Historias de familia (enero 2019: Fray Constantino de la Vega, capuchino)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2019.

Dando a conocer y a amar nuestra bendita Obra en donde quiera que pone el pie

El 25 de noviembre de 1959 fallecía en Venezuela en la residencia franciscana de Cumaná un venerable fraile capuchino de 84 años, el padre Constantino de la Vega, que durante más de cuarenta años trabajó por extender y consolidar la Obra de las Marías de los Sagrarios en los muchos lugares donde sirvió como misionero.


Nacido en Asturias en 1875, hizo su profesión solemne como fraile capuchino el 20 de enero de 1895. En julio de 1900 recibió el orden sacerdotal y en 1902 partió por vez primera hacia América. Sabemos que fue misionero en Puerto Rico, pues la prensa contaba que desde la ciudad de Utuado se desplazaban dos capuchinos a la de Lares para predicar la novena de la Inmaculada en 1906. Uno de ellos era Fray Constantino de la Vega y «cientos de católicos confesaron y recibieron el pan eucarístico el día de la patrona» como puede leerse en La correspondencia de Puerto Rico del 21 de diciembre de ese año.

Un encargo sencillo: las Marías de los Sagrarios
Pero su salud se quebranta en esas tierras de misión y sus superiores piensan que debe restablecerse en España. A bordo del vapor Montserrat llegará a Vigo en abril de 1915. Se instala en la familia conventual capuchina de Vigo que entonces casi estrenaba su sede, inaugurada en 1904. Le recibe como guardián del convento (que es el nombre con el que se conoce en esta orden a quien hace cabeza en la comunidad) el P. Antonio de Carroceda. Precisamente por entonces el obispo de Tuy había confiado al padre Antonio la dirección de la Obra de las Marías de los Sagrarios en el arciprestazgo de Fragoso, en el que se incardinaba la ciudad de Vigo. Conviene decir que la complicada división de las diócesis gallegas dificultó mucho el establecimiento de la Obra, que se estructuraba en función del territorio de las mismas. Esto sucederá con Vigo y con la propia diócesis de Compostela.

Por otra parte, es interesante recordar que desde 1914 el obispo de la diócesis de Tuy era Mons. Leopoldo Eijó Garay, buen amigo de D. Manuel González desde los años en que compartieron estudios en el seminario de Sevilla y uno de los dos obispos que asistieron, junto al consagrante principal, a su unción episcopal en la catedral Hispalense.

Para hablar del establecimiento de las Marías en Vigo hay que partir del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Madrid, en junio de 1911, que supuso una oportunidad para dar a conocer la feliz iniciativa del arcipreste de Huelva que, hacía entonces poco más de un año, había pedido a las mujeres que acudían a Misa en su parroquia que se unieran para dar compañía al gran abandonado: al Señor sacramentado presente en el Sagrario. En agosto de 1911 se distribuye por Galicia una hojita impresa en Puenteareas (hoy se conoce como Ponteareas) que es promovida por un fraile capuchino y que se refería a esta iniciativa. Tiene cierta lógica que, al convertirse en obispo en aquella zona un buen amigo del fundador de las Marías, este confiara al capuchino P. Antonio de Carroceda el establecimiento en su convento de esta obra de apostolado que se desarrollaría desde allí, al mismo tiempo que otras como los Jueves eucarísticos, fundados precisamente en Vigo en 1907.

Tampoco es de extrañar que al incorporarse al convento fray Constantino de la Vega y dado que se trasladaba allí para restablecer su salud, se le encomendara a él hacerse cargo de esta Obra, que a priori, no suponía un trabajo duro. Entre los documentos relacionados con la Obra de las Marías de los Sagrarios Calvarios y Discípulos de San Juan, que se custodian en el actual obispado de Tuy-Vigo figura uno que señala que «con fecha 28 de abril de 1916 el entonces prelado tudense Dr. Eijó Garay, nombró al padre Antonio de Carrocera director arcipreste en Fragoso con la autorización para establecer la obra en Vigo, primer centro en la diócesis de Tuy. Con fecha 9 de marzo de 1917, el mismo Rvdo. prelado, dirigiéndose al P. Constantino de la Vega, de la misma orden que el anterior, elevaba el centro fundador, hasta aquel momento arciprestal, a la categoría de diocesano».

El Granito de Arena, en su número del 20 de noviembre de 1916, anunciaba que el 3 de diciembre se inauguraría oficialmente el centro de Vigo. La crónica de la que fue la primera asamblea de las Marías de Vigo (no hay que olvidar que lo eran de la diócesis de Tuy), está firmada el 25 de enero de 1918 (El Granito de Arena, 20/2/1918, n. 250, pp. 82-86). En ella se destaca que estuvo presidida por Mons. Lago González, que había sustituido a D. Leopoldo Eijó como obispo de la diócesis.

Las Marías viguesas contaron con su propio boletín informativo, una revista de edición trimestral que también fundó fray Constantino de la Vega: El amor no es amado. Publicación católica órgano de las Marías de los Sagrarios calvarios y discípulos de San Juan de Vigo y su arciprestazgo, y que él mismo dirigió hasta que dejó la ciudad. Sobre la marcha de este apostolado en la crónica del convento de los capuchinos, de julio de 1919, se puede leer «el R. P. Constantino ha organizado en la Diócesis la Obra de las Marías, como Director diocesano…es de desear que la Orden continúe atendiendo a esta obra por el prestigio que ella nos da y el mucho bien que se hace».

