El Evangelio a la lámpara del Sagrario (domingo 23/12/18, IV de Adviento. Ciclo C)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de diciembre de 2018

Lc 1,39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo.

«Si la Encarnación fué una Comunión, la Visitación fué su acción de gracias. El Evangelio no dice cuánto tiempo medió entre la visita del arcángel Gabriel y la visita a su prima; pero deja entender que fueron acciones muy inmediatas. Terminada de contar aquella escena, la más sublime de todas las de la historia, y resonando aún en los oídos el venturoso fiat que da entrada al Verbo en su primer Tabernáculo de la tierra, el evangelista sigue narrando con esta significativa palabra: Y levantándose María… Pero, después de elevada a Madre de Dios, ¿podías elevarte más? ¡Oh virtud infinitamente elevadora del amor al prójimo por Dios! ¡Partió… No dice si sola o acompañada, si a pie o montada en un jumentillo, si de día o de noche, con calor o frío!, ¡nada de eso detiene ni importa al amor; lo que le importa es ir… a donde el amor mande! ¡E ir pronto! No creo que pueda encontrarse un comentario vivo más completo y perfecto del «la caridad de Cristo nos urge» de san Pablo que ese ir con prisa de María a los montes en que habita su prima. ¡Qué al vivo y qué fielmente imita por anticipado la Madre las ansias del Hijo de hacer bien a los hombres! ¡Con prisa! ¡María acabada de ser constituida Madre augusta de Dios, corriendo por calles y montes, para pasar tres meses al servicio de una simple mujer!…» (OO.CC. I, nn. 1303-1304).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.
Publicado en El Evangelio a la lámpara del Sagrario, El Granito de Arena.

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