Cordialmente, una carta para ti (noviembre 2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2018

Hacer las paces con la vida

Estimado lector: El papa Francisco, durante la audiencia general del pasado 5 de septiembre, pronunció unas palabras que por su gran valor merece la pena comentar y recordar.

Comenzó haciendo referencia al descanso y dijo: «El viaje a través del Decálogo nos lleva hoy al mandamiento sobre el día de descanso. Parece un mandamiento fácil de cumplir, pero es una impresión equivocada. Descansar de verdad no es sencillo, porque hay descanso falso y descanso verdadero. ¿Cómo podemos reconocerlos?»… Ya desde el principio, el santo padre sabe cautivar nuestra atención y despertar nuestro interés. Es un don que le caracteriza.

Dos clases de descanso
Con el propósito de ayudarnos a reconocer las dos clases de descanso, destacó que la sociedad de hoy está sedienta de vacaciones y de diversión. En nuestros días es muy poderosa «la industria de la distracción» y la publicidad nos presenta al mundo como «un gran parque de juegos donde todos se divierten». Pero esta mentalidad –precisó el pontífice– trae como consecuencia la profunda insatisfacción producida por «una existencia anestesiada por la diversión que no es descanso, sino alienación y escape de la realidad». Es bien cierto que hoy son innumerables las posibilidades de divertirse, de distraerse, pero generalmente ninguna de ellas nos proporciona la plenitud del corazón ni el verdadero descanso.

Buscando esa plenitud y el auténtico descanso, el papa Francisco nos recuerda, apreciado lector, el pasaje bíblico sobre la creación del mundo y el descanso del séptimo día: «… y el séptimo descansó» (Ex 20,11). Cuando Dios vio que todo estaba bien hecho es cuando empieza el día del descanso, que es el día de la alegría por la obra bien hecha. Es el día de la contemplación, de la alabanza, no el de la evasión. «Es el tiempo –destacó el papa– para mirar la realidad y decir: ¡qué bonita es la vida! Al descanso como fuga de la realidad, el Decálogo opone el descanso como bendición de la realidad».

¡Qué hermosa sería la vida, amigo lector, si recordásemos con frecuencia estas palabras del papa Francisco y las llevásemos a la práctica! No debemos descansar para huir de la realidad, para evadirnos de ella, porque esto no nos hará felices ni nos proporcionará el verdadero descanso. Al contrario, debemos descansar para ir a la realidad, bendecirla y contemplar nuestra obra bien hecha, esa obra que tanto esfuerzo ha representado y que nos produjo cansancio, a veces, agotamiento… Esto sí genera verdadero descanso, un descanso que nos ayudará a ser felices y que nos proporcionará las fuerzas necesarias para acometer nuestra próxima buena obra.

Refiriéndose al domingo, día de descanso por excelencia, dijo el santo padre: «Para nosotros, cristianos, el centro del día del Señor, el domingo, es la Eucaristía, que significa acción de gracias. Y el día para decir a Dios: gracias, Señor, por la vida, por tu misericordia, por todos tus dones. El domingo no es el día para cancelar los otros días, sino para recordarlos, bendecirlos y hacer las paces con la vida».

Celebrar la gratitud
¡Qué gran valor encierran estas palabras, estimado lector! Por un lado, nos recuerdan que el centro del domingo, su parte más importante, es la Eucaristía, es la acción de gracias, lo que significa que un domingo sin Eucaristía representa una falta de agradecimiento a Dios. Por otro lado, estas palabras nos recuerdan que el domingo ha de servir para bendecir los otros días y para hacer las paces con la vida… ¡Hacer las paces con la vida! ¡Qué urgente necesidad! ¡Cuántos hay que se divierten declarando la guerra a su propia vida! ¡Cuántos que, por pura diversión y de forma irresponsable, ponen en peligro su vida y también la vida de los demás!

El papa Francisco vuelve a insistir sobre lo mismo: «El domingo es el día para hacer las paces con la vida, diciendo: la vida es preciosa; no es fácil, a veces, es dolorosa, pero es preciosa… Alejándose de las llagas amargas de su corazón, el hombre necesita hacer las paces con eso de lo que huye». Está claro el camino, amigo lector: hemos de reconciliarnos con nosotros mismos, aceptando nuestra propia realidad, sin evadirnos de ella, sin rehuirla. Y por otra parte, hemos de recordar que el domingo es el día para hacer las paces con la vida, es el día para buscar en la Eucaristía las fuerzas que estamos necesitando. Jesús Eucaristía siempre nos está esperando. Él jamás nos defraudará.

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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