Cordialmente, una carta para ti (diciembre 2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2018

Fides et ratio, veinte años después

Estimado lector: Como recordarás, el pasado 14 de septiembre se cumplieron 20 años de la publicación de Fides et ratio. Ya han pasado 20 años, y parece que fue ayer.

El papa san Juan Pablo II comenzaba su meritoria encíclica con estas palabras: «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él».

Dos alas para elevarse
De una manera bella y poética, san Juan Pablo II nos recuerda que Dios puso en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y de conocerle a Él. Y para que pueda realizar tal deseo le proporcionó los medios necesarios: la fe y la razón. Razón y fe se convierten así en las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.

Pero lo que ocurre es que algunos deciden renunciar a la fe y utilizan solamente la razón. Es como si renunciasen a caminar con las dos piernas y recurriesen a unas muletas. ¿Por qué ese interés en caminar con muletas cuando disponen de dos piernas? Es algo difícil de entender, pero es así. Dos alas tiene el hombre para elevar su espíritu hacia la verdad, como nos recuerda san Juan Pablo II; esas dos alas son la fe y la razón. ¿Por qué algunos renuncian a una de ellas, si las dos son necesarias para poder volar?

Ante la imposibilidad, apreciado lector, de comentar todo el contenido de Fides et ratio, haré referencia únicamente a la Conclusión que figura al final de la encíclica. El pontífice destaca en ella «el valor que la filosofía tiene para la comprensión de la fe y las limitaciones a las que se ve sometida cuando olvida o rechaza las verdades de la revelación» (n. 100). Importante advertencia la que aquí hace: la filosofía ayuda a comprender la fe, pero queda muy limitada cuando ignora o rechaza las verdades propias de la fe.

Seguidamente se refiere en esta conclusión a las relaciones mutuas entre filosofía y teología. Dice: «De la misma manera que he reafirmado la necesidad de que la teología recupere su legítima relación con la filosofía, también me siento en el deber de subrayar la oportunidad de que la filosofía, por el bien y el progreso del pensamiento, recupere su relación con la teología» (n. 100). Resulta evidente que a Juan Pablo II le preocupaban enormemente las relaciones mutuas entre filosofía y teología, entre la razón y la fe.

En la parte final de esta conclusión, el papa hace un cordial llamamiento a los teólogos, a los filósofos y a los científicos. Refiriéndose a los primeros, afirma: «Al concluir esta Encíclica quiero dirigir una ulterior llamada ante todo a los teólogos, a fin de que dediquen particular atención a las implicaciones filosóficas de la palabra de Dios y realicen una reflexión de la que emerja la dimensión especulativa y práctica de la ciencia teológica» (n. 105).

Contemplar la verdad
En el apartado siguiente dice: «Mi llamada se dirige, además, a los filósofos y a los profesores de filosofía, para que tengan la valentía de recuperar, siguiendo una tradición filosófica perennemente válida, las dimensiones de auténtica sabiduría y de verdad, incluso metafísica, del pensamiento filosófico… Que se orienten siempre hacia la verdad y estén atentos al bien que ella contiene» (n. 106). Ciertamente, la meta de todo buen filósofo ha de ser la verdad, la contemplación de la verdad.

Y a continuación el santo padre se dirige a los científicos, diciendo: «siento el deber de exhortarlos a continuar en sus esfuerzos, permaneciendo siempre en el horizonte sapiencial en el cual los logros científicos y tecnológicos están acompañados por los valores filosóficos y éticos, que son una manifestación característica e imprescindible de la persona humana» (n. 106).

Al final de Fides et ratio, san Juan Pablo II recuerda a quien mejor podía iluminar todas sus reflexiones y escribe: «Mi último pensamiento se dirige a Aquélla que la oración de la Iglesia invoca como Trono de la Sabiduría. Su misma vida es una verdadera parábola capaz de iluminar las reflexiones que he expuesto. En efecto, se puede entrever una gran correlación entre la vocación de la Santísima Virgen y la de la auténtica filosofía. Igual que la Virgen fue llamada a ofrecer toda su humanidad y femineidad a fin de que el Verbo de Dios pudiera encarnarse y hacerse uno de nosotros, así la filosofía está llamada a prestar su aportación, racional y crítica, para que la teología, como comprensión de la fe, sea fecunda y eficaz» (n. 108).

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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