Palabras de santo (diciembre 2018). El Rosario sacerdotal

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diembre de 2018.

Rosas para María, Madre de los sacerdotes

Acercándonos a la biografía de los santos, vemos que la presencia de María siempre brilla y ocupa un lugar especial. También la encontramos con mucha claridad en la vida, en las obras y en los escritos de san Manuel. Ver en Google Books, El Rosario sacerdotal (1ª edición, 1935).

Podemos recordar, por ejemplo, sus primeras oraciones cuando era niño dirigidas a la Virgen de la Alegría en Sevilla, la famosa plegaria «Madre, que no nos cansemos» que redactó inspirado ante Nuestra Señora de la Cinta en Huelva, su último peregrinar a la Basílica de la Virgen del Pilar en Zaragoza antes de morir… y en cada uno de sus días, su ferviente y filial devoción a nuestra Madre Inmaculada, expresada muchas veces en breves pensamientos y jaculatorias escritos con gran cariño y en medio de mil y una ocupaciones cotidianas.

En el camino de la vida
Sin duda, María siempre estuvo muy presente en la vida de don Manuel, desde que era muy pequeño. Qué bonito recordar que sus danzas de seise se entrelazaban en torno a la Eucaristía en la octava del Corpus, y para honrar a la Inmaculada. Estas danzas son una metáfora de toda su existencia, dos amores que marcarán y orientarán toda la vida y vocación de nuestro querido santo.
Siguiendo nuestro itinerario de lectura de sus libros, encontramos El rosario sacerdotal. Su título nos remite a dos temas claves en su producción literaria: la devoción filial a María y la espiritualidad del sacerdote. Comenzó a escribirlo don Manuel cuando era todavía obispo de Málaga, aunque ya en el destierro de su diócesis, en 1932.
La primera edición fue publicada en 1935, cuando estrenaba su nueva diócesis de Palencia. Luego siguieron tres ediciones más: 1952, 1978 y 2003; y se encuentra en el segundo tomo de las Obras Completas, dedicado a los escritos de espiritualidad sacerdotal (nn. 2412-2656). Habiendo experimentado ya tanto las alegrías como los sinsabores del ministerio, nuestro autor recorre los gozos, dolores y glorias del sacerdocio a la luz de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de Jesús y María. Él mismo explica el hilo del libro: «Como el rosario de mi Madre tiene sus misterios, así mi sacerdocio tiene también los suyos. Y, al igual que aquél, son gozosos los unos, dolorosos los otros y gloriosos por último». Sus reflexiones brotan de muchas jornadas de oración, de días vividos con intensidad, abandonado con total confianza en las manos del Señor y bajo el amparo de su Madre del cielo.
El 20 de septiembre de 1932 comienza a publicar los artículos que, finalmente, serán parte del libro El Rosario sacerdotal, en una sección homónima. Explica san Manuel por qué escribe estas líneas: «para ayudarme yo y ayudar a mis hermanos los Sacerdotes comienzo hoy estas notas sobre el modo de rezar y meditar sacerdotalmente el Rosario. Concédanos la Madre Inmaculada que, pasando devote cuentas de Rosario por nuestros dedos, seamos sacerdotes cada día más enterados y empapados de nuestro Sacerdocio y con fe más viva en él» (El Granito de Arena, n. 597, pp. 546-547). Al inicio de cada artículo se repetirá la frase: «Tengo tal fe en el Rosario bien rezado y bien meditado de los Sacerdotes, que no vacilo en esperar de él milagros de triunfos propios y sobre las almas».
Se publicaron, en primer lugar, los misterios gozosos (desde el 20 de octubre de 1932 al 20 de febrero de 1934). Los dolorosos comenzaron a desgranarse en el ejemplar del 20 de marzo de 1934. Sin embargo, el 20 de abril explicaba san Manuel: «para amoldarme al tiempo pascual en que escribo estas líneas, expongo los Misterios gloriosos y dejo para más adelante la exposición de los cuatro dolorosos que restan» (n. 611, p. 194). El 5 de septiembre (n. 620) concluía la reflexión sobre los misterios gloriosos y se retomaba en el número siguiente con los misterios dolorosos restantes. El quinto misterio doloroso fue publicado el 5 de noviembre de 1933 (n. 624).

Polifonía de santos
En el ámbito de la música, el término «polifonía» se refiere al conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico. También en el campo del análisis literario, algunos autores utilizan este término para referirse a las múltiples voces que pueden aparecer en un texto. Este recurso es una riqueza, ya que expresa armonía y unidad en la diversidad. Podemos decir que los textos de san Manuel también son polifónicos al incorporar citas y reflexiones de otros autores, dando mayor belleza, profundidad y sabiduría a sus propios escritos. En el caso de este libro, dialoga con santos sacerdotes de todos los tiempos que se distinguieron por su gran amor a María, como san Alfonso Mª de Ligorio, san Bernardino de Siena, san Bernardo, san Buenaventura, el santo Cura de Ars, santo Tomás de Aquino y san Ambrosio, entre otros. Las palabras de san Manuel, por tanto, se unen al armonioso canto de los santos que alaban y ensalzan a María, Reina del Santo Rosario y Madre de la Iglesia universal.

