Palabras de santo (octubre 2018). Todos catequistas

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2018.

Activos agentes de evangelización

Todos catequistas es un pequeño folleto escrito por don Manuel y editado en 1933. En sus páginas nos recuerda con sencillez y entusiasmo que la labor evangelizadora es una misión de todos los bautizados y que, específicamente en el ámbito de la catequesis, todos estamos invitados y podemos colaborar de diversas maneras. Ver en Google Books, Todos catequistas (3ª edición, 1938).


Como en otras ocasiones, la aparición del folleto se anuncia en la revista El Granito de Arena: «¡Ya salió! Todos catequistas. Un nuevo folleto, más que interesante, interesantísimo. Lo ponemos a disposición de nuestros lectores. Su título: Todos catequistas. Su precio: 0,10 ptas. Su valor no se puede calcular. Si el valor de los libros fuera proporcionado a su tamaño, el anunciar solo un folleto no despertaría interés, pero muchas veces sucede con ellos lo que con los frascos de esencia, que cuanto más chico más fina y rica es ésta.

Ha salido este folleto de la acreditada pluma de nuestro Sr. Obispo quien saca cuanto escribe del Corazón Eucarístico de Jesús que anhela ser amado y conocido, y del Inmaculado Corazón de María que siente al unísono con el de su Divino Hijo. Precio de un folleto de 31 páginas 0,10 céntimos. Al por mayor, como es a precio de coste… pidan los que quieran, paguen lo que puedan y el Amo suplirá» (El Granito de Arena, 20/5/1933, p. 287).

Un lugar destacado
El pequeño folleto ocupó un lugar especial entre los otros escritos de don Manuel dedicados a la catequesis, ya que abría posibilidades a aquellas personas que no estaban directamente llamadas a este apostolado. Así se pone de manifiesto al realizarse la segunda edición: «A las Marías catequistas. A las Marías que se preparan para la apertura de las catequesis en sus pueblos y parroquias, les recomendamos se hagan del Programa Cíclico de Catecismo como medio eficaz de orientar y ordenar bien su enseñanza. Al mismo tiempo ofrecemos a las que no puedan dedicarse a esa clase de apostolado activo, modos y formas para no dejar de ser catequistas con provecho, en el no menos interesante opúsculo Todos catequistas. Unos y otros pueden adquirirse en nuestra Administración» (El Granito de Arena, 20/8/1935, p. 500).

Numerosas ediciones
El folleto tuvo siete ediciones (1933, 1935, 1938, 1946, 1960, 1991, 2015). También podemos encontrarlo en el tercer tomo de las Obras Completas (nn. 4702-4726). En la última edición (2015) se ha publicado junto con Cartilla del Catequista Cabal (escrito de san Manuel que comentaremos más adelante).

La nota preliminar que lo presenta nos ayuda a ver la fuerza y actualidad de las ideas y propuestas de nuestro santo obispo: «Don Manuel González se entregó de lleno a la actividad catequística, desde sus primeros años de sacerdote hasta los últimos días de su vida episcopal (…) Si bien es cierto que tanto el magisterio eclesial posterior a don Manuel (sobre todo a partir de Catechesi tradendae, de 1979), como la piedad litúrgica posconciliar, han marcado con rasgos nuevos toda acción pastoral dentro de la Iglesia, aun en este nuevo contexto, sus escritos de pedagogía catequística no han perdido fuerza ni actualidad. Hoy como ayer decimos que es necesaria una fe creída, celebrada y vivida, y para ello, todos los bautizados, de una u otra manera, podemos ser catequistas. ¿Cómo, cuándo, dónde? Don Manuel nos ofrece pistas y comparte experiencias que pueden ayudarnos, animarnos y orientarnos en nuestra misión evangelizadora» (p. 9).

¡Nadie queda excluido!
La palabra «todos» y los signos de exclamación que utiliza don Manuel en el título de este folleto son una invitación para que nadie se quede fuera de la vida y misión de la Iglesia. Así, en el anuncio de la tercera edición se resume su contenido con estas palabras: «¡Todos catequistas! Sugestivo folleto de 32 páginas, por el Sr. Obispo de Palencia. Todos podemos ser catequistas por obras, palabras y cooperación» (El Granito de Arena, 5 y 20/3/1938, p. 43). Ciertamente, así lo afirma el Directorio General para la Catequesis (1997): «La catequesis es una responsabilidad de toda la comunidad cristiana. La iniciación cristiana, en efecto, “no deben procurarla solamente los catequistas o los sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles”. La misma educación permanente de la fe es un asunto que atañe a toda la comunidad.

