos motivos. Ante este hecho, los niños sufren mucho. Necesitan referentes y personas de confianza que estén cerca de ellos, los escuchen y acompañen. D. Manuel nos aconseja «ganarnos a los niños» con ingenio y bondad. Con esa bondad paciente que sabe mirar, escuchar, preguntar, responder, aguantar impertinencias, que se irradia en todas las palabras y gestos del educador. Y con ingenio, es decir, estando atentos para proponer temas, actividades, dinámicas que sean atractivas para los niños y que les ayuden a crecer en todas sus dimensiones. Por tanto, necesitamos gracia del cielo y de la tierra, ingenio y bondad. Este es un precioso desafío, que nos invita a recordar y a evaluar nuestra vida a la luz de otra máxima de nuestro querido santo: «Nadie da lo que no tiene». ¿Somos bondadosos e ingeniosos en nuestra labor?

Pidamos al Señor que nos conceda su gracia para saber guiar a los más pequeños en el camino de la vida, compartiendo y trabajando por hacer realidad el deseo de san Manuel: «Que no haya Eucaristía sin niños ni niños sin Eucaristía».

Dedicatoria
Este artículo está dedicado a Lillina. Ella es una asidua lectora de El Granito. Es italiana, profesora, y le encantan los idiomas, entre ellos el español. Hace años que ayuda generosamente, con gran paciencia y disponibilidad, a las Misioneras Eucarísticas que llegamos a Roma, para que podamos mejorar nuestro nivel de italiano. Desde pequeña, su formación estuvo ligada a la familia salesiana, y cuando habla de D. Bosco, le brota un inmenso cariño y gratitud. Poco a poco fue conociendo y queriendo también a D. Manuel, y nos dice que encuentra muchas similitudes entre ambos santos. Por eso, creo que comentar el libro La gracia en la educación es el mejor punto de encuentro para agradecer a tantos maestros, como Lillina, que con su vida y enseñanzas no dejan nunca de descubrirnos nuevos horizontes.

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

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