En esas mismas páginas se menciona que fray Constantino trabajó en la edición de una obra sobre las Marías publicada en 1917. Es muy probable que se tratara del primer Reglamento de asociación en la diócesis de Tuy, pues sabemos que en 1916 se publicó el de la diócesis de León y en 1917 el de la de Calahorra. La misma crónica refleja también la extensión de su actividad a varios lugares de la diócesis: Puenteareas, Cabral, Priegue, Lavadores, Salnés, Redondela, Cambados, Ortigueira… Sin duda la labor de aquel promotor de la reparación eucarística en Galicia estaba resultando fructífera.

De regreso a la misión
Siendo misionero de vocación, una vez se consideró restablecido, fray Constantino abandonó aquel, relativamente cómodo, destino en el convento gallego para regresar a América. Seguiría sin él la actividad de las Marías en Vigo, pero el fraile misionero que las impulsó en Galicia, seguirá promoviendo la obra en otros lugares.

D. Manuel enseguida intuyó el gran anhelo misionero y eucarístico reparador de fray Constantino. Tanto, que en una carta que le escribió el 6 de diciembre de 1933 expresaba: «He recibido su gratísima del 4 del pasado mes de Noviembre y he recibido con ella un grandísimo consuelo, viendo como no cesa usted de trabajar en favor de los Sagrarios-Calvarios y como el Corazón Eucarístico de Jesús le concede que pueda dar a conocer y a amar nuestra bendita Obra en donde quiera que pone V. el pié».

Fray Constantino llegó a Caracas en 1923 y nada más llegar debió poner en marcha la revista El Eco del Santuario. Sabemos, además, que el 23 de diciembre de 1923 las religiosas Siervas del Santísimo Sacramento se «sortearon» los Sagrarios de la arquidiócesis para poder consagrarse al día siguiente, en la Nochebuena, como Marías ante el Divino Niño. Esta congregación religiosa había sido fundada en Caracas por el obispo D. Juan Bautista Castro, y la difunta madre general, Ángela del SS. Sacramento, antes de morir en 1922, ofreció este instituto para que fuese Centro de la Obra de las Marías en todas las diócesis en que llegara a fundarse. Al referirse en El Granito el establecimiento de la obra en Caracas se señala «garantía grande del espíritu que las ha de animar constituye el haber recibido la semilla de la obra de R. P. Fray Constantino de la Vega, Capuchino, director hasta hace poco del Centro de Vigo y actual misionero apostólico entre los indios de Venezuela, religioso lleno del amor divino e íntimamente compenetrado con el fin espiritual de la obra» (20/6/1924, n. 402, p. 376). El 2 de mayo de 1924 recibirían estas monjas las medallas de manos de fray Constantino.

En ese día quedó establecida oficialmente la Obra en Caracas y ellas se convirtieron en las primeras Marías contemplativas de la diócesis. Conviene recordar, no obstante, que la Obra de las Marías ya estaba presente en Venezuela, pues en septiembre de 1919 se había establecido con sede en el colegio del Pilar en Maracaibo, en la diócesis de Zulia. Pero sería fray Constantino quien, en 1924, se convertiría en Delegado General de la Obra en aquel país. Nunca faltaron en El Granito las crónicas de los centros de Venezuela, que llegaron remitidas por él, desde Carúpano, Cumaná o Caracas. No en vano, al hablar D. Manuel en su libro Aunque todos… yo no, de la expansión de la Obra, se refiere a centros de Venezuela como «los de la fidelidad exquisita en acompañar y buscar compañía a los Sagrarios y en comunicarnos cuanto hacen». La última crónica que fray Constantino hizo llegar al fundador correspondía al año 1938 y D. Manuel se la agradeció enviándole una fotografía dedicada con su bendición. Al mismo tiempo, en sus cartas daba noticias de cómo El Granito le llegaba siempre a pesar de las dificultades.

Unido a la Obra hasta el final de sus días
Con alegría celebró sus bodas de oro sacerdotales, como no podía ser de otro modo, junto a las Marías de Cumaná. Al poco sería trasladado a Valencia. Le sucedería como director diocesano D. Juan López Albanés, un sacerdote malagueño que había llegado a Venezuela en 1955 para hacerse cargo de dirigir el seminario. Él organizó en 1957 un pequeño homenaje de las Marías a aquel anciano, que emocionado escuchaba en la residencia de Cumaná, donde pasó sus últimos años de vida, cómo se le calificaba de «columna viviente de la Obra». Todavía en 1959, asistiría a la celebración del 3 de marzo, aunque ni siquiera pudo concelebrar la misa pues estaba ya enfermo (cf. El Granito de Arena, junio 1959, n. 1044, p. 161). Fallecería a finales de noviembre de aquel año.

Fueron casi 44 años y muchos miles de kilómetros los que pasó este fiel seguidor de san Francisco promoviendo el carisma reparador de una Obra que amó con toda su alma. Aunque estuvieron en contacto mediante correspondencia, y se conservan cartas en las que se pone de manifiesto la buena sintonía y admiración que existió entre ambos, no sabemos si llegaron alguna vez a encontrarse en la tierra D. Manuel y fray Constantino, sin embargo, es más que probable que ahora, desde el Cielo, intercedan juntos por esa bendita tierra de Venezuela, así se lo pedimos a ambos.

Aurora Mª López Medina. Con agradecimiento al responsable del Archivo conventual de los Hermanos Menores Capuchinos de Vigo, P. Carlos A. Ortiz Ramos
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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