La catequesis es, por tanto, una acción educativa realizada a partir de la responsabilidad peculiar de cada miembro de la comunidad, en un contexto o clima comunitario rico en relaciones, para que los catecúmenos y catequizandos se incorporen activamente a la vida de dicha comunidad» (DGC 220). Esta llamada «para todos» nos la recuerda también el papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate: «Todos estamos llamados a ser testigos, pero existen muchas formas existenciales de testimonio. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo» (GE, 11.14.28).

En pocas palabras, podemos decir que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a sembrar diariamente en nuestros ambientes granitos de fe, esperanza y amor. Es verdad que no todos tenemos la misión de realizar los mismos apostolados. Pero, como nos dice san Manuel, son muchas las posibilidades para hacer el bien y transmitir con obras y palabras la alegría del Evangelio. Y siempre con la serena certeza de que, aunque parezca una siembra estéril, el Señor la bendice y, en su momento, dará sus frutos.

Catequistas en lo cotidiano
Nuestro autor conoce todas las justificaciones que podríamos poner para no comprometernos en el apostolado, y las expresa con mucha gracia: «estoy tan ocupado, sé tan poco catecismo, me doy tan malas trazas para enseñar, tengo tan poca paciencia para los niños, mis achaques, mi cargo, mi…» (OO.CC.III, n. 4703). Al mismo tiempo, comprendiendo que ser catequistas de forma activa no es una llamada y una posibilidad para todas las personas, propone un «catecismo mínimo» que todos, en la vida cotidiana, pueden llegar a realizar. Se trata de modos sencillos, a través de las palabras, las obras y la cooperación. Y propone ejemplos concretos, como vivir las obras de misericordia, saber hablar y saber callar a tiempo, con buena cara, ofrecer algún pequeño sacrificio, difundir buenas lecturas, entre otros… ¿Cuáles podríamos agregar hoy, desde nuestra realidad, a su lista de sugerencias?

En definitiva, don Manuel nos dice que podemos catequizar a los demás siempre que nuestras acciones y nuestras palabras sean coherentes con la fe que profesamos. Además, otro modo es colaborar con la misión evangelizadora de la Iglesia ayudando concretamente, de manera material o espiritual, a los catequistas y maestros.

Una misión urgente
Hoy, como en tiempos de don Manuel, la catequesis sigue siendo una misión urgente y un gran desafío. Él no se detiene en quejas y lamentos, sino que es creativo, se enciende y toma nuevas fuerzas en el encuentro con Jesús, sigue trabajando y no se cruza de brazos ante la tentación del desaliento. Respecto a este tema, en el Congreso internacional que analizó diversas facetas de su vida (Ávila, 2015), don Daniel Padilla nos decía: «con relación a la enseñanza y a la catequesis, D. Manuel nos ofrece un pensamiento muy rico. A través de esos textos se expresa la urgencia por la educación humana y cristiana, especialmente de los niños (…) En su obra Todos catequistas nos da a conocer lo fácil y lo necesario que es para un católico enseñar catecismo. Es lo que llama “catecismo mínimo” porque su programa se reduce a tres cuestiones, a saber: “Un católico enseña catecismo siempre que obra como católico. Un católico enseña catecismo siempre que habla como católico. Un católico enseña catecismo siempre que se interesa por los que se dedican a enseñarlo, ayudándoles con su dinero, poco o mucho, con su trabajo personal perseverante, con sus oraciones y de todos los modos que pueda”. Don Manuel lo escribió como fruto de su vida, de su trabajo y de su labor pastoral. Ve el problema y da soluciones» (Fuego en el corazón del mundo. Libro de Actas del Congreso, pp. 171.173-174).

El ejemplo y las palabras de san Manuel, una vez más, nos animan a redescubrir y dar un nuevo impulso a nuestra llamada a ser discípulos y misioneros, apóstoles a tiempo completo, teniendo en cuenta que las personas que nos rodean y los lugares donde nos movemos esperan que seamos testigos del Señor, diciéndole sí con toda nuestra vida en las pequeñas cosas de cada día. Un sí que ha de ser dicho y hecho con todo el corazón.

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.

Un catecismo mínimo
«En resumen: obrar a lo católico, hablar a lo católico y cooperar con los maestros y catequistas católicos, es un catecismo mínimo del que podemos ser: ¡todos catequistas! En el santo Evangelio según san Mateo, se leen estas palabras del Maestro divino: «El que dejare de cumplir uno de los preceptos más pequeños será mínimo en el reino de los cielos; mas el que los practicare y enseñare, este será grande en el reino de los cielos» (Mt 5,19). Grandes son, en verdad, no solo en el cielo, sino en la tierra, los que, sin alardes presuntuosos ni respetos humanos, en todo y siempre enseñan la verdad y la hermosura de la doctrina cristiana obrando, hablando y cooperando como católicos. Estos son los grandes».

San Manuel González, conclusión de Todos catequistas, en OO.CC. III, n. 4726
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

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