Editorial (noviembre 2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2018.

El infinito valor de lo pequeño

Noviembre de 1932. San Manuel González, por entonces obispo (desterrado) de Málaga coge la pluma y comienza a plasmar en trazos serenos y confiados lo que él denominó «Prehistoria de El Granito»: «¿Qué era El Granito de Arena antes de nacer? 1º. Un deseo sentido por un pobre Cura de predicar de todas las formas y maneras posibles y de hacer caer en la cuenta, hasta a los más distraídos, sobre el inmenso poder de lo chico, cuando confía en el poder de la misericordia del Corazón de Jesús, o en otra forma, los grandes designios del Corazón de Jesús sobre las personas y las cosas chicas que se ponen junto a Él.

Un deseo, repito, de presentar, no teorías, sino ensayos y experimentos que se palparan y se vieran, de unas matemáticas nuevas, a fuerza de ser desconocidas y olvidadas por viejas, con las que se pudiera hacer con toda verdad esta cuenta, por ejemplo: Un escuela cuesta 300.000 pesetas. No cuento con una peseta; solo con buena voluntad de hacer lo que pueda, con necesidad y recto fin de la Escuela y confianza sin vacilaciones en el Corazón de Jesús. Estoy cierto de que se obtienen 300.000 pesetas y hasta un pico para lo que se ocurra.

2º. Una protesta muy viva contra el desaliento de los buenos y el naturalismo o laicismo con que no pocos de ellos proyectaban y hacían sus obras buenas. Una protesta, repito, contra esas dos fórmulas de aquellos dos males: ¿A qué trabajar tanto, si se consigue tan poco? y esta otra: El Evangelio y el Sagrario es una cosa y la acción social es otra; para sacar de ahí que, para hacer obras sociales católicas, había que contar más con el dinero, con la técnica y con las habilidades humanas que con la fuerza, la luz y los ejemplos que de allí venían. ¡Cómo excitaban aquella protesta las voces que se oían frecuentemente en nuestro campo como consignas para ir al pueblo: “menos predicar y más trigo, menos Doctrina y más cosas baratas, menos Iglesia y más círculos, menos caridad y más justicia, menos hablar de Dios y su Iglesia y de sus mandamientos y más hablar del hombre y de sus derechos…” y otras más, formadas, como las anteriores, con retazos de verdades y parches de mentiras o exageraciones.

De ese deseo de sacar al mercado de la acción católica el valor de lo chico y de esa protesta contra el olvido, la postergación, el abandono y la prescindencia del que únicamente puede ser el primer motor de toda acción católica y buena, el Corazón de Jesús, nació en noviembre de 1907 en Huelva El Granito de Arena».

Más de siglo después de aquel nacimiento, El Granito de Arena sigue intentando hacer realidad ese deseo. Y no porque no lo haya conseguido aún sino, sobre todo, porque ha verificado, con creces, que en el cumplimiento del mismo está el sentido de la vida personal, eclesial y social. El ser humano es, simultáneamente, pequeño y valioso a los ojos de Dios. ¡No es necesario realizar proezas ni ser perfectos para ser objeto de predilección divina!

El Granito sigue, tras 111 años, siendo pequeño y, como semilla, sigue sembrando en el corazón de todos los que así lo deseen la certeza del amor de Dios por nosotras, sus pequeñas creaturas. Y, de esta forma, sigue haciendo crecer la paz y el gozo en el corazón de las personas de buena voluntad. San Manuel González lo intuyó sabiamente: estamos llamados a ser un pusillus grex, un pequeño rebaño, que muestre a todos el verdadero rostro de Dios: el que se entrega por cada uno de sus hijos en la Eucaristía. »«

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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