A Jesús por María
En las páginas de El Granito de Arena leemos: «El rosario sacerdotal. El sacerdocio, como el rosario, tiene sus misterios de gozo, de dolor y de gloria. Un libro del Sr. Obispo de Palencia que contiene sabrosísimos y originales puntos de meditaciones sacerdotales sobre los 15 misterios del rosario. Un libro que, aunque es para todos los tiempos, lo es mucho más para los actuales y muy especialmente en España, donde el sacerdocio católico refulge con aureolas de martirio, y la sublimidad de la vocación le pide a cada uno ser alter Christus» (5 y 20/2/1938, nn. 726-727, p. 24).
Don Manuel es consciente de la importancia de cuidar la vida espiritual, y más aún en tiempos recios y de persecución, como los que él vivió. Esta es una enseñanza muy valiosa y actual también para cada uno de nosotros, en momentos que no son fáciles, y nos ayuda además a caer en la cuenta de que vivir la propia vocación unidos a María, es camino seguro para llegar a configurarnos con su Hijo.
En consonancia con estas ideas, el libro Un apóstol de María. Espiritualidad mariana según don Manuel González, de Andrés Molina Prieto (EGDA, Madrid 1982), afirma que «si don Manuel fue un “chiflado” de la Eucaristía, nadie podrá negarle el merecido título de “enamorado fiel de María Inmaculada”». Toda su vida sacerdotal ha estado bajo el signo de María, su devoción mariana es genuinamente evangélica y evangelizadora y profundamente cristocéntrica, eucarística y reparadora. Don Manuel sueña con un sacerdocio plenamente mariano, y su gran ilusión es contribuir con todas sus fuerzas en hacer más marianos a todos los ungidos del Señor.
También su apostolado estuvo al servicio de la Virgen, consciente de que una genuina devoción mariana conduce siempre a la íntima unión con Jesucristo. Él quería a sus sacerdotes muy enamorados de la Virgen y muy fieles a su ministerio, rezando y meditando el rosario. Para don Manuel, una vida eucarística está en íntima unión con María. En otras palabras, la mejor manera de ser un alma eucarística es siendo al mismo tiempo un corazón plenamente mariano. Todas sus reflexiones, sugerencias, jaculatorias y peticiones hablando de María o con María se encaminan a este objetivo común: la vida eucarística. Por tanto, su vida, obra, espíritu y estilo pueden ser descifrados en clave eucarística y en clave mariana.

Un tesoro luminoso
El rosario es una de las formas de oración mariana más queridas y arraigadas entre los fieles, siempre recomendada y pedida también por los sumos pontífices. San Juan Pablo II, por ejemplo, en el Año dedicado al Santo Rosario (2002), decía: «Queridos hermanos y hermanas: Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana […] Me dirijo en particular a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado, sacerdotes y diáconos, y a vosotros, agentes pastorales en los diversos ministerios, para que, teniendo la experiencia personal de la belleza del Rosario, os convirtáis en sus diligentes promotores» (Rosarium Virginis Mariae, 43).
En esa misma carta apostólica, propuso que, a los misterios tradicionales de gozo, dolor y gloria, se incorporen los «misterios luminosos», es decir, cinco momentos significativos de la vida pública de Cristo (1. Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual).
¡Qué alegría para toda la familia eucarística saber que en el rezo del rosario y unidos a toda la Iglesia, podemos contemplar un misterio dedicado especialmente a la institución de la Eucaristía! Así lo definió san Juan Pablo II: «Misterio de luz es la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad “hasta el extremo” (Jn 13,1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio» (RVM, 21).
En este tiempo en que nos preparamos a vivir misterios de tanto gozo y alegría para nuestra fe, como es la Navidad, pidamos a María, Madre de la dulce espera, por el papa, los obispos y todos los sacerdotes, de manera especial por nuestros párrocos, por quienes forman parte de la F.E.R., por los que están enfermos, por quienes estén atravesando momentos difíciles en su vocación. Pidamos también por los seminaristas, y por todos los jóvenes que se están planteando este camino, para que encuentren buenos guías que los ayuden a discernir. El sacerdocio… ¡qué hermoso regalo de Dios para la Iglesia y para el mundo!
Pidamos, como anhelaba san Manuel, que todos los sacerdotes sean evangelios vivos, que no se cansen de llevar a Jesús a los hermanos y a los hermanos hacia Jesús. «Madre sacerdotal, que en la Visitación llevas a tu Jesús con prisa, que la prisa de llevarlo a los que lo necesitan no deje vivir quietos a tus sacerdotes!» (OO.CC. II, n. 2439).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

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